Los sueños se realizan cuando mantenemos el compromiso con ellos.
John C. Maxwell.
Había logrado mi primer cometido y aunque aún rondaba en mi cabeza aquél beso, lo que más me importaba era mi promesa con Brianna.
En el desayuno, les expliqué a padre e hija lo que haríamos. Había escrito un plan de trabajo en mi computadora, después de que Brianna se durmió, pero que no pude mostrarle a Rubén porque me agarró desprevenida.
Basta de armarte películas en tu cabecita, Clarita. Él no te mira con esos ojos y menos ahora que recién se quedó viudo. Me recrimina mi conciencia, aunque también es media malvada conmigo porque me dice que le hable a cada rato por lo que sea.
—El plan, como ven, es simple. Mientras Brianna mantenga sus notas yo cumplo con todas las sesiones en el kinesiólogo y con el doctor Shaw y ambas logramos nuestro cometido.
—Pero esto es mucho, Clarita, ¡me voy a volver loca!
—Pero si ya lo estás, Bri— le dice su hermano y todos los presentes en la mesa se ríen poniendo colorada a la pobre pequeña.
—No seas así con tu hermana, tesoro, a veces lograr un sueño no es solo porque uno quiera, los sueños se realizan cuando mantenemos el compromiso con ellos.
—Sabias palabras, querida— me dice el bisabuelo de los pequeños Scott y me muestra sus pulgares en son de aprobación.
—Yo también te voy a ayudar, mi vida— le dice Rubén a Bri, meciendo sus cabellos—. A ambas, estaré en todo el proceso para apoyarlas.
—Pero…
Niega cuando estoy por refutarlo y sus ojos color chocolate me miran con intensidad.
—Nada de peros, es lo menos que puedo hacer por usted, señorita Santillán, ahora que será la mentora de mi princesa.
Y volvía a tratarme de usted, después de besarme hace menos de una hora. ¡Basta, Clara!
Hoy, me quedaría en casa, por suerte mis idas al kinesiólogo y el doctor eran dos veces por semana, pero recién me tocaba la primera sesión real el viernes, así que podía seguir investigando las materias que estudia Bri para ayudarla.
Los niños se levantan de la mesa y van a cepillar sus dientes antes de salir, pero el pequeño diablillo de Julián se me acerca y me abraza.
—Espero que no solo quieras estar con Bri, porque yo si quiero que me leas cuentos y me puedas ayudar a juntar las letras.
El aww de la señora Blue y de Alma que están junto a mí se intensifica, cuando veo a la señora Glorita limpiarse una lágrima y tomar la mano de su esposo.
—Mi tesoro, siempre tendré tiempo para ti y para tus hermanos, ¿Quién quita y también te gusta algún instrumento?
Sus ojitos resplandecen y me da un sonoro beso en la frente. No como el que me dio su padre, pero igual hace que mi corazón lata a mil por hora y sienta ganas de llorar.
—Vamos Juli, tú también debes asearte y lavarte los dientes para ir al colegio.
—Papi, me quitas el minuto feliz junto a Clarita ¡No es justo!
—Ve, tesoro. Prometo que en la tarde veremos tus tareas y leeremos un buen libro antes de dormir.
—¿Por el meñique? — me estira su manito y toma la mía, que no está con cabestrillo y une nuestros meñiques y hace como los coreanos para que prometa con él, lo que me saca una risita.
—Por el meñique, es una promesa.
Veo como ambos salen del comedor y suspiro, no sé ni por qué lo hago, porque no es de alivio, más bien de ternura.
—Esos niños te robaron el corazón ¿no? — me dice la señora Blue y yo asiento.
—Y creo que el padre también.
—¡Alma!
—Hija, no te metas. Todos sabemos lo intensa que te pones cuando te crees cupido.
—Ay, papá. Si no fuera por eso y por la intervención del baboso, ustedes no serían lo que son hoy. Además, tengo experiencia.
—Mi fatina, hazle caso a tu padre, no ves que incomodas a Clara.
—¿Y tú no tienes que ir al museo porque hoy llegan los Rembrandt?
—Merda…
—Si, mí cielito, mierda. Así que mueve ese culo respingón que tanto me gusta acariciar y vuela al trabajo. Yo iré con Rubén a dejar a los pequeños. ¿Nos quieres acompañar, Clarita?
—Bueno…
—Te hará bien, querida, así aprovechas de conocer el colegio y te interiorizas de todo lo que estudian nuestros niños ahí.
—Tienes razón, Blue. No lo había pensado. Iré a cepillar mis dientes y bajo.
—¿Necesitas ayuda, querida? Estoy segura de que hay un guardaespaldas por ahí que estaría de lo más contento por ayudarte.
La miro y sé que estoy roja como un tomate maduro ¿habrá escuchado algo? ¿me habrá visto salir de su habitación? ¡Dios, qué vergüenza!
—Ya deja de molestar a Clarita, Alma.
—Abuelito.
Nuevas risas y yo colorada salgo rauda a mi habitación, no quiero que me molesten y creo que deberé hablar con Alma para que no se haga ideas infundadas ¿o realmente me gusta Rubén?
Termino de arreglarme, como puedo, porque no le hice caso a Alma y me costó un mundo hacerlo todo, sobre todo peinarme, cuestión que ahora era más difícil porque ya no tenía mi pelo corto como me gustaba, mi cabello rubio casi blanco ahora me llegaba más debajo de los hombros y requería de un corte, como me gusta al estilo Bob, así que también eso le preguntaría a Alma a ver si ella me puede recomendar un buen peluquero.
Una vez lista y decente, dentro de lo que se podía, salí de mi habitación y me encontré con Bri, Javi y Marcos los tres de la mano y tras ellos su padre. Ahora enfundado en su traje n***o y su camisa blanca que lo hace ver hermoso.
—¡Mierda! — me muerdo la lengua por mis pensamientos y me enfoco en los niños— ¿Saben algo? Los voy a acompañar.
—¿En serio, Clarita? — me pregunta Brianna y yo asiento. Los tres corrieron hacia mí y me abrazaron contentos, mientras las gemelas ya vienen discutiendo, el amoroso de Elliot pegado a su tableta y Mateo que les sigue la corriente a los tres peques y también me abraza.
—No sé por qué el abrazo, pero me encanta ¡Abrazo grupal!
De reojo, veo como Alma le da un codazo a Rubén y él se mueve en nuestra dirección. Juro que siento que me va a abrazar y me tiembla hasta la conciencia, pero no lo hace.
—Vamos diablillos o llegaremos tarde.
—Realmente eres cruel, papi, me has quitado dos maravillosos momentos con Clarita.
Es el reclamo de Javier y yo sonrío como boba, ¿Será que realmente me gusta Rubén?