Capítulo 2

1923 Words
Todo lo que perdì. "La vida es demasiado corta para despertarse con remordimientos. Así que ama a la gente que te trata bien. Olvídate de los que no lo hacen. Cree que todo sucede por una razón. Si tienes una oportunidad, aprovéchala. Si te cambia la vida, déjalo. Nadie dijo que la vida fuera a ser fácil, sólo prometió que muy probablemente valdría la pena." Harvey Mackay El día pintaba bien, había nevado y Clara había decidido tomar las riendas de su vida. Lo primero que había decidido era que debía reunirse con su manager, necesitaba contarle que deberían aplazar su gira mundial pues quería viajar junto a su amiga a España, sabía lo que se venía y, de cierta forma, necesitaba protegerla a ella y a sus sobrinos. Le había comentado a Ro que estaría en el restaurante de la amiga de los Scott, prefería un lugar tranquilo y donde hubiera gente que la conociera y debía decir que Gio le había caído muy bien cuando la conoció el día del concierto de Navidad. Se vistió con un hermoso traje de tres piezas, un tanto masculino, pero que a ella le quedaba precioso. Su maquillaje era sutil, pero profesional y su melena corta la hacía ver fresca y juvenil. Se colocó sus tacos Louboutin tomó su cartera y sus llaves y esperó a su chófer y guardaespaldas. Ese día, Rubén fue asignado para esa misión, algo que seguramente le fastidiaba, de verdad que no sabía qué le pasaba con esa bella mujer, pero estar cerca de ella era molesto. Él no era de pensar mal en las personas, pero había algo en ella que le molestaba de esa señorita. Estacionó frente al edificio de Rocío y esperó de pie apoyado en el capó del auto, mientras fumaba un cigarrillo y enviaba un mensaje. “Ya estoy frente a su edificio” Ella se sorprendió de que fuera él quién la llevaría, desde ese día trató de dejar de pensar en él, pero el maldito destino se lo colocaba de frente. Al salir del edificio lo vio y su corazón volvió a latir acelerado. «Pero ¿qué te pasa Clarita? Ese hombre jamás se fijará en tí» Se obligó a respirar pausadamente, dándose unos golpecitos en el pecho y caminó con paso firme. —Buen día, Rubén. —Señorita. Rubén apagó el cigarrillo y le abrió la puerta trasera, su aroma tabaco y pino inundó las fosas nasales de la chica y ella suspiró cansada. Ninguno de los dos dijo nada en el camino. Cuando llegaron al restaurante, él le abrió la puerta y extendió su mano la que ella tomó y volvió a sentir ese cosquilleo en su estómago, pero la soltó solo cuando se sintió capaz de no flaquear. —No es necesario que me esperes, esto puede durar unas cuantas horas. —No se preocupe, es mi trabajo — le dijo en tono seco y se dio la media vuelta dejándola con la palabra en la boca. Ella caminó y se adentró en el lugar, Gio le había reservado la mejor mesa del lugar y le ofrecieron unos pasa bocas mientras esperaba, junto a la tradicional limonada de fresa. Unos minutos después, Dorian, su manager entraba en el lugar. Estaba molesto y buscaría cualquier forma de que ella cumpliera. Clara era su super estrella y no podía perder lo que había logrado, ella era su pequeña “mina de oro”. —Dorian—dijo ella, levantándose para saludar con su mejor cara. —Nada de Dorian, estoy demasiado molesto contigo, Clara ¿Cómo puedes dejar la gira por algo que ni siquiera te incumbe? —Ella me necesita y no voy a dejarla sola—respondió, agachando la cara y bebiendo de su limonada. —¡Esto es el colmo!— comenzó él con su diatriba, pero el mesero los interrumpió. —Señor, bienvenido a Enrico’s ¿Qué le puedo ofrecer? —Lo mismo que ella ha pedido y retírate —contestó molesto y el mesero hizo un asentimiento y se retiró. “Esto será más difícil de lo que imaginé” Pensó Clara, así que se decidió a hablar. —Lo siento, Dorian, pero ya tomé la decisión. Necesito saber de las penalidades y todo lo que debo hacer, pero esta gira no comenzará y es mi última palabra —intentó ser dura, no podía claudicar. —Eres tsn estúpida, Clara. Estás hipotecando tu futuro, piénsalo bien, las consecuencias van más allá del dinero que deberemos desembolsar. —Lo tengo claro, pero no me importa. Nunca busqué ser así de famosa, amo mi música, pero más amo a mi amiga. —¿Y qué vas a hacer cuando ella se entere de que lo sabes todo? ¿No crees que te va a odiar porque le mentiste en su propia cara? —Es un riesgo que estoy dispuesta a tomar. —¿A qué riesgo te estás refiriendo mi colibrí? Y ahí estaba la jugada de ese hombre, había llamado a Rocío y le pidió reunirse con él. Sabía que si Rocío aparecía podría convencer a Clara, pero jamás pensó que sería en ese momento. —Ro… Yo… —Clara, estoy esperando una respuesta. —Ella te ha mentido todo este tiempo, Rocío. Tu hermana siempre tuvo contacto con ella—Aunque era una mentira, al ver la expresión de Rocío y el silencio de Clara el hombre se sintió victorioso, pero no esperaba que Clara hablara. —Eso no es cierto, Ro. Te lo juro, yo lo supe en nochebuena, como te lo dije—miró a Dorian con rabia y dolor. —Clara, por favor no me mientas, ¡Me lo prometiste! El hombre se regocijó al ver la discusión, así que