Me dolía bastante la cabeza.
Llevé mi mano a mi sien para poder sobarla y aliviar la maldita punzada.
-Con calma.- Me dijo una voz que desconocí. Abrí los ojos y al lado mío, un hombre de bata, lo más probable el doctor, se apresuraba a examinar mi rostro. Me apuntó con una linterna a los ojos y la movió. Pareció satisfecho, porque se apartó y comenzó a hacerme preguntas.
-Nombre.
-Melissa.
-Bien, Melissa, ¿Me puedes decir dónde estamos?- Miré la estancia.
-Supongo que en un hospital.
-¿Recuerdas lo que pasó?- Hice un poco de memoria.
-Estaba... Iba en el auto.- No le iba a decir que iba sin cinturón ni que me había agachado a recoger el móvil.
-¿Algo más?- Negué con la cabeza. O al menos lo intenté. Recién ahí me di cuenta de que tenía un cuello ortopédico, limitando mis movimientos, junto a algo parecido a un yeso en mi mano izquierda.
Menos mal, pensé. Al menos podía seguir escribiendo y firmando papeles, ya que era diestra y no zurda.
-¿Qué... qué tan mal estoy?
-Lo suficiente como para que tomes un mes de licencia.
¿Qué?
-No... No debe ser tanto.- Intenté sentarme, para demostrar que no estaba tan convaleciente como parecía, pero el doctor me detuvo suavemente tocando mi antebrazo y haciendo un gesto con una intención clara: No te muevas.- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-El accidente fue ayer.
-Por Dios... No.- Me lamenté. La reunión con el señor Tobascio, la reunión de esta mañana, las acciones, el movimiento en la bolsa de valores, la cena en la mansión de los Rowarts, la sesión en la peluquería. ¡Dios! Iba a tener que hacer horas extra si quería reponer el tiempo perdido.
-La verdad es que te has golpeado bastante fuerte. Tienes muchos hematomas en el rostro y cuerpo, disociación en el brazo izquierdo, como ya habrás notado y un esguince cervical. Ah, y tu coche quedó bastante mal, por no decir que el motor murió con el impacto.- Dijo con una sonrisa, anotando algo en lo que parecía ser una agenda de notas. Volvió a chequear mis ojos, me dio un mini vaso con al menos cinco píldoras que me tuve que tomar y se dirigió a la puerta, asegurándome que volvería en unos minutos con un equipo médico.
-Doctor.- Lo llamé antes de que alcanzara a cerrar. Se volteó y me prestó toda su atención.- ¿Sería mucha molestia que me entregara mi cartera? Debo hacer algunas llamadas.- De pronto recordé el taxi.- Y si me pudiera decir cómo está el conductor del taxi, se lo agradecería mucho.- Dije recordando vagamente a alguien sacándome del auto. Si era el taxista, debía agradecerle.
-La verdad es que iban tres personas en el coche.- Lo que para mi, se traducía a pagar indemnizaciones.- Pero ya se les hicieron los chequeos correspondientes, y además de uno que otro hematoma y pequeño corte, no pasó a mayores. Lamento informarte que fuiste la más perjudicada.- Me respondió con una sonrisa de... ¿Compasión? Por favor, no.- Y con respcto a tu bolso... Creo que lo tiene uno de los hombres, no estoy seguro,- De nuevo, ¿Qué? ¿Por qué?- de todas formas no está permitido hablar por teléfono en este lugar. Encargados del hospital se hacen cargo de avisar a familiares.
¿Cómo le explicaba que la cosa no era tan sencilla con mi familia?
-Me gustaría avisarles por mi boca, para que no se preocupen. Ya sabe, las madres.- Hice un gesto vago con la mano. Qué hubiese dado yo porque mi madre pudiera preocuparse, o al menos saber de mi situación.
-Veré que puedo hacer, pero no te prometo nada.- Dijo y se fue, sin darme tiempo a responder.
