Escondí mis lágrimas de los ojos de Omar. -Te envié un mensaje ayer por la noche. -No me mientas. No tenía ningún mensaje. -No estoy mintiendo, mamá.- ¿Por qué le mentiría con mi llegada? Si lo único que deseaba, era que supiera, que me viera, y que me diera un recibimiento acorde. No esperaba bombos y platillos, pero sí una mirada cálida. -Cómo sea. Debiste avisarme para haber preparado más almuerzo.- Dijo haciendo un gesto vago con la mano. -Lo siento, mamá.- Dije mordiéndome la lengua, para evitar decir algo más. Acababa de llegar, y no quería estropear el viaje. Lo del almuerzo era lo que menos me preocupaba, perfectamente podía pedir algo de comida a domicilio. La escena fue interrumpida por la llegada de Rocío. Mi hermana menor. Tenía diez años, y era tan colorina como yo, a

