Debía reconocer que la madre de Melissa se había esmerado en la decoración. Toda la casa estaba conjugada con arreglos, que si no me equivocaba, eran del Manchester United. Además, habían muchas personas, aunque sospechaba que el cumpleañero conocía a menos de la mitad. Asumí que era una fiesta típica de adolescente con aire de superioridad. Apostaba a que Daniel era parte importante del equipo de fútbol de su escuela. Tal vez el capitán. Me senté en un sofá que afortunadamente estaba vacío, pues todo el lugar estaba abarrotado en pubertos. Melissa había ido en busca de unas cervezas para ambos, mientras que yo buscaba algún lugar para sentarnos. Al no haber dos asientos, Melissa tendría que sentarse en mi regazo. Simplemente brillante. Dejé que se dibujara una sonrisa en mis labios.