Me pasé la siguiente media hora mirando la puerta fijamente, como si eso hiciera que por arte de magia alguien apareciera y me entregara mis cosas. Cuando pensaba darme por vencida, el doctor volvió a entrar con una cosa en las manos. ¡Mi bolso!
-¿Costó mucho dar con él?
-No, el hombre lo dejó en la guardia, ayer antes de irse.
-Perfecto.- Lo miré invitándolo a abandonar la estancia.
-Vuelvo en un rato. Una enfermera vendrá a chequear tu estado, y por favor, no uses esos teléfonos. Sólo para avisarle a tu familia .- Asentí.
Apenas cerró, saqué el móvil sin carcasa, el personal. ¿Quién me habría llamado? Busqué ansiosa, y por qué no decirlo, emocionada. Llevaba bastante tiempo sin tener noticias de mi 'familia', y que me haya sonado el móvil era por algo. ¿Estarán bien?
Desbloqueé el aparato y busqué en llamadas perdidas. Un número desconocido.
¿Habrán cambiado de número y me llamaron para avisarme? Me pregunté.
Marqué el número y esperé. Tres tonos sonaron y contestaron.
-Aprovecha ya, el nuevo plan de telefonía fija e internet móvil. Sólo por este mes, exclusivo para ti. Recuerda llama...- Corté.
Algo se quebró dentro de mi. Solté una carcajada seca e irónica. Luego miré mi cuerpo, tumbado en una camilla de hospital. Tanto alboroto por una llamada de una jodida compañía telefónica.
Nada de mi 'familia'. No habían sido ellos. Era lógico, ¿Por qué me iban a llamar? ¿Qué era yo para ellos?
Sequé con disimulo una traicionera lágrima que corrió por mi mejilla sin permiso. Sólo una, ni una más. Hice lo que siempre hacía: me refugié en el trabajo.
Saqué con rapidez el móvil rosa, guardando el otro en el fondo del bolso.
-Vanessa.- Dije cuando descolgaron.
-Señorita Melissa, ¿Se encuentra usted bien? Nos hemos enterado del accidente.
-Sí. Necesito que elimines todo rastro del acontecimiento. Nada en redes sociales... Nada de nada. Encárgate de borrar todo lo que haya en internet.- Debía asegurar que nada saliera a la luz, si es que no había salido algo ya. Todo podía afectar la imagen de la empresa, a mi parecer.
-Perfecto. ¿Algo más?
-Envía una tarjeta de disculpas al señor Tobascio y a su señora. Resérvales una cena en el mejor restaurante de a ciudad y dale las explicaciones pertinentes. Va por mi cuenta. Y reprograma la reunión para más tardar el viernes.
-Estoy anotándolo justo ahora. ¿Necesita que le llevemos algo al hospital?
-Pretendo salir hoy mismo. Dile a Dan que me venga a buscar.
-Bien. ¿Es todo?
-Contigo, sí. Hasta luego.- Le dije y corté. En seguida saqué el otro móvil y volví a llamar.- María,- Dije a modo de saludo, e impidiendo que comenzara a preguntarme sobre mi estado.- Necesito que busques información sobre este hospital, búscalo con el GPS del móvil. Necesito a todos los ingresados ayer en la tarde, en la sección de Urgencias, y a la misma hora que fui ingresada yo.
-Perfecto, señorita. ¿Algo más?
-Envía una tarjeta de disculpa a la mansión de los Rowarts. Explícales lo que ha pasado y organiza una cena en mi departamento. Que esté todo listo para mañana en la noche.- La puerta se abrió y el doctor me miró con el ceño fruncido. Era obvio que me había descubierto.- Te tengo que dejar. Me avisas cualquier cosa.
-Sí, señorita.
-Yo creo que para mañana en la noche no hay nada.- Dijo el doctor cerrando atrás suyo.- No saldrás de aquí, como mínimo en dos semanas, como máximo, en un mes, dependiendo de tu comportamiento.
