MONSTRUOSAMENTE ENCUENTRO

4873 Words
El cielo n***o ya no era una promesa de tormenta. Apenas había entrado a su piso cuando truenos y las primeras gotas de lluvia empezaron a caer. Lo que era bueno porque odiaba mojarse y ahora tenía una masiva jaqueca luego de pasarse toda la tarde oyendo a la amiga de Ellie, intentar meterla en la cama de ese imbécil. Se dejó caer en el sofá y sacó su celular del bolsillo. Marcó el número de Julius e imploró por que hiciera conexión. Sonó, sonó y sonó. Largo tiempo después, mientras miraba por la ventana la tormenta desenvolverse con fuerza y vigor, preguntándose si Ellie estaría en un lugar a salvo, oyó como si alguien levantara el auricular del otro lado y mascullara algo que no comprendió. -Maldita sea, Julius, dime que es tu jodida línea.-se pellizcó el puente de la nariz. Otra vez el arrastrar bajo de palabras.-¿Qué?- La voz se fue elevando pero muy poco por lo que seguía sin poder entenderle hasta que oyó la palabra:-…con queso doble.- - Julius, no soy la pizzería, ¡maldición! -bramó.- ¿Y, qué pizzería llevaría la comida hasta el recóndito lugar que estás recluido?- Julius carraspeó fuerte aclarándose la garganta. -No estoy recluido, sólo me gusta mi soledad. No hay mejor compañía que la mía. Ahora, ¿qué quieres, Declan, que vienes a perturbar mi hermosa paz? Estaba en mi más agradable siesta.- -¿A las 7:30 de la tarde? Bueno, como sea, no me importa, tengo algo que debo consultarte.- Julius le interrumpió: -Ya lo hablamos, los condones en las farmacias o 7-Elevens.- -¡Olvida los malditos condones! –exclamó enojado. Hizo una pausa.- ¿Cómo sabes dónde los venden si no has tenido compañía femenina en siglos?- -¡Por supuesto que he tenido compañía femenina en laaaargos siglos, maldito renacuajo chupa sangre!- Declan bufó.-Las suricatas no cuentan.- -Cierra esa boca pálida, vampiro, tengo mujeres de sobra, mis esclavas sexuales.- -Ya, seguro. ¿Acaso recuerdas cómo tener sexo?- -¡DECLAAAAN!-su gruñido sincronizó con un relámpago, cosa que no podía decir con seguridad que no lo invocó. Se sonrió, divertido de meterse con él. -Pues, bueno, con este calentamiento, voy al punto.- -Imbécil, ¿piensas que contestaré tus preguntas después de cómo me has tratado? - jadeaba y resoplaba de lo enfadado.- No vuelvas a contactarme, asqueroso demonio come vacas citadinas.-le colgó con un fuerte golpazo. Se rió alejando el celular de su oído. La pantalla con la llamada cortada se volvió negra pero tan sólo dos segundos después volvió a encenderse con un largo número llamándole. Su sonrisa se hizo más grande. Dio aceptar en la pantalla y se lo llevó a la oreja.-¿Sí?-dijo con total calma. -No olvides enviarme la crema facial de pepino y té verde. La necesito.-le hablaba Julius igual de sereno. Podía ser siglo y medio mayor que él, pero en el interior era como un niño. -Me la están enviando desde Centroamérica, llegará en una semana.- -¡Genial!-canturreó y podía imaginarle meneando el trasero de felicidad. -Ahora, apúrate a preguntarme lo que querías antes de que me vaya a disfrutar un baño en mi cascada. - Vaciló.-Pues…- -¿Declan, te escuchó dudar?-le dijo extrañado Julius.- ¿Mis oídos te han oído dudar?- Rodó la mirada.-Simplemente no es algo normal lo que te quiero preguntar.- -Por supuesto, si pudieras encontrarlo en Google no estarías hablando conmigo ahora mismo.-le dijo Julius.-No pierdas más de mi tiempo y dime sin vergüenza lo que sucede.- Tomo una inspiración, y dijo:-Olí algo.