Selene —No vuelvas a compararme con ese bastardo —siseó Kael, su voz baja y peligrosa—. ¡¡JAMÁS!! Él y yo no somos iguales. Expresó acercándose a mí con pasos lentos y deliberados. Yo retrocedí instintivamente hasta que mi espalda chocó contra la pared. Kael apoyó una mano a cada lado de mi cabeza, encerrándome entre sus brazos sin tocarme. —Escúchame bien, Selene —murmuró, su aliento rozando mi mejilla—. Yo no soy Marek. No te golpearé. No te violaré. No te mataré de hambre, ni te encerraré. Pero tampoco soy un idiota a quien vas a insultar cada vez que se te pegue la gana. Ni un príncipe azul que vino a rescatarte. No me veas como tu salvador, porque no lo soy, pero tampoco como tu verdugo. Sus ojos se clavaron en los míos, intensos, hipnóticos. —Soy un hombre peligroso. Un hombre q

