19 de mayo Tenía mucha mala suerte, ya me había quedado claro. El único día que necesitaba a Belén para no entrar sola, faltaba porque se había enfermado. No quería enfrentarme al pelinegro. No estaba lista, pero aun así abrí la puerta con mano temblorosa. Entré con pasos dudosos, esperando recibir un seco “hola” pero me llevé una sorpresa. La oficina estaba vacía. ¿Él había faltado al trabajo? ¿Se estaba ocultando de mí? No había otra posibilidad, nunca faltaba. Era un cagón. Caminé hacia mi escritorio, ignorando la ausencia de mi jefe. Me dejé caer en mi asiento, muchísimo más relajada que segundos antes. El hecho de que él haya faltado no me afectaba, me favorecía. Seguramente él debía de necesitar tiempo para pensar, y estaba perfecto. Yo también quería tiempo antes de tener que enfr

