Nicolás observó por el espejo retrovisor a un muy dormido Benjamín. La velada había transcurrido de manera veloz, y mi hijo pareció haberse entretenido. Yo por mi lado me encontraba absolutamente satisfecha con mi nuevo trabajo, porque era demasiado gratificante poder hablar de lo que más me gustaba. Era genial pasar tiempo con gente agradable como Belu y mi jefe. —Gracias por habernos traído, Nicolás— le dediqué una breve sonrisa. Salí del auto, cerrando la puerta detrás de mí. Abrí la puerta trasera y saqué a mi hijo de la silla que Nicolás había comprado especialmente para él. Sujeté a Benja en brazos haciendo un gran esfuerzo físico. El peque había empezado a pesar bastante y mi cansancio no ayudaba. Y tampoco lo hacía la falta de ejercicio de mi parte. —Yo lo cargo— comentó Nicolá