- Hubo un silencio por parte de Julius como si esperase que continuara.-¿Y?- -Era especial.- -¿Cómo especial? ¿Podrido especial, floral especial, muerto especial?- -No. Especial-especial, diferente, mnn, no sé cómo…- -Descríbemela a ella. –le cortó Julius como si ya supiera que se trataba de una mujer. Por algo eran mejores amigos. -Un ángel.-las palabras se les deslizaron de los labios antes de que pudiera detenerlas. El corazón le latía rápido, acelerado, un calor trepando por su cara como cuando los humanos se ruborizaban. -Te gusta. –afirmó Julius sin bromear.- Por eso es especial, entiendo que sea la primera vez para ti…- -No es eso, Julius. Y, no es la primera vez.-le corrigió.-Bueno, con una humana.- -Pero, sí que sientas esa instantánea conexión, ese flechazo, Declan. Lo que los humanos en sus libros románticos llaman, amor a primera vista.- -No, Julius, tú no entiendes.- -Oh, entiendo perfectamente, mi amigo chupa bolsas de plástico.-le dijo y Declan sólo se molestó más.- Te han flechado.- -No.-dijo rotundamente. -¿Cuál es el problema? Te has pasado toda la vida muerta buscando a alguien con quien compartir la eternidad. Pues, aquí está, ¿por qué negártelo?- -Porque no es eso, es otra cosa. Es su sangre.- -¿Qué hay con su sangre?- -Es de lo que hablo. Es especial. Hay algo en ella que la hace absolutamente irresistible. Estábamos en el ascensor cuando por primera vez la olí…- -¡¿Vive en tu edificio?!- Julius le volvió a interrumpir. -Ehm, sí.- Oyó a Julius silbar. Continuó:-…y pese a ser un rastro muy pero muy suave, sentí que la boca se me secaba, tenía que tener una probada de su sangre o de lo contrario moriría. – Hubo un largo silencio por parte de Julius. -¿Julius, estás aun ahí? Hola, hola.-comprobaba. -Sigo presente, amigo chupador de hierro.- -¿Puedes cortarla? Tú también eres vampiro por si no lo recuerdas.- -Lo recuerdo, y es una de las más hermosas ventajas desde mi despertar.- dijo Julius. Con despertar se refiere a la conversión a vampiro, lo que no era una experiencia agradable como pacífica. Incluso siendo el monstruo que era, jamás sometería a alguien a tal transformación. Si tu cuerpo no era lo suficientemente fuerte, podías morir; si la transformación no se concluía adecuadamente, también podías morir. Eso, después de pasar por todo un infierno de agonía. La sangre se vuelve lava hirviendo, la piel arde, quieres rasgártela, tienes la sensación de que todos tus órganos se vuelven líquidos y explotan. Nada bueno. Julius había continuado hablando:-No puedo estar del todo seguro, tendría que sumergirme en mis libros para darte una respuesta fehaciente, pero creo que sé a lo que te refieres, y no te va a gustar.- -¿Qué? ¿Qué es? ¡Dímelo!-urgió, una alarma sonando en su pecho. -Pues…- -¡Vamos, dímelo de una vez, Julius!- -Declan, amigo, tranquilo, confía en mí, todo saldrá bien.-le decía con voz serena. -¡Julius! ¡Dime de una vez o iré hasta tu maldita cueva y te voy a…!- -Es tu alma gemela.- le interrumpió por tercera vez Julius. Su boca quedó abierta, paralizada con las palabras de las atrocidades que le iba a hacer. Despacio la cerró, y se hundió en el respaldo del sofá. Julius continuó explicando:-Ese componente del que hablas, es su alma, llamándote, haciéndote saber que eres su otra mitad.- Finalmente encontró su voz y gruñó un: -¿Me tomas el pelo?- -No, Declan, soy muy muy serio, y te lo voy a aclarar porque no es así de sencillo como una telenovela, ¿vale? Mira, si es como tú dices, y no es simplemente alguien con una sangre muy deliciosa, probablemente se trate de tu media naranja, y es algo muy peligroso. Ahora que tu cuerpo que la ha encontrado, que ha tenido una mínima probada olfativa de su sangre, entrarás en estado de depredador. No será agradable. Te volverás agresivo, posesivo, celoso de cada persona que ella tenga alrededor. Tu hambre no podrá ser saciada por nada más que su sangre. Lo que sería hermoso y perfecto si ella estuviera consciente de tu mundo y lo aceptara.- -Pero, no es así.- -Exacto.- -¿Qué hago? ¿Tomar su sangre a la fuerza?- -No, no, no, mira, ahora mismo ella no tiene idea de ti. Es decir, que por más que su sangre te parezca exquisitamente tentadora, si la tomas sería igual que las demás porque necesitas que ella también se dé cuenta de que tú eres su alma gemela. Es como concluir un círculo. Sólo así surtirá efecto. Y, si la tomas ahora, sólo terminarás fastidiándote a ti mismo. La matarás, su sangre obviamente desaparecerá, y te volverás loco. ¡Desquiciado! ¿Recuerdas esos mitos de vampiros que habían perdido la cabeza y fueron encerrados en tumbas para que no causaran caos y destrucción? Pues, ése serás tú, si no logras que su alma conecte contigo.- Hubo un penumbroso silencio luego de sus palabras. -¿Qué hago entonces?-su voz salió como engranajes oxidados. -Vamos, Declan, ¿me vas a preguntar eso?-bufó Julius.- ¿Tú, un Don Juan moderno, me vas a decir que no sabes cómo conquistar a una muñequita? –se rió. -¿Y, si tan sólo jamás la toco?- -Declan, ¿qué sucede contigo? Finalmente tienes a tu compañera. Aquella que estuviste buscando todo tu vagar vampírico, ¿por qué la rechazas?- El vaciló de nuevo.-Es que ella no sabe que existo o sobre mi condición, nada.- -Pues llévala a una cita, sedúcela, hazle el amor. Métete en su cabeza, que se vuélvela adicta a ti y se enamore. Luego dile todo.- -No es tan sencillo.-dijo en un suspiro desairado. -Declan.-la voz de Julius era de nuevo sombría. -No es momento para no sentirte confiado de tus habilidades masculinas, ¿de acuerdo? Si no logras que ella vea en ti su otra mitad del alma, te desquiciarás, el clan vendrá por ti, y eso no es todo.-hizo una pausa.-Irán por ella también.- -¡¿Qué?!-exclamó aterrorizado. -Supongamos que ella no logra verte a ti, su otra mitad, bueno, su ser, su parte insustancial, inconscientemente sí te reconoce, pero no puede identificarte, como un ciego intentando encontrar algo. Lentamente, también perderá la cabeza, se volverá loca y terminará en uno de esos asilos para dementes hablando de cosas que no debería estar hablando. Su mente rota balbuceara sobre nosotros, los vampiros, sobre ti, porque tú estás en ella, el vínculo estará no activado y roto pero existente, y el clan no permitirá que una humana ande soltando información sobre nosotros. –hizo otra siniestra pausa.-Al final, la matarán, Declan.- Sintió que el mundo se le daba vuelva. Entró en pánico, absolutamente aterrorizado de que sus palabras fueran ciertas. Una furia, una rabia, comenzó a alzarse en su interior. Apretó las manos en fuerte puños hasta casi romper el celular. No lo permitiría. Nadie la tocaría. Era suya, de nadie más que suya para tomar, poseer y proteger. Se sorprendió ante tales poderosos sentimientos que jamás había experimentado. Pero no tuvo tiempo de pensarlo más porque partes de las palabras de Julius volvieron a su mente:- ¿Qué quisiste decir con que “Al final la matarán”?- -Bueno, Declan…- Hubo chisporroteo y un fuerte relámpago cegó su ventana, y la luz en todo el departamento se fue.-¿Qué mierda?-se levantó del sofá. Toda la habitación estaba a oscuras a excepción cuando los truenos relampagueaban iluminando. -¿Qué sucedió?-le preguntó Julius. -No sé, creo que se ha cortado la luz.-caminó hacia las ventanas, y trató de mirar a través de la lluvia a los demás edificio y calles. Estaban todos a oscuras. La tormenta debió haber cortado la electricidad en toda la zona. Con su oído vampiro podía oír los bocinazos y frenazos de coches por no haber señalización. -Un apagón en toda la ciudad al parecer.- dijo a Julius. No le contestó nada.-¿Julius?- Lo mismo. Miró a su celular y vio que la pantalla estaba negra. Le tocó con el pulgar para que se encendiera pero nada ocurría. La batería se había muerto. Arrojó el inútil aparato al sofá y metió las manos en los bolsillos suspirando. Escuchó voces en los pisos inferiores y se giró a la puerta. La gente asustada, preguntándose qué pasado con la luz. Les oyó usando las escaleras, lo que era un largo camino en descenso. Él prefirió quedarse en su oscura soledad. Pero el tiempo pasaba lento y cada palabra de Julius volvía a su mente, atormentándole. Iba a volverse loco incluso antes de siquiera comprobar si era verdad lo que dijo. Tenía que salir. Abandonó el departamento a toda prisa. Sentía que las paredes se le venían encima. No estaba seguro, no quería decirlo en voz alta, pero creía que estaba teniendo un ataque de pánico. Corrió a las escaleras cuando su cuerpo dio una sacudida y se había teletransportado a la planta baja. El recibidor estaba repleto de gente iluminando con sus celulares y linternas. Barullo de voces queriendo saber que pasó, cuando volvería la electricidad, otras riendo y charlando como si fuera un encuentro de viejos amigos, pero no parecía que alguien le hubiera visto aparecerse de la nada. Tenía que controlarse. Recuperó la compostura y actuando con normalidad se mezcló entre ellos. Recibía las mismas miradas de embelesamiento efecto de su naturaleza vampírica, pero continuó hacia la puerta. La tormenta seguía azotando la ciudad, salvaje y feroz, pero ni eso le detendría. De pronto, se detuvo, pálpitos golpeando con fuerza su pecho. Su cabeza se giró como si supiera a dónde debía mirar. Y, allí la encontró. Una calma le invadió. Ellie. Su hermosa y dulce Ellie. Vestía un jogging cómodo, botas de cordero y un largo abrigo. Se abrazaba a sí misma, como si estuviese asustada. Como respondiendo a una llamada, su cuerpo se movió, sus pies redirigiéndose a ella en lugar de la puerta. De nuevo, como si una fuerza le jalara. Ella no se percató de su presencia hasta que él dijo:-¿Estás bien?-su voz salió demasiado grave, rasposa. Ella dio un brinco sorprendida.-¡Oh!-se llevó una mano al pecho, luego rió.-No te vi venir, disculpa.- Él sonrió calmadamente. ¿Por qué verla le llenaba de una enorme paz?-Fue mi culpa. - dijo.- Tengo una manera de andar sigilosa.- Ella le sonrió amablemente metiéndose un mechón de cabello detrás de la oreja, y él notó un ligero temblor en su mano. Ella volvió la vista al frente y el silencio se hizo. Sintió la necesidad de continuar hablando con ella para poder escuchar su voz de nuevo.-No te gusta la oscuridad.- Los ojos de ella volaron de regreso a él.-¿Cómo lo sabes?- -Pareces nerviosa.- Ella se le quedó mirando por un segundo antes de bajar la mirada al suelo y decir: -Ah. Sí, me aterra. –alzó los ojos encontrando los suyos que no se habían apartado de ella ni un segundo.