Capítulo 16

1117 Words
“Un poquito de azúcar toda purga endulzará, lo amargo quitará, muy rica les sabrá” Mary Poppins  La pequeña que estaba frente a mí, con los ojitos llorosos y tratando de evitar mi mirada no era la niña que vi el día de hoy, esa que tocó el violín con dulzura y se enfrentó a su papá con fortaleza. Ahora, veía a una pequeña rota, con más dolor del que un niño debe soporta en la vida y que sus hombros estaban aguantando lo mejor que podía. —Puedes pasar. Dije apenas en un susurro, era lógico que necesitaba que alguien la escuchara y golpear mi puerta era la forma en que buscaba que esa persona fuera yo. —Yo… este… lo siento… Creo que me equivoqué. —No muerdo, Brianna. De verdad, solo tengo la cara de amargada. —Tú no eres amargada, eres muy bonita, solo que tu rostro siempre está triste, eso decía mi mamá— dice y se cubre la boca, pero me saca una sonrisa con su carita de sorpresa por lo que ha dicho—. Perdón, perdón, perdón. No quise ser tan gráfica. —Tranquila, mejor será que entres, no nos vaya a ver el cascarrabias de tu papá en medio del pasillo y se ponga a gritar como energúmeno. Ella me sonríe como si tuviera razón con lo que le acabo de decir y por fin se atreve a entrar. Se mueve dentro de la habitación y mira hacia todos lados, hasta que sus ojitos se pagan en mi bebé. Mi hermoso Stradivarius. Se acerca a él casi con devoción, sus manitos intentan tocarlo, pero se detiene y me mira con ojos soñadores. —E… ¿Es de verdad? ¿Con el que tocaste junto a Sia? —Claro, ¿te gustaría tocarlo? —Yo... no creo, es demasiado valioso y lo puedo desafinar. Su carita vuelve a bajar con notoria vergüenza y une sus manitos como si con eso pudiera esconder sus sentimientos. —Nunca temas tocar un instrumento, mi niña hermosa. Nadie nace sabiendo hacerlo. Piénsalo así, es como caminar, aunque lo que desafina es nuestro propio cuerpo al no saber cómo moverse con destreza, pero la práctica hace que luego de un tiempo puedas dominar más y más hasta lograr que tu cuerpo se mueva en armonía con lo que quiere tu mente. ¿Qué había dicho? Es como si otra Clara estuviese hablando, no me reconocía. Sé que soy un tanto retraída y por eso creo que me siento identificada con ella y sus hermanos, pero en otro momento no habría dejado a Brianna tomar mi violín, ni a Ro se lo permití cuando éramos niñas, pero por qué con ella quería hacerlo. Sonreí como boba al ver los ojos de la niña que está frente a mí, ya no había pena, más bien creo haber visto anhelo, me acerqué a mi bebé y lo saqué de su pedestal, tomé el arco y se los entregué. —Wow, es realmente hermoso, jamás de los jamás es pensé que tendría en mis manos un verdadero Stradivarius. —Lo tengo más o menos desde que tenía tu edad, fue mi mejor regalo de toda la vida. Sabía que lo compró mi padre, pero quién realmente hizo la búsqueda y lo consiguió casi rogándole a su anterior dueño fue mi mamá. Ella era la que me instaba a seguir y me soportaba, junto a Ro, cada minuto que pasaba tocando para ser la mejor y lograr mis sueños. “No aporrees a ese pobre violín, no tiene la culpa de nada…” Me decía mientras Ro se taponeaba los oídos con algodón de forma discreta para que yo no lo notara. —¿En serio hacía eso? —Claro—respondo soltando una risita queda—, Ro fue mi primera fan, aunque creo que jamás me escuchó o bueno sí, pero con mucho algodón en los oídos. Ahora es ella la que ríe y luego suspira como si también se acordara de algo hermoso. —A mi mamá le encantaba escucharte, decía que le traías paz a un mundo caótico. Medita, mientras acaricia las cuerdas, sus pequeñas manos se deslizan por el puente hasta llegar al cuerpo y siento como si esa pequeña su hubiera fusionado con el violín, incluso más de lo que había sido él para mí. —Te lo regalo. Eso si lo dije de corazón, sus ojos se iluminaron, pero negó y lo dejó en el pedestal con la misma devoción con que yo lo había tomado. —Mi papá no va a querer que lo tenga cerca. Es demasiado para mí y estará en su pedestal igual que ahora porque no puedo dejar de estudiar y tu tampoco de recuperarte. Algún día espero verte tocar en vivo, porque no pudimos ir al concierto de navidad en el orfanato. Ese día, mi hermanito amaneció con fiebre y vómitos, al final le pasó por cerdito porque se había comido todos los malvaviscos que mamá escondía para nuestro chocolate caliente. Fue tan injusto. En fin, te agradezco el solo hecho de poder tenerlo entre mis manos, ahora puedo morir tranquila. Señala con falso dramatismo que me hace reír nuevamente. La invito a sentarse conmigo en mi cama y a que me cuente cuáles son sus materias más difíciles. Me sorprende que intente ser tan madura, aunque aún es una niña pequeña que debería preocuparse de jugar con sus amiguitas o simplemente disfrutar de no hacer nada, pero por lo que veía en esa escuela donde van todos los niños de esta familia y de los más allegados, el nivel es alto y ella no se queja, más bien le duele que solo tenga que estudiar y no poder darle tiempo a sus gustos. —Pero pronto lo podré hacer—Dice con firmeza y yo le vuelvo a sonreír— ¿Sabe que? le prometo algo siempre y cuando usted me prometa algo a mí. —A ver, dímelo. Tengo que sopesar si me conviene. —Le prometo que cuando terminen los exámenes volveré para tocarlo, pero usted me promete que se ejercitará para volver a ser la mejor violinista del mundo, ¿trato? Estira su mano en señal que la tome y aunque lo dude solo por un momento, lo hago y tomo su mano. —Trato. Después de mucho pensarlo ya sabia por qué sobreviví, puede que no fuera para volver a tocar y eso me duele admitirlo, pero si con un poquito de cariño y comprensión puedo apoyar a Brianna en su camino a ser una de las mejores lo iba a hacer. Gústele o no al cascarrabias de su padre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD