Capítulo 1

1453 Words
El amor de mi vida. La vida es un regalo y nos ofrece el privilegio, la oportunidad y la responsabilidad de devolver algo convirtiéndonos en más. Tony Robbins Rubén Matthews. —¿Qué fue lo que hiciste ahora para venir así todo magullado, Rubén? Esa era mi Bri, que me estaba regañando desde la cocina y ni siquiera me había visto, pero me imagino que alguno de esos mequetrefes que tengo por mejores amigos ya le fue con el chisme. Yo sonrío como bobo y veo la hermosa pintura que nos hizo Cameron para el día de nuestra boda. Era la misma que tenía de fondo de pantalla en mi celular y la que mostraba a la hermosa familia que teníamos junto a mi amada esposa. —¿Quién fue? —digo entrando a la cocina y atacándola por la espalda, acariciando ese hermoso cuerpo que cada noche me volvía loco y me daba calorcito como un pequeño guatero— ¡Dime mujer! Sino te como aquí mismo—pronuncio con propiedad y haciendo que su pequeño cuerpo se estremzca con esas palabras. —Suéltame, loco. No ves que pueden entrar los niños. —Mmm—me deleité con su aroma a gardenia y galletitas de chocolate y le mordí el cuello—déjame disfrutarte mujer, mira que con esos tres es difícil lograr algo en mis días libres. —¿Encontraron a la chica? —me preguntó preocupada y yo rodé mis ojos. —Y aquí vamos otra vez, amor… —Rubén, no seas así—me regaña molesta, pero luego vuelve a mirarme con preocupación, una que en verdad yo no tenía. había hecho lo que se me encargó y listo, pero así era mi esposa. Cada vez que salía en una misión, mi adorada Brianna se preocupaba más por mi protegido o protegida. Algo normal en las esposas de personas que, como yo, trabajan frente al peligro, pero desde que empecé a trabajar cuidando a la señorita “violinista” amiga de Rocío, la cosa cambió en ciento ochenta grados, se puso más aprehensiva y cada vez que puede y sabe que estaré con ella me pregunta que cómo es, si es bonita, si es amable o cuanta cosa se le pueda ocurrir. Si hasta pensé que le gustaba y me sentí celoso, bueno y no era para menos. La señorita Santillán, a pesar de lo que yo pensara de ella, era una mujer hermosa e inteligente, aunque pendeja. —Pues, como me pasé toda la tarde en la delegación de policía no tengo idea, Cariño. Así que ven a mí—intenté volver a besarla, pero ella sigue molesta con la situación. —Simplemente no puedo creer que la dejes sola a su suerte. — Amor, ya te lo dije,pero ya deja de preocuparte por ella, lo más probable es que esté con Rocío arreglando sus problemas. No entiendo como esa señorita fue tan tonta de dejarse manipular por sus padres y por ese imbécil de su manager. —Pobrecita. Es que se nota a leguas que su alma es buena, cuando la escuché la primera vez en la radio, sentí que un coro de ángeles me cantaba al oído. Por eso no debiste dejarla sola Rubé—golpea mi hombro y luego me hace un puchero ¿cómo no amarla?, ¿y si le ha pasado algo en la camioneta? Mira que ella no conoce la ciudad y hay tanto maleante... —Ya, para Bri. Ahora es otro el que se está encargando de buscarla. —Yo no sé, pero siento que algo le puede haber pasado, me lo dice mi corazón. No… Ahora vienen sus pálpitos… —Amor, por una vez en este hermoso día y sin pensar en regañarme ¿me puedes dar tu amor y pensar solo en mí? —Pues lo haré—éjale… tendría me dosis de…—, pero primero deja que limpie esas heridas, me imagino que mañana deberás estar temprano en el trabajo. Y ahí íbamos de nuevo, ¿Quién pensaría que mi esposa, mi Brianna le importara más mi trabajo que hacer el amor conmigo? Pues de un tiempo a esta parte, con lo exigentes que son nuestros niños, las constantes misiones y lo cansado que estamos al terminar la jornada es poco lo que podemos hacer, pero ella siempre firme al frente de este hogar y la familia hacía de todo para mantenerme feliz, salvo eso. Y no es que me esté quejando, es solo que a veces echo de menos nuestra intimidad, pero el tema de mi trabajo y que ella se preocupe de tres niños de distinta edad hace que las veces que estemos juntos sea casi al dormir. La miro embobado, como aplica el alcohol en mis nudillos y aunque me arde, me muerdo la lengua, ella lo intenta hacer con el mayor cuidado posible y sopla de a poquito para que no arda tanto. —Mí mujer es la mejor— le digo, cuando termina y la abrazo por su cintura, mientras ella suelta una pequeña risita. Hicimos el amor antes de que ella fuera a buscar a los más pequeños al jardín de niños y me dejó durmiendo como bebé. Ni siquiera la sentí cuando salió. Mientras soñaba con mi familia en un parque de diversiones, escucho como ella me llama desde el carrusel y luego una nube oscura, lluvia y desconcierto... Intento acercarme a ella, pero cada vez está más lejos, su voz ya casi no la escucho y la oscuridad se cierne sobre mí. —¡Brianna! Me despierto todo sudoroso y con los ojos inyectados, lágrimas escurren por mis mejillas y mi corazón no para de latir acelerado. Mi teléfono suena y me saca de este momento, pero lo que escucho al otro lado de la linea me preocupa aún más. —¿Señor Matthews? —¿Maestra, Poly? —Señor Matthews, disculpe que lo llame, puede que esté ocupado, pero ya llevamos media hora esperando a su esposa y no contesta el teléfono. La maestra Luz está ahora con los niños para no preocuparlos, pero necesitamos saber quién viene a retirarlos. —¿Qué mi esposa qué? No estoy entendiendo nada, maestra. —Que su esposa no ha llegado y tampoco contesta las llamadas, pero lo que necesito saber es ¿quién vendrá por sus hijos?—me responde la mujer, como si la hubiese sacado de las casillas y ahora el molesto era yo. —Voy para allá, de inmediato. No espero a que me conteste, solo le cuelgo y me coloco un pantalón, la camiseta y mis zapatillas. Tomo la chaqueta y mis llaves, mientras sigo marcando el teléfono de Brianna. Cuando estoy entrando en la camioneta, recibo una llamada del doctor Scott y la contesto con el manos libres, debe ser algo de la señorita Santillán. —Doctor S. —Ven de inmediato al hospital. —Doctor, necesito ir a buscar a mis hijos, Brianna se ha demorado y ellos me están esperando. —Rubén, deten tu marcha y estacionate. —¡¿Está loco?! Jefe, perdone, pero iré a buscar a los niños y vuelo al hospital. —¡No me cortes, Rubén! Puede que reciba una reprimenda del doctor S. pero sé que entenderá, vuelvo a marcar el número de Brianna y nada. En menos de cinco minutos, estoy en el jardín de niños y la maestra con cara de pocos amigos me entrega a mis hijos. Tenía ganas de decirle unas cuantas verdades, pero debía volar al hospital y llevar a los niños conmigo. Me estacioné en menos de quince minutos y bajé a mis terremotos del auto. Julián es el más pequeño y el más diablillo de los tres y Marcos el del medio, un ángel en toda extensión de la palabra. Mi princesa Bri, es la mayor de los tres, pero ya está en la escuela y gracias a que los jefes no hacen distinción entre los empleados y su familia, estudia con los nietos mayores de los señores Scott. Una suerte, porque ya me estaría recriminando por estar aquí en el hospital. Entré como siempre lo hacía, saludando a la mayoría de los doctores y enfermeras, pero esta vez, varios me miraban extraño. Hasta que escuché la voz de la doctora Scott. —¡Rubén! ¿Dónde te metiste? Ethan me avisó que le colgaste el teléfono, así que decidió por tí. —¿De qué estás hablando, doctora S.? La doctora Scott me miró preocupada y no sé de donde salió la doctora Natasha y alguien más que tomó a mis niños, porque lo que estaba escuchando era como un zumbido... —Rubén... ¡Rubén! Vamos, Rubén, despierta... —
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