-Bastante. Por eso bajé. Y, no tengo velas o linternas. – -¿Tu celular?- -Murió.-contestó ella. -El mío también.- -Mal día para la tecnología, ¿eh?-dijo ella con un deje divertido. -Eso parece.-le sonrió. Se mantuvieron las miradas de nuevo. Estaba a oscuras pero podía jurar que sus ojos eran de un azul muy bonito. Y, la manera en que ella le devolvía la mirada, como si tampoco pudiera apartarla de la de él. Tenía que estar sintiéndolo, esa conexión, el cosquilleo eléctrico recorriéndole tal como a él. Se preguntó si tendría que dar el paso y preguntarle de salir en una cita como dijo Julius. Aún no estaba del todo convencido con su loca teoría, pero ella era atractiva y no haría daño comprobarlo. -¡Atención, atención!-alguien empezó a gritar haciendo que ella apartara primero la mirada, y ese cosquilleo como la mágica conexión, desaparecieron. El portero de la recepción, Hal, estaba en medio del gentío.-¡Acabo de llamar a la compañía de la luz y dijeron que hay un masivo corte que cubre nuestra área como todo el lado sudeste!- Sus palabras fueron seguidas por “Ohhh.” “Cielos” “Vaya” “Maldición” de la gente. El hombre continuó:-Estaremos así por al menos unas 6 horas o hasta que la tormenta acabe y puedan hacer los arreglos necesarios.- Hubo otra ola de murmullos de gente decepcionada, pero sobre todo asustada y no sabiendo qué hacer. Hal prosiguió:- Quien quiera regresar a su piso es libre de hacerlo, pero el ascensor no funciona, por lo que, los que están más arriba, les costará llegar y si tienen una emergencia nadie podrá ayudarles. Mi recomendación es que nos quedemos todos aquí, traeré luces de emergencias y mantas, la calefacción en el vestíbulo funciona por lo que estaremos bien. Sólo tenemos que conservar la calma y esperar a que regrese la luz, ¿de acuerdo?- Otra vez, las voces se hicieron consultándose entre sí lo que debían hacer. La mayoría estaba de acuerdo en quedarse, otras pocas no tanto, pero Hal tomó la palabra de la mayoría y se dirigió a la puerta detrás de su escritorio por donde desapareció. Miró a Ellie.-Parece que no queda otra.- Ella apretó una sonrisa.-Eso parece.-extendió su mano a él.-Soy Ellie, por cierto.- Se quedó mirando fijo su mano en la penumbra, temiendo si tomarla o no. Podría desencadenar algo que definitivamente no podría controlar, y estaba muy al quiebre. -Ehm, ¿sucede algo?-preguntó ella.-Oh, lo siento, ¿eres germofóbico o algo? –retrajo su mano.-Mil disculpas, yo…-pero él se la garró antes de que la alejara del todo. Ella jadeó ante la sorpresa. -Declan.-se presentó algo brusco y se aclaró la garganta.- Me disculpo yo, no tengo ninguna fobia, sólo no veo bien en la oscuridad.-mintió. -Oh, lo lamento.-dijo ella sinceramente apenada, y debió sentirse más por mentirle, pero no podía pensar en eso ahora mismo, sólo podía enfocarse en la agradable sensación del tacto de su cálida mano, la suavidad de su piel blanca como la porcelana. Quería seguir tocándola, ascender por su muñeca, brazo, hombro, acercar su rostro a su cuello y rozar con sus labios su tersa piel antes de tomar una profunda inhalación del exquisito perfume de su sangre. Se sintió muy acelerado, los colmillos empezando a bajarle, el hambre latiéndole feroz e implacable. Necesitaba urgentemente hundirle los dientes y probarla. Le soltó bruscamente la mano y esperó que ella no notara ninguno de sus cambios físicos. Para su suerte, Hal regresó a los gritos diciendo que ya tenía las lámparas de emergencia y que todos debían reunirse en el vestíbulo. Ella dijo hacia él “Vamos” y, pese a que le ordenó a su cuerpo a quedarse donde estaba, fue con ella como un perrito obediente. Dos largos sofás dispuestos uno frente al otro, fueron ocupados inmediatamente por adolescentes, pero rápidamente adultos responsables los apartaron para dejar que los más ancianos se sentaran. El resto optó por el suelo. Ellos se sentaron contra la pared de paneles de madera cerca de la gran chimenea donde estaba calentito. Ella cruzó las piernas en canasta. –Bueno, será como un campamento.