Todo se había vuelto incómodo y tenso entre ellos. Había maltratado, casi atacado, rechazado y puesto en peligro a Ellie. No entendía cómo ella seguía intentando querer acercarse, hacer las paces. Era tan buena. Y, era por es que él mantenía las distancias, para protegerla. Aun si significaba ponerles a ambos en una pura agonía.
Las puertas del ascensor se abrieron y él salió. Iba a encontrarse con el agente inmobiliario para hacerle saber que abandonaría el departamento y que podía ponerlo en alquiler en cuanto se fuera. Se le desgarraba el alma ---que no poseía---pensar en abandonar el lugar que ahora sentía como hogar. Pero, sólo era un hogar porque Ellie estaba allí. Atravesó el hall en dirección a las dobles puertas de cristal. Estás se abrieron con alguien entrando y para su mala suerte, fue Ellie. Iba hablando al teléfono celular. -Sí, sí, no se emocionen demasiado, ¿vale?- sus ojos se encontraron con los suyos y su voz se fue apagando hasta un susurro:- Sólo somos amigos y le llevó porque ustedes insisten.-.
Del otro lado de la línea su amiga chillaba eufórica:-¡Finalmente! ¡Ya quiero conocerle! ¡Ah, cómprate bragas nuevas!-
-Olvídalo.-masculló ella apartando su mirada un breve segundo y luego regresarla. Su mano se alzó como si fuera a saludarle pero él desvió la mirada fingiendo no conocerla. Continuó caminando. Le dolió hacer eso, pero se convenció de que era lo mejor. Tenía que serlo.
Salió a la calle como si el edificio le escupiera. “¿Por qué tenía que ser ella? “¿Por qué tenía que ser así de complicado?” No podía continuar tratándola de esa manera, como si no importara, como si no fuera en todo lo que pensaba día tras día, noche tras noche. Aun si era por su propio bien, no se sentía correcto en absoluto.
De pronto, las palabras de su amiga saltaron a su mente. “¡Finalmente le conoceremos!” ¿Qué significaba? ¿A quién finalmente iban a conocer? No podía ser que quizás…¿El plan de llevar a ese Ben a la fiesta de la amiga de su amiga, aun seguía en pie? Apretó las manos en puños, celos y rabia cegándole. Se giró mirando al complejo y agudizó el oído.
-Vamos, anímate, tienes un gran chico en tus brazos, deja entrar a la felicidad.-le decía su amiga.
Ellie suspiró.-Lauren, en verdad no estoy de humor para seguir con esta conversación. Lo he dejado claro un montón de veces, sólo somos amigos.-
-Que te llevan a comer, al cine, de paseo.-continuó su amiga.
-Lauren, por favor.-
-Vale, no insisto más, tú sabrás.-hubo una pausa.-¿En serio no quieres contarme qué pasó que estás tan…bajoneada?-
-No.-
-¿Segura?-
Ellie suspiró de nuevo.-Estoy entrando al ascensor, te llamo luego, ¿sí?-y le colgó.
Se sintió terrible el saber lo triste que Ellie estaba a causa suya. Sólo podía aferrarse a la esperanza de que a futuro estaría librándoles de un terrible dolor de cabeza a ambos.
Entró a un callejón y luego de comprobar que no había nadie alrededor, se teletransportó. Apareció dentro de su bar para vampiros donde podías conseguir a toda hora sangre fresca sin necesidad de rebajarse a cajeras de supermercados o mendigos y prostitutas con posibilidad de contraer todas clases de enfermedades. Nadie más que ellos podían ingresar porque no había puertas de acceso, la única manera era teletransportándose y para eso está más que dicho, debías ser vampiro.
Se desplomó en uno de los largos sofá. La mesera se le acercó.-Buenas noches, ¿puedo ofrecerle algo para beber?-su larga cabellera de rizos rojizos caía en cascada sobre su hombro derecho exponiendo el otro lado de su cuello en una invitación.
Le hizo gesto con el dedo para que se acercara.-Tú.-
Ella obedeció. Los empleados allí no sólo estaban para ofrecer bebidas alcohólicas sino también su propia sangre. La pelirroja tomó asiento a su lado y estiró el cuello ofreciéndoselo. Se agazapó sobre ella, los colmillos emergiendo.
-Muérdela y le rompo el cuello.-dijo una voz de mujer que le fue irritantemente familiar.
“Amalia”, maldijo por dentro. Se hizo para atrás guardando los colmillos. Le lanzó una mirada de mala muerte que ella ignoró por completo porque tenía sus ojos trabado en la pelirroja.-Esfúmate, zorra.-le echó con un movimiento de su mano y la chica se puso de pie y se fue. Amalia ocupó su lugar.–Te he extrañado, amor.-le acarició el pecho.-No paré de pensar en ti mientras Luis me follaba.- él le frunció el ceño. -¿Qué? Me dejaste sexualmente frustrada. Era él o mis dedos, y a pesar de que no me folló como una bestia como tú, sirvió.-
Le apartó de un manotazo la mano del pecho.-¿Qué quieres, Amalia?-
Ella le dio una de sus sonrisas seductoras.-A ti, caramelo.-se inclinó a su cuello y lamió. -Extraño cómo me tocabas, cómo me agarrabas y hacías el amor…-
Le agarró de las muñecas apartándola de su cuerpo.-Detente.-
-¿Por qué? ¿Temes que los buenos recuerdos te lleven a mí de nuevo?-
-No.-
Ella se le quedó mirando a sus ojos como si buscara la mentira detrás de sus palabras, y al no encontrarla hizo una mueca. –Bien.- se giró haciéndole gesto con la mano a una de las chicas que estaba en el bar para ofrecerse voluntariamente a que bebieran de ella.-Ven, cariño, no morderé.-
La joven se sentó y Amalia le acarició la cabeza, bajando su mano por su cabello al rostro. Su larga uña carmesí delineó su mejilla hasta llegar a sus labios. La chica no se veía asustada y por la cantidad de mordeduras en su cuello, no era su primer rodeo. Amalia se palmeó el hombro y la chica descansó la cabeza allí, exponiendo su cuello. Amalia se encorvó sobre la joven y le hincó los dientes. Hubo una mezcla de suspiros y gemidos de placer provenientes de la chica mientras Amalia bebía de ella.
Estaba hartado de la conducta posesiva de Amalia. Se levantó para irse, pero la mano de ella se cerró alrededor de su muñeca con toda la fuerza de su edad y le forzó a quedarse sentado a su lado mientras bebía. Cuando acabó, levantó el rostro de la joven que seguía recostada sobre el respaldo del sofá, drogi. Se limpió los restos de sangre de los labios con una servilleta y le guiñó el ojo con coquetería antes de volverse de nuevo a la chica. -Gracias, dulzura, estuviste muy bien.- acunó su rostro entre sus manos y con un sólo movimiento le giró la cabeza quebrándole el cuello.
Se paralizó, estupefacto. Amalia soltó a la chica y su cuerpo se desplomó sin vida en el sofá. Se giró de nuevo a él, una sonrisa gatuna en su cara. -Uno.-paseó la mirada por el bar.- ¿Quién será mi próxima víctima?-
-Amalia.-protestó.
-¿Sí, amor?-
-Para.-
-¿Parar?- se rió. -Si la fiesta acaba de empezar.-
Su mano tentó acariciándole la mejilla pero él se la apartó de un golpe.-Detente ahora mismo. No me hagas tener que hacerlo yo.-
-No me amenaces, cachorrito, -le sonreía dulcemente.- no tengo buenas reacciones a eso.-
-¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?-
Ella le mantuvo la mirada, y él podía ver los diabólicos engranajes de su cerebro moviéndose para enredarle en otra de sus redes.- Vale, no voy a matar más, si haces una pequeña cosita por mí.-
Su ceño se profundizó.-¿Qué?-
-Matarla.-
-¿Qué?-
-Mata a esa que te tiene enamorado y no lo tendré que hacer yo.-
-Amalia.-gruñó.
-…lo que es bueno.- ella continuó hablando.- porque si no desollaré su piel trozo por trozo, regocijándome de sus gritos de agonía, para luego destriparla…-
-¡Amalia!-le salió en un fuerte rugido. Estaba fuera de sí, aterrado, enfurecido, imaginándose a Ellie siendo torturada y asesinada.
Ella le miró con sorpresa antes de rápidamente enmascararlo con su habitual sonrisa seductora.-Y, en verdad no quiero, me acabo de hacer la manicura y me quedó preciosa, ¿no crees?-se admiró las manos, sus uñas del mismo rojo sangre de siempre.-¿Estamos claros? –trabó la mirada en él.- La quiero muerta para la próxima luna llena o de lo contrario me ocuparé yo, y no quieres eso. Me tomaré mi tiempo jugando con ella.-
No respondió, no podía, su cuerpo entumecido por todas las fuertes emociones bombeando en su interior. Ella se sonrió complacida.-Mira lo buena que soy. Te doy permiso a que vayas con ella, te la folles para que te la saques del sistema y luego la mates. Elige el método que quieras, no me importa. –el rostro se le oscureció.-Sólo no la quiero respirando de nuevo. ¿Entendido?-
Se puso en pie, y abandonó la mesa.
Deambuló por las calles, pensando una y otra vez qué hacer, cómo detener a Amalia. ¿Esconder a Ellie y simular que había muerto? No. Amalia era demasiado astuta, lo averiguaría enseguida. ¿Entonces? ¿Matar a Amalia? No tenía ningún pensamiento o sentimiento que se opusiera a ello más que era muy difícil matar a un antiguo. Tenían experiencias y habilidades que alguien menos de la mitad de su edad, tenía. No sabía qué hacer, pero una cosa era segura. Ellie no moriría.
Regresó al complejo y aun no tenía una respuesta. Se dirigió a las puertas, cuando vio a un sujeto en actitud sospechosa parado junto a un árbol, fumando y mirando hacia la entrada. No supo por qué, pero le dio mala espina.
El sujeto notó que le estaban mirando, arrojó el cigarro al piso, lo aplastó con su bota, y se giró y se fue.
Frunció el ceño mientras le observaba desaparecer en la oscuridad. Definitivamente había algo malo con ese tipo.
Entró a su piso y se fue a dar un baño. Necesitaba relajarse. Aunque realmente no lo obtendría, su mente era un campo de batalla pasando de un pensamiento aterrador a otro. Se sumergió en la bañera y cerró los ojos intentando apartarlos de su mente.
Se le ocurrió poner algo de música y estiró el brazo para tomar su celular del piso fuera de la bañera, cuando recordó que Ellie dijo que le gustaba la música clásica. Eso trajo otro tipo de dolor a su pecho. Todo lo que hacía o no hacía, le llevaba de regreso a ella. Se hundió en el agua y la tristeza.
Se quedó dormido bajo el agua, lo que no importaba porque no necesitaba oxígeno. Se levantó, el agua chorreando de su desnudo cuerpo, y tomó la bata. Caminó al dormitorio, pero el estómago le empezó a rugir con hambre. No había podido comer gracias a Amalia. Se dirigió a la cocina y saco del frigorífico una de las desagradables bolsas de sangre que sólo tenía en caso de emergencia. La metió en el microondas y esperó a que se calentara.
Suspiró. Se preguntó qué estaría haciendo Ellie ahora. Probablemente durmiendo, era bien de madrugada. Pero de todos modos se puso a escuchar. Quería oír su corazón latir.
Concentró su mente y la encontró. Cerró los ojos, relajándose con el sonido de su suave palpitar.
De pronto, una fuerte voz masculina entró en su radio.
-Sí, sí, no te preocupes, tú sólo ocúpate de terminar los papeles de la póliza de seguro. -decía la voz que no tardó en reconocer como de ese cretino de Ben.-Tienes su foto e información, en cuanto estén listos…-
-Ay, Rubén, cariño, parece que no me conoces…-le interrumpió la mujer con la que estaba hablando por teléfono. -Ya los envié la semana pasada.-
-¡Esa eres tú, mi turroncito, tan perfecta y hermosa! ¡Te amo!-le celebró Ben.-Fantástico, entonces, ya está todo en marcha, mañana iremos a la estúpida fiesta y allí sucederá. –él hizo una pausa.- Ahg, de sólo pensar que pasaré horas con ella sola en el coche, me hace querer pegar un tiro. Es tan malditamente aburrida.-
-Lo sé, hasta su nombre, Ellie Martindale, -ella puso voz burlona.- suena aburrido.-
-¡Dios! No la soporto. Si no fuera por toda esa cantidad de dinero…-
-Y, mira qué suerte tuvo la mosquita muerta. Le limpia el culo a la anciana y ésta cae muerta dejándole toda la herencia. Vaya, maldita hija de puta.-
-Putita es, si vieras la manera desesperada con la que me lanza miradas como bengalas para que le dé un poco acción…-silbó.
-Como la toques, Rubén, estás muerto, ¿oíste? No quiero ni que le tomes de la mano.-
Él rió.-Corazoncito, sólo tengo ojos para ti, eres la constelación que me guía. Esa zorra no es competencia en absoluto, de ti, tu belleza, tus curvas…tu coño dulce y jugoso…-el tono de voz de él se volvió bajo y ronco.-Dime, nena, ¿Qué llevas puesto?-
Ella ronroneó.-Mnn, quizás…una tanga…-
-¿Arriba?-
Ella ronroneó de nuevo.-Nada.-contestó entre risitas.
Declan desconectó su oído antes de quedar más traumatizado. Sólo mente era un vaivén frenético repasando la conversación. Ben, o mejor dicho, Rubén, con su novia, planeaban algo horrible con Ellie. Había sabido desde el primer momento que tuvo la desgracia de posar sus ojos en él, que era una rata podrida, pero no pensaba hasta tal punto. Ellie era un ángel, demasiado buena para pensar mal de las intenciones de otra persona, y eso le jugó a favor, pero Rubén no contaba con una cosa.
Él.
CAPITULO 5 PROXIMAMENTE...