Selene Me quedé allí, acariciando a Milo a través de los barrotes, mientras escuchaba los pasos de Kael alejarse. Algo había cambiado en él, lo sentía. Pero no sabía si era suficiente. El cielo seguía gris, como si reflejara el torbellino de emociones en mi interior. Suspiré, apoyando la frente contra la jaula. —¿Qué hago, Milo? —susurré. —¿Me quedo? ¿Me voy? ¿Le doy otra oportunidad? El mono solo me miró con sus ojos grandes y oscuros, sin respuestas. Quizás esa era la clave, no había respuestas fáciles. Solo decisiones difíciles. Pasé parte de la mañana vagando por el zoológico, tratando de aclarar mis pensamientos. Los animales parecían sentir mi inquietud; los elefantes me miraban con ojos tristes, los tigres paseaban inquietos en sus recintos. Regresé a la casa con pasos lent

