+ALEXEI+ En eso veo que Mauricio la tiene en sus brazos. Pero no es suficiente. Ella… ella está sufriendo. He escuchado toda la conversación. Cada palabra me ha ido destrozando. Y verla así, llorando como una niña rota, con los hombros hundidos contra el pecho de Mauricio, me deja helado. No sé… me siento incómodo, impotente, como si estuviera pintado en la pared mientras se desangra frente a mí. Y entonces mi hermana, con esa calma que a veces parece crueldad, me susurra al oído: —Ella es Katya. Su debilidad son sus padres. Vuelvo a mirarla. Sí. Ahí está, acurrucada como una pequeña con el corazón destrozado, con ese dolor que atraviesa huesos y carne, ese dolor que ni los brazos de Mauricio consiguen sostener del todo. Y de pronto, escucho la voz de él, grave, cortante: —Se ha

