**ALAI** Cuando crucé el portón de la casa, el aire tibio de la tarde me acarició el rostro, llevándome en un suspiro de nostalgia y tranquilidad. El camino que recorría de memoria se desplegaba ante mis ojos: dos pasos sobre el empedrado, el árbol de tamarindo a la izquierda, cuyas ramas aún parecían susurrar historias antiguas, y más allá, el zaguán donde siempre había una silla vacía, esperando a alguien que quisiera descansar, reflexionar o simplemente conversar. Era un rincón de paz en medio del bullicio del mundo, un refugio donde el tiempo parecía detenerse. Ni recordaba a Nicky. Ya no estaba Sofía. Hace unos días, había regresado a la ciudad por motivos de trabajo, dejando atrás estos lares que tanto amaba. Sin embargo, me había dejado en buenas manos, en un entorno que, aunqu

