El viento esa noche soplaba suavemente y mecía los enormes árboles que adornaban la entrada de la casa, parecían festejar el encuentro y guardar para sí los besos que verían darse a dos amantes enamorados que sufrían sin estar juntos. Aplaudían con sus ramas el encuentro aunque lo pies de los amantes aún seguían pegados al suelo y separados. Sus ojos hablaban por ellos y el miedo a cometer otro error lucia en el paisaje como la mancha equivocada de un pintor que al verla en su obra de arte, se niega a verla arruinada e imagina que puede crear con ella. Diana; Sé que debía esperar una semana más, que sólo debía llamarte y no venir, ¡pero ya no podía más! Sé que decir te amo en momentos como estos solo puede sonarte a mentira, ¡pero es mi verdad más grande! ¡Te amo con toda mi alma!