-dijo en un intento de ponerle ánimo a la situación.- Aunque tampoco me gustaban.- -¿No eres de las que aman rodar por el lodo y colgarse de lianas como Tarzán?-bromeó y ella rió. -Definitivamente no. Soy más estilo ratón de biblioteca. Me encanta leer y escuchar música clásica. Cosa que mi padre siempre detestó.- -¿Por qué?- -Porque la experiencia y la calle forma la personalidad.-hizo una mueca. -O, eso decía. Quería que hiciera deportes y sea alguien fuerte.- -Bueno, hay diferentes maneras de ser fuerte.- dijo él, y ella se le quedó mirando. Tragó saliva, nervioso.-¿Qué?- -Nada, sólo…-sacudió la cabeza. - Me recuerdas a mi nana. Era igual de buena oyente, sabía entenderme y sabía cuánto amaba la música que me compró un violín.- Eso le sorprendió.-¿Eres violinista?- -No. –contestó y notó la tristeza en su voz.- Tomé clases desde los 7 a los 9 pero entonces, nana murió de un infarto y mi padre me quitó el violín y arrojó a la basura. Nunca toqué de nuevo.- -Oh, eso es…-no sabía qué decir sin ofenderla por el fuerte enfado que sentía hacia su padre.-Lo lamento.- Ella se encogió de hombros.-Yo también.- Se quedaron en silencio de nuevo. Ella con la mirada fija en el piso como si su mente estuviese anclada a un viejo recuerdo, lágrimas empezando a asomarse por el rabillo de sus ojos. Sintió el fuerte impulso de hacer algo para animarla. Dijo la primera estupidez que le vino a la mente: -Cuando yo era niño, no más de 11 años, mi padre me regaló una ballesta y me llevó al campo para enseñarme a cazar humanos, pero no fue buena idea. Le terminé casi sacándole un ojo. Me metió en un calabozo como castigo y desde entonces, dejó de querer enseñarme cosas.- La expresión de ella era blanca, seria, y de pronto estalló en risas.-Muy buena.- Su pecho latió frenético, feliz de oírla reír. -Ayyy, - se secó una lágrima de la risa.- los padres, cuándo se enterarán que somos nuestras propias personas.- -¿Cuando estén muertos?- Ella rió de nuevo. -Eres muy gracioso, ¿lo sabías?- -¿Lo soy?- Ella sintió, y se inclinó más cerca de él, su rostro casi a centímetros del suyo. Ahora podía distinguir el hermoso color aguamarina de sus ojos.–Sabes, tengo la sensación de que nos hemos visto antes, ¿tú no?- Se paralizó y a la vez, puso nervioso. Podía ser que en realidad sí le había visto a través de su manto de invisibilidad o…se refería a la loca teoría de almas gemelas de Julius. Tragó saliva. No tenía idea.-Ehm, bueno, no lo sé, el mundo es grande, quizás…- -¿Alguna vez has estado en Connecticut?- despacio ella volvió a su lugar.-De allí vengo.- -No. He pasado toda mi vida en el otro continente. Lo siento.- -¿De dónde eres?- -Viena.- Ella arqueó las cejas.-¿En serio?- Asintió, pero no podía estar seguro de haberlo hecho, su atención estaba en el pulso de ella, en su corazón bombeando fuerte y saludable, su sangre caliente recorriéndola, llamándole a que la probara. Era como un vicio. Se sentía adicto. -Cómo me encantaría visitar Viena, o Europa, -seguía hablando ella.