++++++++++++++++ Parpadeo un par de veces y me digo a mí misma: “Ivanna, cálmate, eso fue… pura imaginación. Todo ese desastre de besos, miradas y sarcasmos solo existió en tu cabeza”. Respiro hondo, tratando de reorganizar mis pensamientos, porque mi corazón sigue palpitando como un loco. Pero no hay tiempo para filosofar sobre mi estado emocional; la realidad golpea más fuerte que cualquier fantasía. Veo cómo Alexei, con esa calma que me irrita y me atrae al mismo tiempo, invita a la chica a sentarse. Sí, la Barbie rubia, Alexa, se sienta frente a él y empieza a acomodar su tenedor con movimientos calculados, como si cada gesto fuera digno de un tutorial de YouTube. Yo me siento… incómoda. No sé por qué exactamente, quizá porque todavía estoy procesando todo lo que pasó, o quizá porque

