Era sábado. Al fin. Desde sus mensajitos había estado bastante distraída, tanto en reuniones, como en cenas y en todo evento social al que iba. Me aterraba la idea de estar tan entusiasmada, pero ya. La espera había acabado. Me había despertado temprano en la mañana, sin dejar de seguir mi itinerario de fin de semana. Me levanté a las ocho, usé la trotadora, me duché, desayuné ... Hice todo tal cual, intentando no pensar en la cita de esta tarde. Cuando eran cerca de las seis, y antes de que comenzara a arreglarme, hice acopio de todo mi valor, y usé el teléfono familiar. Al segundo tono, contestaron. -¿Diga? -¿Mamá? -¿Quién es? - Aquí vamos otra vez ... -Mamá, soy yo. Toronjil. -Ahh ... Claro. ¿Cómo estás? -Bien. Llamaba para ver qué tal les van las cosas.- Escuché cómo se e