- o cualquier lugar, al fin y al cabo.- Trató de mantener la compostura y recordar de lo que hablaban. -¿Nunca has viajado?- -No pude. Mis padres murieron en un accidente de tránsito cuando cumplí 10 y de ahí pasé por diferentes hogares de acogida hasta que cumplí la mayoría de edad y me fui por mi propia cuenta. – -Oh, vaya, lo siento mucho.-le dolió en su corazón muerto.-La vida no ha sido buena contigo.- -Bueno, no del todo. Empecé trabajando como empleada doméstica en diferentes lugares pero no fue hasta que llegué a la casa de la señora Dorothea que realmente sentí que estaba en un hogar. Me trataba como una igual, no una sirvienta. Jugábamos a las damas…-rió.-era muy tramposa.- Él se rió también al verla feliz con el recuerdo. -Me enseñó a cocinar, coser, tejer, me permitía leer sus libros. La tomé como madre. –lágrimas empañaron sus hermosos ojos.- Una vez al mes se daba el gusto de comprarse estos exquisitos y caros bombones suizos, y siempre los compartía conmigo. –tomó una inspiración honda. -Hace un par de años sufrió una apoplejía y quedó postrada en la cama. Fue devastador verla así. Y, yo era la única a su lado. Sus familiares jamás mostraron interés en su condición o en lo que necesitara. Tenía dos hijos mayores y la más joven de 35 años, y la única vez que se pasaron a visitarla fue para leer el testamento.- Él silbó.-Eso es cruel.- Ella asintió de acuerdo. Su mirada se había endurecido mientras contemplaba al frente como si les tuviera delante. Hal que había estado repartiendo mantas a quién quería, se acercó y les ofreció. Él negó con la cabeza pero Ellie tomó una. Se la acomodó cubriéndose las piernas. Hal se fue y ella dijo:-Pero supongo que las cosas a veces no salen como uno quiere.- -¿Por qué lo dices?- Ella volteó el rostro, una diminuta sonrisa llena de satisfacción delineaba sus labios.-Porque me lo dejó todo a mí.- -¡¿En serio?!-exclamó sorprendido. Ella asintió.-No tenía idea de que había cambiado el testamento. Sus parientes tampoco. –notó el regocijo en su voz. “Oh, era una chica oscura” El cuerpo le entró en calor, deseándola. Ella continuó:-Yo me encontraba en mi habitación preparando las maletas para abandonar la casa, cuando el abogado que había estado hablando con los familiares, me buscó para notificarme de la noticia.– -Y, qué buena noticia.-celebró él. Ella hizo una mueca.-Bueno, no digo que tener la vida económicamente asegurada sea desagradable, pero no sé, se sentía raro, como si le sacase el dinero a mi amiga.- -No digas eso. Ella tomó su decisión voluntariamente y si no quiso dejárselo a sus familiares, habría una muy buena razón.- -Eso es seguro. No eran buenos con ella NUNCA.- recalcó. -Matthew, su hijo del medio, siempre estaba metido en problemas de apuestas y las únicas veces que se aparecía era para pedirle dinero para saldar las cuentas. Alice, es empresaria por lo que siempre estaba trabajando. Y, Nohlan, el mayor…-silbó.- la guerra que me ha hecho intentando impugnar el testa…-se calló de pronto, encontró su mirada, y se mordió el labio, sus mejillas coloreándose avergonzada.-Lo siento, lo mala persona que debes pensar que soy hablando mierda de los demás.- Él le dio una sonrisa tranquilizadora.- No, no lo hago. Eres una persona muy valiente que ha pasado por mucho, Ellie, más de lo que alguien debería, y no creo que esté mal hablar la verdad de la gente. Son como son, y si no son buenas personas, no hay por qué ocultarlo.- Ella se le quedó mirando, sus ojos brillando conmovida.