Capítulo 20

1256 Words
Deja de tener miedo a lo que puede salir mal, y emociónate por lo que puede salir bien. Tony Robbins Han pasado dos semanas desde que ella se metió en nuestras vidas y esta semana, que está por terminar, me ha mostrado todos y cda uno de los avances en mi hija y son increíblemente notables. Cada día se supera más a sí misma y le da aliento a Clara para cumplir su promesa. Y sí, las he dejado ser, se los prometí y aunque no me gustara que ella estuviera cerca de mis hijos, algo me impulsaba a hacerlo y cumplir a cabalidad que Clara Santillán se metiera en nuestra vida, a tal punto que mi idea de irme de la casa de mis jefes se pospuso hasta nuevo aviso. —¿Será culpa del beso? Es que soy un verdadero idiota. No ha pasado ni medio año de la partida de mi Bri y yo caigo ante esos ojos amielados que ahora se cuelan en mis sueños como si fueran su nueva dueña. Y, aunque ya no había tenido pesadillas desde aquel día, las cosas se pusieron peor. La soñaba entre mis brazos, en mi cama, de todas las formas posibles y despertaba como un puberto con la cama húmeda por mis propios fluidos. —Eme con A. Ma… Le decía a Javi, mientras Bri hacía sus ejercicios de estiramiento y Marcos leía un libro. Si, mi hijo estaba leyendo un libro y todo gracias a ella. Los tres en perfecta sincronía trabajaban junto a ella, que los supervisaba en la sala de música de la casa de mis jefes. Todavía recuerdo cuando mi Bri la conoció. Estábamos recién casados y ella llevaba en su vientre a nuestra pequeña. Ese fin de semana la jefa había invitado a todos a la barbacoa familiar. Ese día conocí a su hijo Thomas que por fin salía de su encierro y la señora Alma volvía a Nueva York. Sus ojos estaban más abiertos que nunca emocionada al ver a una de sus estrellas favoritas y más cuando la señora Alma le firmó su camiseta. Era una Fangirl de primera y la amaba, la amé desde la primera vez que la vi y no creo que pueda amar a nadie más que ella. “Date la oportunidad, no seas bruto y escúchame… Nunca me escuchaste, Rubén…” Despierto sobresaltado, otra vez me había quedado dormido escuchando a mis hijos y a la señorita Santillán. Puede que no tuviera pesadillas, pero cada noche mis sueños con ella eran más y más reales, por lo que me obligaba a no dormir para no soñarla. Pero cada vez era más difícil y vergonzoso. —Papi ¿te duele algo? —No, mi pequeño diablillo, es solo que dormí mal anoche y hoy empiezo una vigilancia especial para los jefes. —Entonces, ve a descansar. Yo me ocupo de los niños. Dice ella, sin mirarme a la cara, pues está demasiado concentrada en los primeros acordes que da mi hija en el violín. —No creo que… —Vete, Rubén, no lo diré dos veces. Además, interrumpes con tus ronquidos. Mis hijos se ríen de lo que acaba de decir y yo siento que mis mejillas arden. —Yo no ronco. —¡Si lo haces! Me dicen los tres, riéndose a carcajadas de mi y quiero reprenderlos, pero esos ojos que no me habían visto en toda la mañana me fulminan, lo peor es que sin decir palabras sus labios se mueven y me ordenan salir de ahí y me voy refunfuñando de la sala de música. —Yo no ronco. —Claro que si roncas, Rubén. Te he escuchado las veces que te has quedado conmigo de guardia. —¿Y tú qué haces aquí? —Vengo a ver a la jefa, dijo que tenía algo importante que decirme. —Debe ser por… —¿Qué cosa? —Nada, solo me acordé de que también quería hablar conmigo. Casi la cago, en secreto he estado cuidando a este pendejo a nombre de su abuelo y aunque no me gusta mentirle, pero creo que el sólo se dio cuenta que su abuelo es una buena persona y que hizo más que esos dos desgraciados que tenía por padres. Su madre había muerto para año nuevo en un acto de locura en donde mató a la madre de Lucienne, su hermana no hermana y desde ahí mi amigo se había acercado más al señor Smith y también a su verdadero padre que, por casualidad tenía el mismo apellido que yo. Pero lo que no sabía mi amigo es que su padre y el de que se suponía era el padre de Lucienne están desaparecidos o más bien prófugos, por lo que su abuelo volvió a pedir que lo protegiera, sobre todo porque Daria espera a su primer bisnieto. Ambos caminamos hasta el despacho que tiene los jefes en la casa y Agus golpeó la puerta. El adelante de la jefa nos cuadra a los dos, como cuando éramos unos pendejos que a penas y nos quedaba la ropa de guardaespaldas de lo flacucho que estábamos. Entramos y ella nos hace pasar para que nos sentemos frente a ella. —Los veo cansados, muchachos ¿qué no los deja dormir? —En mi caso es Daria que ha estado con malestares por el embarazo, pero sabemos que eso pasará una vez que termine el tercer trimestre. —¿Y tú, Rubén? —La verdad no mucho, jefa. Solo que estoy volviendo a hacer las rondas que usted me pidió para reincorporarme por completo al equipo. —¿Estás seguro? ¿No crees que es muy pronto? —No, jefa. Creo que es momento, no puedo estar metido todo el día ahogándome en mis penas y viviendo de su buena voluntad. —Creo que ninguno ha hecho contigo, Rubén. —Pero yo no me siento cómodo y espero que me entienda, jefa. —Creo que Rubén tiene un punto, Cielo— dice el jefe, entrando en la habitación y sentándose en el apoyabrazos del sillón donde está la jefa—. A veces es bueno despejar la mente con trabajo y por los niños no debes preocuparte, están bien cuidados por todos, en especial por Clarita. Hago una mueca de desagrado, pero me muerdo la lengua, porque mi jefa me mira de la misma forma que lo hizo la señorita Santillán antes de que saliera de la sala de música y vuelve a hablar. —Está bien, pero te recuerdo que debes también preocuparte de las terapias de Clara, el doctor Shaw me envió todo el itinerario y los horarios para que puedas coordinarlo con tus otras obligaciones y te recuerdo que no te lo estoy ordenando, tú mismo te comprometiste. —Lo sé y lo entiendo. Recibo los documentos que me entrega mi jefa y como ya hemos terminado, nos levantamos y despedimos con Agustín. —Clara es una verdadera guerrera, espero y algún día pueda volver a tocar. —Claro, hermano. Eso sería bueno. Respondo entre dientes porque no sabía si me molestaba el hecho de que se recuperara o algo más. A veces ni yo mismo me entiendo cuando estoy cerca de ella, es como si un imán me atrajera a algo que no quiero, pero tampoco me atrevo a alejar. "Eso se llama miedo a sentir, Rubén y lo sabes. Siempre tuviste miedo a expresar tus sentimientos, pero aún es tiempo de que lo puedas hacer, ella te sabrá escuchar..."
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD