Yo… no podía creer lo que estaba escuchando. Mis dedos temblaban apretando el celular, y la voz de Mauricio seguía sonando tan calmada, tan malditamente segura, mientras me destruía con cada palabra. —¿Cómo puedes decirme eso? —grité, casi desgarrándome la garganta—. ¡¿Cómo te atreves, Mauricio?! ¿Después de todo lo que hicimos, después de todo lo que te di, me dices que no estás interesado en mí? ¿Qué ahora la prefieres a ella? ¡A esa imbécil! ¡A mi hermana! Él no levantó la voz, no, como si fuera el santo maldito del silencio. No puedo resistirme, él tiene que saber todo lo que estoy sintiendo en este momento, y más cuando me está lastimando, ¿qué se cree? Yo soy su mujer, bueno, él me lo prometió, me dijo que terminara con mi ex, ese imbécil que me engañaba, y lo hice, bueno, lo hizo

