Selene La noche olía a perfume caro, pecado antiguo… y miedo. Apenas crucé el umbral de la finca, sentí que cada mirada era un cuchillo afilado deslizándose por mi piel. Los tacones resonaban sobre el mármol como latidos de guerra. El vestido n***o, ceñido y con una abertura lateral, revelaba lo suficiente para parecer provocativo… y ocultaba lo necesario para esconder el microauricular bajo la oreja y una pequeña aguja en el doblez del guante. Penélope Smith. Ese era mi nombre esta noche. Un nombre prestado, con documentos falsificados y una historia de lujo y excentricidad inventada para infiltrarme en la fiesta privada de Salvatore D’Amico. Una subasta disfrazada de gala. Un espectáculo para los monstruos con billeteras y almas vacías. Respiré hondo y sonreí. Las sonrisas falsas er