-Gracias. Me alegra que nos hayamos conocido.- -¿Incluso en la oscuridad?- Una sonrisita asomó por los labios de ella. -Incluso en la oscuridad.- -¿Café?-preguntó alguien. Ambos se apartaron las miradas del otro para tener la desagradable sorpresa de ver al entrajenado con una gran bandeja en sus manos llena con vasos plásticos con café. Reprimió un gruñido. -Oh, hola.-le saludó ella al reconocerle también. -Nos volvemos a ver.-dijo él con una de esas sonrisas que fácilmente decía “quiero meterme en tus pantaletas y prenderlas fuego” -Eso parece. ¿Eres parte del consorcio o algo?- preguntó ella refiriéndose a porqué repartía café. -No, no.-rió el sujeto.-Sólo estoy ayudando a Hal.-lanzó una mirada al portero que seguía repartiendo mantas.- Me pareció que una mano más no estaría nada mal.- -Oh, eso fue muy amable de tu parte.-elogió Ellie. -Soy Ellie.-se presentó ella. -Ben.-le contestó el idiota. Se sonrieron. Él se aclaró la garganta.-Declan.-se presentó sintiéndose olvidado. Ambos le miraron. Ellie sonrió dulcemente y rápidamente dijo:- Sí, él es Declan, mi nuevo amigo.- La expresión de Ben era de absoluta amabilidad cuando miraba hacia ella, pero cuando sus ojos se posaron en él, fue todo lo contrario. Era más que obvio el mutuo desagrado. Regresó su atención a Ellie. -¿Nuevo amigo? – -Me acabo de mudar.-le explicó. Fue demasiado rápido, quizás lo había imaginado pero algo oscuro pasó detrás de los ojos de él mientras la miraba, como cuando un depredador da con una presa. Y él lo reconocía, porque era uno. Tenía una muy mala sensación al respecto. Ben idiota prosiguió:-Ah, pues, entonces, añade mi nombre a la lista de amigos, porque yo también me acabo de mudar y no conozco a nadie.- -Eso es genial, los tres podemos ser amigos y hacer cosas.-decía totalmente entusiasmada. -Definitivamente.-contestó Ben y de nuevo, la manera en que lo dijo y miró… Tenía una muy mala vibra al respecto. -Toma, está algo frío pero bueno.-le tendió un vaso de café a ella porque él, aparentemente no existía. -Gracias.-ella lo tomó en sus manos, pero cuando Ben lo soltó, el vaso se tumbó y el líquido marrón se derramó sobre su suéter celeste. Totalmente intencional. -Oh, cuánto lo siento.-se disculpaba Ben.-Hay toallitas húmedas para limpiarse allí en la mesa de recepción. Venga, te ayudo.-le tomó del brazo poniéndola de pie. -Gracias.-dijo ella manteniendo la parte mojada del suéter lejos de su cuerpo.-Siempre soy tan torpe.- -Fui yo.-decía Ben.-Es que no veo muy bien con mis lentes. Se han mojado con la lluvia y no he podido limpiarlas correctamente en la oscuridad.- -Olvídalo, he sido yo…-Se iban disculpando uno al otro, sus voces desvaneciéndose a medida que se alejaban de él, olvidado en el piso. Sus manos eran dos puños apretados mientras desde su mismo lugar les contemplaba junto al escritorio del portero, conversando y riendo mientras “amablemente” Ben le ayudaba a secarse. No era paranoico, estaba claro que Ben quería alejarla de él, la quería para él solo, pero la cuestión era por qué. Bueno, el resto de la noche se la pasó sólo, observando a Ellie y Ben cada vez volverse más cercanos. Sin embargo, ella de vez en cuando miraba en su dirección como si quisiera regresar con él, pero luego, Ben decía algo que la hacía quedarse y de nuevo olvidarse de él. Pero, no triunfaría. Ellie era una buena chica, no permitiría que ese raro obtuviera nada de su Ellie. Es decir, Ellie.
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