Desde ese momento, Ben se volvió inseparable de Ellie como un pedazo de chicle pegado al zapato. El regreso de sus amigas a Connecticut luego de su corta visita pareció asentar con más fuerza la soledad en ella, y eso la hizo más propensa a aceptar la compañía de cualquiera y con cualquiera se refería a ese tipejo. Porque a dónde sea que fueran, como de compras por víveres--que él no necesitaba pero que sólo hacía para estar con ella-- o pasear por la ciudad, --cosa que su piel resentía la larga exposición al sol- Ben aparecía de la nada o coincidentemente ya estaba allí antes. Casi le daba la sospecha de que podía ser un vampiro de no ser que oía su latido. Lo extraño era que no se le aceleraba cuando estaba cerca de ella, como a él le sucedía. Definitivamente no estaba perdiendo tiempo acaparando toda la atención de Ellie. Y, sabía que había algo pasando entre ellos porque a pesar de que a veces Ellie le daba unas miradas que parecían transmitir un significado importante, siempre terminaba inclinándose hacia Ben.
Pero, eso era de menos, él tenía un ojo puesto en Ben. Si sucedía que ella le elegía, jamás diría una palabra, pero vigilaría que ese imbécil la tratase cómo se lo merecía.
Caminaba por la calle regresando de una frustrada cena. Su estómago había rugido con la necesidad de sangre pero en cuanto salió a cazar y tuvo a su víctima entre sus brazos con los colmillos a milímetros de clavárselos en la piel de su cuello, no pudo. No porque de repente le hubiera nacido conciencia y remordimientos, sino porque no podía dejar de pensar en Ellie con ese bastardo, y en la loca teoría de Julius, a quién no había podido volver a contactar luego de esa noche. Debía habérsele caído la antena. Y, ya no importaba, Ellie estaba con otro y eso era todo. Sólo le quedaba observarles desde lejos ser felices.
Su hombro impactó contra algo duro. Balbuceó una disculpa a la persona con la que chocó, y siguió andando. Unos pasos más adelante, una voz femenina le llamó:-¿Declan?-
Se detuvo en seco. Reconocería esa voz en millas a la distancia. La piel se le puso de gallina de sólo pensar que ella estuviera allí, a metros de él. No era alguien para nada cobarde, sin embargo, ella era la clase de mujer que podía volverte del revés, clavar sus largas uñas rojas en tu carne y rasgarte mientras te decía dulce palabras al oído.
Manteniendo su compostura, se giró para confrontarla.-Amalia.-
Con la misma sensualidad y elegancia que sólo ella podía portar, le sonrió. No asumirías que es un vampiro de 950 años. Simplemente no los reflejaba. Su espesa y larga melena de rizos dorados rebotó suavemente con su caminar mientras se acercaba él. Su belleza impresionaba. Y, sí, eso había sido lo que primeramente le atrapó, pero ya no era un vampiro joven y estúpido. Había aprendido y salido lastimado. No cometería el mismo error dos veces.-Oh, Declan, cuánto me alegra volver a verte.-dijo ella con una felicidad que él no compartió.
-Me gustaría decirte lo mismo, Amalia, pero lamento no poder. Es…-hizo una mueca.-bueno ver que aún sigues con vida, lo que asumo que ese cazador debe estar muerto.-
-Veo que aún te preocupas por mí.-
Le dedicó una mirada mortal que lo transmitía todo.- Adiós, Amalia.-se giró de nuevo caminando en la dirección contraria de ella.
Oyó sus tacones apresurarse para ponerse a su lado. –Sabía que me habías extrañado, amor.-su brazo se envolvió alrededor del suyo.- Yo también lo he hecho. Extraño nuestras largas noches conversando, cazando, ¿lo recuerdas? -
Se detuvo.-¿Qué quieres? ¿Por qué has aparecido ahora?-
Ella puso puchero.-Te he extrañado.-
-No lo parecías cuando estabas revolcándote con ese tipo que resultó ser un cazador.-
-Veo que no me has perdonado.-su mano fue a su pecho acariciándole.- Eso significa que aún hay amor para mí, aquí.-palmeó su corazón.
Le agarró la muñeca, alejándosela. -No me toques, Amalia. No somos nada, jamás lo fuimos y jamás lo seremos. Déjame en paz.-le apartó de un empujón y retomó su andar lo más rápido sin exponer sus habilidades vampíricas.
Amalia le alcanzó de nuevo en un santiamén.-Vamos, cariño, dame otra oportunidad. Déjame demostrarte que valgo tu amor.-su mano se cerró alrededor de su brazo apretando con toda la fuerza de un vampiro casi milenario.
Le lanzó una mirada feroz. -Suéltame.-ordenó.
Ella le sonrió. -Ámame, Declan. Sólo quiero que me ames, ¿es demasiado lo que una chica pide?-
El bufó.-¿Chica? –se acercó, sus rostros a centímetros.-Has dejado de ser una chica hace mucho tiempo, Amalia. Ya no reconozco más que el monstruo que habita en ti.-
La rabia tiñó de rojo los ojos ella.-Declan, sé que quieres alzar el fuego entre nosotros, pero no querrás que me vuelva psicótica y empiece una matanza al azar, ¿verdad?-
-Haz lo que quieras. Siempre lo has hecho. Nunca te ha importado nada ni nadie más que tú misma. -
-Ah, pues, entonces, ¿está bien si comienzo con…-su largo dedo barajeó entre las personas y se detuvo, sus ojos iluminándose.-…ella?-
Volvió la cabeza mirando pero sin real interés, cuando vio a quién apuntaba. Ellie. Se encontraba esperando en la esquina a que el semáforo cambiara a rojo. Bolsas de compras colgaban de sus pequeñitas manos. Miraba hacia ellos, y algo en su expresión, le hizo querer ir corriendo y explicarle la situación, que no era lo que pensaba, Amalia no era nada.
-Ella parece muy apetecible.-le susurró Amalia al oído.-¿Qué dices? ¿La tomamos entre los dos, como en los viejos tiempos?-
Ellie apartó rápido la mirada y se lanzó a cruzar sin mirar si los coches estaban detenidos. Él se aventó hacia ella, pero de nuevo la mano firme de Amalia le detuvo.-¿Quién es ella, Declan?-
No podía lidiar con Amalia ahora mismo, su corazón palpitaba veloz, temeroso de que Ellie saliera herida, de que malinterpretara algo de esto. -Declan, ¿quién es ella?-le demandó con voz más fuerte Amalia.
Parpadeó mirando a su lado a Amalia con el rostro tenso y exigente de respuestas. Se enfadó. Tiró de su brazo soltándose de su mano.-Déjame en paz, Amalia. Olvídate de mí, como yo me olvidé de ti.- apremió los pasos en largas zancadas poniendo mayor distancia entre ambos.
No fue detrás de Ellie como todo su cuerpo proclamaba que hiciera, se quedó dando vueltas y vueltas, intentando aplacar su frustración y rabia. ¿Por qué había aparecido de todos los momentos ahora? ¿Por qué no podía dejarle en paz? ¿No había sido suficiente acosarle, hostigarle hasta quebrar su voluntad, forzarle a amarle y luego dejarle tirado por un cazador que se le volvió en contra? Al principio le había odiado, con cada fibra de su ser, pero con los años, ese odio se había vuelto amor de nuevo y finalmente, indiferencia. Había hecho las paces con lo que le había pasado. Ella le había manipulado, a él, su amor, sus sentimientos, jamás le había amado, simplemente jugado hasta que algo más interesante apareció. Pero, él había sido joven, y lo que ella le hizo tuvo sus consecuencias. Había caído en un profundo pozo de depresión. Descarrilado, desesperado por tenerla de nuevo. Vagó por años buscándola, sea para vengarse o amarla, y fue el tiempo, el conocer a gente nueva, como Julius, le ayudó a olvidarla. Ya no era una parte de su vida, si es que alguna vez lo fue. Y, ahora no la quería de regreso.
Era cerca de la medianoche cuando regresó al complejo. Hal, el portero, sentado detrás del mostrador cabeceaba dormido. Siguió andando al ascensor. Había intentado tomar algo de sangre, pero su estómago seguía cerrándose. Esos ojos triste y claros como el cielo en verano de Ellie seguían apareciendo en su mente y el apetito le eludía. Cómo explicar lo que no debería ser explicado cuando ella no estaba interesada en él de ese modo. ¿Por qué sentía que había cometido una traición en su contra?
Las puertas del ascensor se abrieron y fue como si recibiera un golpe. El delicioso aroma a su sangre le atravesó, llegando directo a su alma. Alzó la mirada del piso para encontrarse a Ellie dentro del ascensor. Iba de entrecasa, jogging, una camiseta holgada que la parecía tragar y su abrigo de paño verde. Su corazón muerto se aceleró, su estómago rugió vivo, con hambre, todo su cuerpo reclamando tomarla, clavarle los colmillos bien profundos y saciarse. -Hola.-le saludó ella ignorando cómo de enloquecido estaba.
Intentó controlar su impulso. Entró, presionó el botón de su piso y mantuvo la distancia de al menos medio metro. -¿Qué haces aquí afuera de noche?-el tono le salió demandante como si ella cometiera un delito.
-Fui a tirar la basura, pero cuando estaba llegando a mi piso, tú debiste llamar al ascensor y me trajo a ti.-
Volvió la cabeza mirándola con recelo, sus palabras resonando fuerte en su cabeza. “…me trajo a ti” ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué pretendía? ¿Estaba jugando con él? ¿Con Ben y él a la vez? Se volteó confrontándola. -¿Qué significa eso?-
Ella parpadeó.-¿Q-Qué?-
-¿Acaso no estás con Ben? ¿No te basta?-
-¿Qué? ¿De qué estás…-
Dio un paso a ella.-¿Porque me ves con otra crees que tienes el derecho de reclamarme?-
Se quedó boquiabierta, pasmada un momento antes de que la rabia estallara en su cara.-Me importa una mierda lo que hagas, Declan, sólo te dije hola, ¿cuál es tu maldito problema?-
Otro paso entrando en su espacio.-Tú eres mi maldito problema.-
-Pues, no volveré a hablarte si tanto te molesto.- su cálido aliento le acarició los labios.
Ella estiró el brazo por su costado alcanzando el botón y presionó para que el ascensor se detuviera en cualquier piso. El cubículo fue desacelerándose hasta pararse. Las puertas se abrieron y ella salió disparada.
Le agarró del brazo, arrastrándola de nuevo adentro.-¡Declan!-exclamó. La arrojó contra la pared y atrapó con su cuerpo.-¡¿Qué te pasa?!-había ferocidad en su voz, lágrimas en sus ojos.- ¡¿Por qué haces esto?!-
-¿Por qué crees que lo hago, Ellie?-su voz ronca, su parte vampiro queriendo salir. Oía el corazón de ella latiendo muy veloz, la sangre bombeándose caliente, llamándole cada vez más fuerte. Ya no podía contenerse.
-Estás loco.-le acusó.
-Estás equivocada, Ellie…-jadeó, sus ojos clavados en su yugular, podía ver la piel zumbando con la sangre pulsando a través de las venas.-Estoy hambriento.- se lanzó con la boca abierta.
Ellie gritó. Se detuvo. Sus colmillos puntiagudos y filosos, tocando su piel, pero sin penetrarla. ¿Cómo se había atrevido a hacerle esto? No podía. Era Ellie. Recobró la muy poca cordura que le quedaba y retrajo los colmillos, pero no se alejó, permaneció inmóvil, respirando con dificultad en su cuello. Ella también respiraba aceleradamente, sus senos elevándose y presionándose contra su pecho.
-Declan…-su mano acunó su rostro con suavidad. No pudo contener el temblor que le recorrió al sentir el tacto de su piel.-Declan, ¿qué ha pasado?- ya no había más que preocupación en su voz. -¿Ha sido esa mujer?-
Tragó saliva por su garganta seca como un desierto. Se hizo para atrás, lo suficiente como para mirar su cara y sintió un enorme remordimiento al ver esos ojos devolviéndole una inocente mirada. “¿Cómo había podido ser capaz de atacarla? Ella era tan buena, tan cariñosa con él, ¿y él la lastimaba?” Y, estaba seguro de que si no se hubiera detenido cuando ella gritó, no lo habrían hecho en absoluto. La hubiera drenado hasta dejarla seca y muerta.
Ante ese aterrador pensamiento, se apartó bruscamente hasta chocar contra las puertas del ascensor que se había vuelto a cerrar dejándoles encerrados.-Aléjate de mí, Ellie.-se volvió cubriéndose el rostro con las manos, no quería que viera el monstruo que era.
-Declan…-sintió su mano tocándole el hombro.
Se corrió de golpe. -¡Vete!-
-No, Declan, no lo haré. Me quedaré contigo lo quieras o no.-su voz salía determinada.
Le costaba respirar, cada vez que lo hacía el dulce aroma a su sangre entraba nublándole lo poco de cordura que le quedaba. -Ellie, estás en peligro, aléjate.-
-¿De ti?-bufó.- No te tengo miedo, Declan. Somos amigos.-
Despacio descubrió su rostro y la miró. -No, no lo somos, Ellie.-
Y, vio el impacto de sus duras palabras en ella. Fue como si le hubiera dado una bofetada. De inmediato quiso retractarse y pedir por su perdón, pero sabía que no era lo mejor. Agarró las puertas por la unión y con su fuerza vampírica las forzó a abrirse. Salió del ascensor dejándola sola.
Días pasaron, con él evitándola o quizás ella también evitándole a él. Se sentía fatal, terriblemente arrepentido por cómo actuó. Deseaba tener el poder de volver el tiempo atrás y no entrar en ese ascensor, pero a la vez, prefería las cosas tal cómo estaban. Al tenerla en la distancia no sentía lo que sentía cuando la tenía cerca y finalmente podría olvidarla, porque no creía en eso de las almas gemelas, había pasado bastante tiempo vagando y jamás se había encontrado con un vampiro que le hablara de eso hasta Julius.
Se acercó a su ventana y miró hacia abajo a las calles repletas de gente y coches. Involuntariamente, su oído se agudizó, rastreándola. La había oído salir de su departamento saludando a Ben, en lo que asumía su segunda cita. Eso le quemaba por dentro pero a la vez intentaba aferrarse a que era lo mejor. Cada uno por su lado y cortando lazos.
Les oyó conversando sobre cosas banales como el clima, lo hermosa que ella se veía y luego entraron al coche de él. El sonido del motor llevándosela consigo perduró en su cabeza un largo tiempo. Suspiró.
La piel se le puso de gallina segundos antes de sentir su brazo envolverle por detrás, su mano metiéndose entre los espacios de los botones de su camisa tocándole el pecho. -¿Qué haces aquí, Amalia?- la voz le salió con sorpresiva serenidad.
-¿Por quién suspiras, mi amor?-le susurró al oído y atrapó entre sus labios su oreja y chupó.
Se abrió de sus brazos con brusquedad.-¡Largo, Amalia!-
-Declan, cariño, vamos, déjame darte amor.-volvió a acercársele, sus manos como lianas queriendo envolverse alrededor suyo de nuevo.-Puedo hacerte olvidarla.-besó su mejilla.
Le apartó de un empujón.-No tengo idea de lo que hablas y no me importa, te quiero fuera de mi vida, ¿está claro?-
-Ambos sabemos que estás mintiendo. Me deseas.-
-No siento nada por ti.-dijo en serio cada palabra.
Ella tan sólo se le quedó mirando con esa sonrisa engatusadora. Dijo de pronto:-Tienes hambre.- Apretó la mandíbula con fuerza. Ella comenzó a caminar alrededor suyo, un dedo rozándole el pecho. -No has bebido en días. Yo puedo ayudarte.- se detuvo a su espalda, hubo un sonido de suave rasgado y le pasó el brazo de nuevo por los hombros. Le mostró el interior de su muñeca dónde se había hecho un corte con la uña.-Bebe.-
Las aletas de su nariz se dilataron tomando una profunda inhalación de su sangre. Tenía hambre, sí, pero sabía las implicaciones si tomaba de la suya. No terminaría en nada bueno. Le apartó la muñeca de su cara.- Fuera de mi casa, Amalia. No beberé de tu sangre ni aunque mi vida dependiera de ello. –
El brazo de ella se enredó alrededor suyo y aplastó su muñeca contra sus labios. -¡Bébeme!-
Su cuerpo, fuera de su control, al sentir la cercanía de la tan necesitada sangre, empujó su lengua entre sus labios empapándose de su sangre, y desde ese momento, toda lucha y resistencia, se quebró. Le agarró de la muñeca manteniéndola con fuerza contra su boca mientras bebía con avidez. Su cuerpo poco a poco fue recuperando las fuerzas perdidas, y con ello vino otro tipo de hambre ligado a la sed de sangre. Lujuria.
No quería sentirlo, no la deseaba, pero su cuerpo reaccionaba respondiendo a los gemidos de placer que ella emitía. Se excitó. De algun modo terminaron en el piso, él encima de ella, su boca pegada a su cuello, los colmillos profundamente enterrados en su carne, bebiendo insaciable. –Ah, Declan…-ella gemía y retorcía bajo su cuerpo, sus caderas rozándose contra la enorme excitación de su entrepierna.
Cuando ya el hambre de sangre fue saciada, sus labios buscaron los suyos, necesitando sentir labios pidiendo por el, el cuerpo femenino moviéndose contra el suyo, caricias llenando el vacio que sentía. La tomó de la nuca, mientras forzaba a sus labios a abrirse más, su lengua hundiéndose en su boca, tomándola con fuerza y vehemencia. No había pasión, sólo una necesidad ser aplacada.
Las piernas de ella le envolvieron, sus caderas encajando contra las suyas. Comenzó a meciéndose, intensificando ese fuego. Estaba tan duro que podía taladrar una pared, y definitivamente quería romperla a ella. Rodaron por el piso, sin para de besarse. Él le rasgó el frente de su blusa abotonada y siguió con su sujetador. Cubrió con su boca su seno y lamió su pezón antes de morderle. Ella gimió.-Oh, Declan, sí…-las manos de ella intentaron tocarle pero él se las mantuvo contra el piso mientras chupaba, amantándose de su sangre.-Eso es, bebe de mí, cariño…-le decía ella entre jadeos.-Soy tuya, tómame.-
-Oh, Ellie, cuánto te amo…-gimió contra su piel.
Se detuvo en seco. Amalia levantó la cabeza, la pasión en sus ojos tornándose enfado. -¿Quién demonios es Ellie?-
Se apartó bruscamente de ella, de cierto modo agradecido de que le impidieran cometer el terrible error de tener sexo con Amalia. Se puso de pie dándole la espalda.-Vete.-se limpió con el dorso de la mano su sangre de la boca.
La oyó pararse también.- ¿Quién demonios es ésa Ellie, Declan?-dio un paso cerca. - ¿Es por la que suspiras?-
-No sé de qué hablas, ahora vete, por favor.-le pidió sin voltearse, apretaba las manos en puños para que no se notara cómo temblaba. “No podía ser cierto” “Fue un simple tonto deslice”
Amalia agarró del hombro y forzó con su fuerza vampírica a voltearse y confrontarla. Su blusa rasgada colgaba abiertas exponiendo sus senos de los que escurría sangre por su pálida piel. Tenía los ojos rojos furioso, como cuando estaba a la caza. -Dime quién es esa zorra o cazaré a todas las Ellies del planeta hasta encontrarla.- amenazó.-Quizás empiece con esa chica de las compras, ¿la recuerdas?-
Eso alzó una furia como nunca jamás sintió. Sus propios ojos oscurecieron, absolutamente negros como el ónix, los colmillos bajando. Quizás no era tan viejo y poderoso como ella pero había en él una nueva fuerza proveniente del temor y voluntad a impedir perder a Ellie. Dio un paso amenazante a ella.-Atrévete a tocarla –su voz deformada.- y te juro que me aseguraré de que no veas otro anochecer, Amalia.-
La regocijante sonrisa en su cara, vaciló un momento impactada por su declaración, pero enseguida la recuperó. -Entonces, está dicho. Despídete de ella.-se giró veloz a la puerta, pero él le alcanzó. Le agarró de los hombros y lanzó al piso. Se le abalanzó. Rodaron entre puñetazos y patadas.-¡La degollaré! –gritaba ella con los colmillos fuera.- ¡La desangraré y beberé su sangre mientras tú me miras hacerlo!-
Se puso aún más enloquecido. Alzó su puño para golpearle, cosa que jamás había hecho a ninguna mujer en su vida, pero ella se le adelantó, levantó su pierna y estampó la planta de su pie en su pecho. Salió volando para atrás e impactó contra la pared. La vio ir de nuevo a la puerta. Se incorporó rápido y voló a ella. La agarró del cuello y estampó contra la puerta.–Te lo advierto, Amalia, tócala, acércate a ella, y serás cenizas.-
-Pues, entonces, ya veremos quién atrapa primero a quién.-dijo y le dio un rodillazo en las bolas seguido de un puñetazo que le mandó volando dando giros por el aire y estrellarse contra la pared. Golpeó el suelo perdiendo la conciencia.
Despertó soltando un gemido de dolor. Se incorporó despacio. Su cuerpo era resistente a los golpes, pero no cuando un vampiro antiguo te daba una paliza casi de muerte. De pronto recordó las amenazas de Amalia. –Ellie.- se puso de pie al instante olvidándose del dolor y corrió a la puerta pero no llegó porque su mente tomó control y le teletransportó directo a su piso. Impactó su puño en la puerta una y otra vez hasta que finalmente abrió. –¿Declan?-preguntó ella mirándole confundida. Estaba en pijamas blancos con pequeños corazones lilas. La había despertado.
El alivio que sintió al verla a salvo, fue inmensa. Se le desplomó atrapándola en un abrazo.–Estás bien, estás bien…-se repetía para sí mismo.
Ella se tambaleó para atrás por el peso de su cuerpo. Por un momento los brazos le colgaron a los costados tomada por la sorpresa y luego, despacio le rodearon y abrazó. -Declan, ¿qué sucede? ¿Ha pasado algo? ¿Estás bien?-
Él respiró llenándose de su perfecto aroma. Poco a poco se fue recuperando. Se hizo para atrás. -Pensé que tú…-no terminó, se quedó mirando a esos ojos aguamarina devolviéndole una mirada inocente, ignorante al peligro que él la había puesto. Sacudió la cabeza.-Lo siento.- le soltó.- Lamento haberte despertado.- dio un paso atrás. –No volveré a molestarte.- giró para irse pero la mano de ella le agarró la muñeca.
-Espera, - le pidió.- no te vayas, hablemos, por favor.-
Reunió todas sus fuerzas para decir: -No, Ellie, mejor no.-
Deslizó su muñeca de su mano, pero ella se la agarró más fuerte.-Declan…-
Le miró por encima del hombro encontrando su mirada triste y desesperanzada.-Ellie, déjame ir, por favor.-
Un largo segundo pasó antes de que los dedos de ella lo hicieran y aflojaran su agarre. Volvió el rostro al frente y se fue sin mirar atrás.