Lola
Estoy pensando seriamente en renunciar a mi trabajo en el bar, es que se me hace larguísimo el día, ya que cuando salgo tengo que ir a la empresa, estas ultimas semanas han sido una locura y todavía no he tenido tiempo de hablar con mi madre, lo haré cuando vuelva de su viajes.
Lo que ha pasado ayer con Ian me ha dejado flipando toda la noche, él tiene novia, una muy insoportable por cierto, pero respeto mucho su relación. Me vio totalmente desnuda y cuando le pedí que se quitara su ropa estaba dispuesto a hacerlo, aun me pregunto que hubiera sucedido entre nosotros si no me hubiera acobardado luego de haber visto como se desabrochaba la camisa listo para quedar igual que yo. Me cambié y le pedí que me llevara a la oficina a buscar la llave para poder volver a casa.
Él solo me miraba con cara de fascinación, pero yo no soy de esas chicas que se acuestan con hombres que tienen pareja, de hecho aún no me he acostado con nadie, así que sí, soy virgen.
Hoy me he levantado con un dolor de cabeza terrible, espero que con un baño bien caliente y una pastilla se me pase. Salgo de la bañera lista para cambiarme, hace muchísimo calor así que me puse un vestido rojo con un escote prudente que deja ver apenas mis pechos, unos zapatos sin taco y dejando mi cabello suelto, salgo directo al bar.
Cuando llego el lugar ya estaba lleno, y aunque llegue a horario la mi jefa ya estaba con los pelos de punta. El día fue agitadísimo, no he parado ni un momento, por lo menos el dolor de cabeza había pasado. Estaba por terminar mi turno, cuando veo a Ian en la puerta arriba de una moto gigante, vestido con un jean apretado y una remera que marcaba su trabajado cuerpo, estaba como esperando a alguien, me acerco a él intentando disimular mi curiosidad.
-¿Qu haces aquí? - dije mirándolo con cara de preocupación
-Te he venido a buscar, quiero llevarte a un sitio.
-Ni de coña Ian, tengo que ir a la empresa y quiero evitar tener problemas con Ana - digo mientras me alejo unos pasos. Pero él se bajo de la moto y me tomo de la cintura levantándome como si fuera peso pluma dejándome en la parte trasera.
-Vendrás conmigo, quieras o no, te encantará el lugar que te mostraré - hablaba mientras me ponía el casco y yo lo miraba sorprendida y furiosa.
Arrancó y yo me prendí de el, abrazándolo con toda mi fuerza , con mis manos podía sentir su cuerpo a través de su ropa, apoye mi cabeza en su espalda y podía sentir su perfume que altera todos mis sentidos. Manejó un buen rato y ambos fuimos en silencio, yo no me solté ni un instante de él hasta que frena en un lugar que no había visto en mi vida.
-¿Donde estamos ? este lugar es hermoso -decía mientras me bajaba y sacaba el casco. Era algo así como un bosque con una colina que da a la playa, la vista es impresionante, se puede ver todo, pero nadie puede verte, increíble.
-Te dije que te encantaría, es mi lugar favorito. - caminó y se sentó en el pasto observando el inmenso mar. Me senté a su lado en chinito y aunque quería saber que hacíamos ahí, comencé a disfrutar lo que veía sin decir palabra, pero alguien tenía que romper el hielo.
-Lola - dijo poniéndose de costado quedando frente a mí, me tomó las manos y esa electricidad volvió a hacerse presente en medio de nosotros - me gustas. - soltó así, sin más.
-Que dices Ian? - respondí sorprendida.
-Que me gustas Lola, que me gusta estar contigo, que me gusta mirarte, me gusta esa corriente que nos da cuando nuestras manos se juntan, escucharte que te quejas de todo, tu sentido del humor me gusta todo de ti. - él hablaba y yo solo podía pensar en cuanto deseaba besarlo, pero la imagen de Ana venía una y otra vez a mi cabeza.
-Perdona pero no puedo hacer esto ahora , tu tienes novia y yo no soy de esas que sirven para ser amante.- me solté de sus manos y cuando estaba por pararme lo que dijo me dejo muda
-La voy a dejar Lola, ya le he dicho que tengo que hablar hoy mismo con ella, y prometo que así será, créeme. - dijo acercándose a mí quedando frente a frente y tomando mi cara me dio un beso.
Un beso que parecía que había esperado toda mi vida, como el de la bella durmiente cuando su príncipe la despierta de aquel sueño profundo. Un beso que seguí con gusto y que aumentó en intensidad a medida que nuestras lenguas bailaban en un ritmo descontrolado. Mis manos lo atraparon por el cuello y mis dedos se enredaron en su cabello, las suyas recorrían mi cuerpo como desesperadas por tener más.
Estábamos solos, besándonos y acariciándonos, cuando comenzó a levantar mi vestido, yo ya estaba mojadísima y aunque nunca lo había hecho sabía que quería que el sea el primero, así que me deje llevar. Comenzó a besarme lentamente por el cuello, siguió bajando hasta mis pechos lamiendo y succionando mis pezones como si fueran dulces, mientras que con su mano libre tocaba mi sexo, jugando con sus dedos , entrando y saliendo haciendo que me retuerza de placer , me quitó las bragas , yo desabrochaba con desesperación su pantalón dejando al aire su m*****o que tenía un tamaño mas grande del que me imaginaba, comencé a acariciarlo mientras el seguía disfrutando de mi cuerpo como si nada lo saciará más que tocarme y besarme.
-Te necesito dentro de mí - susurré en su oreja mientras daba pequeños mordiscones en su cuello.
-Claro que si preciosa y me tendrás - dijo preparándose para entrar , pero se detuvo al instante cuando le mencioné lo de mi virginidad
-Nunca lo he hecho con nadie.
Seguía mirándome, y no podía descifrar si en sus ojos había burla o compasión por lo que acababa de decir.
-Dime algo Ian - mientras me incorporaba para quedarme a su altura.
-Cuando pensé que no podías ser mas perfecta, me sales con esto. - dijo mientras se subía el pantalón con una sonrisa en sus labios y yo quedé totalmente sorprendida.
-Preciosa te haré mía, y no serás de nadie más, pero esta ocasión merece algo especial y prometo que así será. No aquí, no ahora al aire libre. Déjame sorprenderte - terminó de hablar dándome un beso en los labios, y mi corazón volvió a latir, pues había creído que se arrepintió de lo que estábamos por hacer.
-No puedes dejarme así de cachonda, eso es una jugada sucia - dije mientras me ponía el vestido y él solo me miraba, ahora sí podía ver en sus ojos un brillo especial, de ternura.
El viaje de vuelta fue mucho mas hermoso, el iba con una mano enlazada con las mías y con la otra menejaba, mientras que yo disfrutaba de estar pegada a su cuerpo.