+++++++++++++ Mauricio me queda viendo. Su mirada es tan intensa que siento que me atraviesa la piel, los huesos, el alma. Claro que estoy acabada. Ya sabe mi secreto. Se lo dije. Me vendí sola como idiota. Y él, con esa calma peligrosa que tiene, simplemente sonríe de lado, como si hubiera estado esperando este momento toda su vida, y dice: —Oh… lo presentía. Tu mirada no era la misma. Y… waooo. Lo siento, estoy sorprendido. Eres idéntica a ella, pero… —¿Pero qué? —le suelto, con un bufido de fastidio, cruzando los brazos sobre el pecho, intentando no demostrar lo nerviosa que estoy. Él arquea una ceja, divertido. —Pero no eres tan delicada como ella. Me río con sarcasmo y ruedo los ojos tan fuerte que casi puedo escuchar el crujido de mis pupilas. —No seas tan presumido —le contes

