Abrí los ojos cuando sentí un suave cosquilleo en mi hombro y espalda. Cuando me volví y lo vi, solté un suspiro. Al fin lo había admirado sin playera, y por Dios, que buen cuerpo. -Buenos días.- Dije. -Te veías muy bien durmiendo. No quería despertarte, lo siento.- Dijo sin una pisca de remordimiento. Omar no era un santo de hombre, lo había demostrado anoche, y eso me encantaba. Continuó besando mi espalda, hasta llegar a mi rostro, en donde me giré y lo besé en los labios. Un beso mañanero. -¿Dormiste bien? -Muy bien, gracias.- Respondí.- ¿Una ducha y desayuno? -Me parece bien. Eso hicimos. Entre besos, caricias y un poco más entramos a la ducha, enjabonando al otro, y esclareciendo la espuma formada de maneras más divertidas que las usuales. Se sentía correcto. En parte, eso