-No puede hacer eso. Sería retenerme contra mi voluntad.- Dije con la frente en alto. No me quedaba nada más que el trabajo, y lo tenia que cuidar. Caminó a paso lento y se sentó en la punta de mi camilla, observándome.
-¿Cuántos años tienes?- Era obvio que el lo sabía, probablemente estaba en la fucha que llevaba en la mano, pero por alguna razón, quería que se lo dijera yo.
-¿Importa?
-Claro.- Lo miré directamente a los ojos. Eran de un verde claro, demasiado claro.
-Veintiséis.
-¿Te das cuenta de lo que es tu vida a tan corta edad?- Lo miré. Para mi sorpresa, no me recriminaba, sólo me miraba intentando que comprendiera su punto. Aún así, contesté de mala forma. No era la primera vez que me decían cosas como esas, por lo que ya sabía el rumbo de la conversación.
-¿Y qué quiere que haga? ¿Que sea una vaga? Salí a los dieciocho de la secundaria, tuve un año de relajo, más los cinco años de Universidad, a los veinticuatro ya terminé todo. ¡No estoy para perder el tiempo! ¡Tengo lo que todos querrían tener! ¡Estoy en el lugar donde la mayoría no puede estar! Que haya sabido organizar cada minuto de mi vida no es algo malo... Es lo que me trajo a donde estoy ahora.
-¿A una camilla de hospital?- Me dijo irónico.- Sé quien es, señorita Melissa. Sé de sus logros y de su exigencia, pero como médico, le informo que lo que hace tiene consecuencias, un derrame cerebral, por ejemplo, sería un accidente peor que el de ayer.
-Sé lo que hago. Ya estoy bastante crecida.
El hombre bufó como si se hubiese gastado por nada. Y realmente lo había echo.
Lo lamentaba por él, pero trabajar me gustaba, y era verdad, había conseguido los logros que otros no, en sólo dos años. Dos años. No era nada, en comparación con una vida entera. Y todo gracias al trabajo, sin apoyo de nadie había conseguido lo que tenía, y no lo iba a soltar para nada y bajo ningún pretexto.
-¿Has pensado en lo que harás cuando tengas familia?- Intentó desde otro punto de vista, el problema, es que no era el primero que lo había intentado.
-¿Me dará la charla sobre ser madre? Aún estoy joven para eso, y no está en mis planes quedar embarazada. Gracias por el aviso.
Tampoco le iba a dar cuentas sobre mi casi inexistente vida s****l.
-Ya veo que alguien intentó hablar contigo antes.- Asentí.- Será mejor que me vaya, no quiero alterarte.- Dijo dándose la vuelta.- Ah, casi lo olvido, entrégame eso.- Me indicó la cartera. En seguida la apreté contra mi y el móvil con el que había llamado a María, el cual aún no había guardado en el bolso, lo deslicé con disimulo por entre mis piernas y la delgada manta que me cubría. Sólo rogaba porque no fuera a sonar justo en ese minuto.
De mala gana, le tendí el bolso, y éste se marchó por donde mismo había llegado.
Cuando me aseguré de estar sola, volví a sacar el móvil de debajo de las mantas y llamé a María. Si el doctor me quería aquí durante dos semanas, yo no era quién para contradecirle, pero bajo mis reglas.
-María, necesito que traigas la mayoría de los implementos de la oficina para trabajar desde el hospital, y las reuniones y cenas postpónlas hasta nuevo aviso.- Mi secretaria no alcanzó a responder cuando ya le había cortado, pues a la habitación había entrado un hombre de unos treinta y tantos con una chaqueta de cuero y unos jeans gastados.- ¿Te conozco?
-Por ahora no, pero pronto lo harás.- Sonrió de medio lado.- Mi nombre es Omar. Omar Fernández.