se recostó en su asiento a escuchar como su mina de oro volvía a su control. Clara intentaba explicarle a su amiga que lo que decía Dorian no era cierto, pero Rocío la miraba recelosa, quería una explicación, ya no le importaba si lo sabía de antes o cuando fuera, lo que quería era la verdad, o más bien la verdad de Clara, pero ella se mantenía firma en su versión hasta que no soportó más. —Ella estuvo en coma, sufrió un accidente al salir del aeropuerto el día que los dejó y gracias a Ossiel, su marido y médico, pudo sobrevivir, pues no solo el accidente la tenía en esa condición, ella tenía cáncer y, al parecer, no quería ser tratada, pero ese hombre hizo todo para salvarla. —¿Y quieres que yo te crea que tus padres nos ocultaron eso por nuestro bien?—la miró furiosa—Podría haber estado con ella, la podría haber acompañado. —Ellos pensaron que era lo mejor, Ro. —No me jodas, Clara. Todos estos años perdidos y solo por culpa de lo que ellos pensaban que era lo mejor me privaron estar con ella—afirmó con dolor, miraba a su mejor amiga, su hermana y no podía creerlo, soltó una risa desganada y concluyó—. Ustedes como yo son tan culpables de lo que le hice a Christian y maldigo el momento en que acepté su oferta. Clara sabía que esto era su final. Su amiga era demasiado terca y no perdonaba, porque sabía las consecuencias de hacerlo y allí estaban esas tres personas, uno jurando que tenia de vuelta su trofeo, otra con el corazón destrozado por la omisión y la tercera sin palabras por haber perdido a su amiga. —Ro… —No te preocupes, no te voy a echar, aunque eso daría lo mismo, el dinero te sobra, pero no te quiero volver a ver. Me voy a España mañana y espero que no te aparezcas por ahí hasta que solucione todo con esa familia, tú familia. Rocío tomó su bolso y salió del restaurante, Rubén se acercó a ella y le ofreció llevarla, pero ella se negó. Necesitaba respirar y estar sola. Le prometió que se cuidaría y que cuando llegara a casa le enviaría un mensaje y se fue. Dentro del restaurante, Dorian estaba más que feliz por lo que había conseguido y pidió una botella de champagne para celebrar, Clara, se levantó furiosa y le lanzó la limonada sobre su cabeza y su maravilloso traje color caramelo. —¡Estás despedido! —¡¿QUÉ?! — el hombre quería tomarla por el cuello y matarla, pero no podía, necesitaba los contratos y todo el dinero que había invertido, respiró hondo y comenzó a limpiarse con la servilleta, mientras los comensales y empleados del restaurante, con tal revuelo que uno de los meseros había llamado a Gia. —Lo que dije, estas D E S P E D I D O, hijo de puta. A ver qué haces ahora, sólo te pedí un poco de tiempo, pero no fuiste capaz de aceptarlo y me orillaste a decirle algo que solo a Macarena le correspondía. Pues bien, felicidades. Clara tomó su bolso y sacó un fajo de billetes para pagar lo que había consumido, como la dama que era y comenzó a moverse con prestancia, pero Dorian no era de aquellos que lo dejaban con la palabra en la boca, por lo que se levantó y la tomó del brazo con fuerza. —Tú no me puedes despedir, maldita pendeja clasista. Esa mujer era la caridad de tu familia, nunca entendí por qué tu padre las protegía tanto hasta que me encontré con ese doctorcito, quien iba a pensar que Adolfo Santillán tuvo dos bastardas y que ninguna de sus mujeres lo supiera. —Suéltame, idiota. Lo que dices es mentira. Gio se acercó a la pareja e iba a intervenir, cuando la mano de Rubén se posó en el agarre de Dorian. —O la sueltas o te la quiebro, decide imbécil— Dorian, soltó de su agarre a Clara y alzó sus manos en son de rendición. —Y así querías protegerla de la estúpida de Macarena. Imagínate qué pasará cuando sepa que es tu hermanita no tan perdida. Rubén no soportó más y se lanzó sobre, le pegó como si fuera a acabarse el mundo, no entendía por qué, pero ver a esa chica molesta llorando como una pequeña lo puso mal. Gia intentó separarlos, pero no pudo hacer nada, él estaba cegado por la furia y no se fijó que Clara había salido corriendo del restaurante. Hasta que llegó la policía y detuvieron a ambos hombres. —Mis llaves—dijo en voz baja al ver que la camioneta no estaba— ¡Mierda! —exclamó—. Señorita Gia, por favor llame a Jack, ella se llevó la camioneta. Gia asintió, aunque ya había llamado a Thomas, pensaba que era bueno que Rubén tuviera a alguien esperándolo en la comisaría y también tomó sus llaves y se dirigió al lugar. Mientras tanto, una dolorida Clara manejaba por las calles de Manhattan. —Esto es increíble y yo mintiéndole a ella para protegerlos y ellos también me mintieron a mí. La nieve comenzó a caer más fuerte y cuando enfiló su rumbo hacia la autopista no pudo ver lo que se acercaba. El sonido de un claxon fue lo único que escuchó y luego el impacto. En sus últimos pensamientos estaba el hecho que aquella que siempre consideró como su hermana, al final y al cabo sí lo era. Una lágrima rodó por su mejilla y se dejó estar. —Ro… hace frio y no me podrás cubrir con tu mantita…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD