Ella, habló con su familia respecto a su viaje, todos estuvieron de acuerdo, pero no dejaban de pensar que había pasado con su relación.
Un día su madre sin decirle nada a nadie, lo llamó, para saludarlo, él le contestó, amable y cariñoso, como de costumbre, le preguntó por toda la familia, pero no ahondaron en nada, fue una charla bonita, donde se sentía el afecto de parte y parte. La señora le contó que su hijo, estaba construyendo, un Centro de Rehabilitación con la familia, aprovechando que era ortopedista y conocía todo sobre el tema, que era algo demorado, que incluso se había apoyado con el Director de la clínica donde él trabajaba, a él le agradó la noticia, les deseó muchos éxitos; por ella en particular no pregunto, y la mamá tampoco quiso decir nada de su viaje.
Él se encontraba cenando con sus padres y hablaron de ella, su mamá le preguntó qué había ocurrido, cuando todos pensaban que pronto anunciarían su boda, él sonrió con nostalgia y contestó que él también esperaba eso, pero que quizá no era la pareja que ella necesitaba y nada más, su madre percibió cuánto daño, le producía hablar del asunto, y cambió la conversación.
Su mamá, como buena yoguini, le recordó que “el Destino era como un río que fluye en el que estamos inmersos, el río nos lleva hacia adelante, eso está determinado y no tenemos elección, pero sí podemos decidir, si queremos fluir a la velocidad de la corriente, o resistirnos, pero al querer ir contra corriente, podemos perder el rumbo” así que lo mejor era dejar que todo fluyera, el mismo Destino se encargaría de juntarnos con las personas adecuadas; “el Destino es imprevisible y muchas veces nos hace sentir con las manos vacías, a veces nos deja entrever destellos de orientaciones y otras nos sume en una oscuridad absoluta, lo mejor es hacer del Destino un inquebrantable aliado, pues a pesar de sus caprichos, siempre nos tiene algún puente para no estancarnos”. Su hijo asintió, con la cabeza, y se quedó reflexionando, en las palabras de su madre.
Alguna vez, les había presentado, a su amiga, la fisioterapista, almorzaron juntos, la chica les había agradado, era educada, simpática, trabajadora, y juiciosa; y a leguas se veía el interés por su hijo, tal vez podría ser la mujer justa para él.
Ella se encontró con su amigo y su novia, le comunicaron que habían decidido casarse, esto la alegró mucho, querían que ella fuera la madrina, les contó sobre su viaje, su amigo le dijo, que cómo era posible que hubiera dejado al yogui, que era una gran persona, y que la amaba de verdad, que él había pensado que era el hombre preciso; ella sonrió con tristeza, y contestó que a veces las cosas no funcionan como uno piensa, y cambió el tema, se enfrascaron en hablar sobre su futura boda.
Al siguiente día, la llamó la enfermera, ella le contó que se había encontrado con su amigo y que se casaría, que eso la había puesto muy feliz; se despidió pronto, no quería que le contara nada de él, de lo feliz que estaba con su nueva novia, no le dijo nada sobre su viaje, a veces le molestaba un poco la forma de ser de esa mujer, incluso había pensado en no responderle más, pero al final, creía que eran cosas suyas, de su imaginación, que en verdad le había tomado cariño, que se preocupaba por su salud, y le respondía.
Él llegó al centro de rehabilitación, la enfermera lo esperaba, le contó que había hablado con su exnovia, que estaba feliz porque se iba a casar, él estaba agachado, revisando unos documentos, mientras ella hablaba, sintió un corrientazo por todo su cuerpo, levantó su rostro y la miró, y solo dijo ¿qué? ella siguió hablando como una cotorra, le dijo que se casaría con su amigo, el del accidente, que como él siempre había estado enamorado de ella, que seguro se lo habría contado, y que para ella no era nada indiferente, pero que hasta ahora, ella se había dado cuenta de sus sentimientos, así que decidieron consolidar su relación.
Él contestó, ah que bueno, espero que sean muy felices, se despidió de la tóxica enfermera; todo le pareció tan extraño, siempre se comportaron como los mejores amigos, es más, el muchacho, al parecer, siempre apoyó su relación, no entendía, pero tampoco quería entender.
Se dirigió hacia el consultorio de su amiga, la fisioterapista, ella se afanó porque lo vio un poco pálido, él solo le pidió una taza de té y le contó que había recibido una noticia que no esperaba, y le refirió algo de lo que la enfermera le dijo, a ella le extrañó mucho y le preguntó si estaba seguro, él le dijo que al parecer el día anterior había hablado con la enfermera y se lo había contado, que al parecer se habían vuelto muy buenas amigas y confidentes, así que, quizá era verdad, su amiga trató de animarlo, pero no lo consiguió.