27 de mayo En cuanto el ascensor abrió las puertas en el piso superior del edificio, Belén clavó su mirada en nosotros con bastante sorpresa. Le dirigí una sonrisa forzada mientras que ella se levantaba y corría hacia nosotros con los brazos extendidos. Acepté el abrazo con alegría, pues unos pocos días lejos de la rubia me había afectado más de lo que pensaba. Había aprendido a quererla y necesitarla. —Pero si vino mi futuro esposo— dijo la rubia mientras se agachaba a la altura de mi hijo, quien le sonreía con diversión— ¿Cómo esta ese bracito, precioso? —Dejemos la terminología de pareja, Belu— bromeé mientras acariciaba el cabello de Benja— Es mío y solamente mío. —Territorial. Solamente tenía claro lo que era mío. Le saqué la lengua antes de mirar hacia la oficina de mi ex jefe.

