Todo en su vida estaba tomando un curso que jamás imagino, pero que estaba más que dichosa con él, no podía decir que era feliz cuando era más que eso, junto a Oliver no creía que podría llegar a ser infeliz. Él era el hombre perfecto y a veces eso la asustaba un poco, quería demostrarle lo mucho que ella lo amaba, tanto como el lo hacía y tal vez las caricias y las noches de interminable de sexo ya no eran suficientes para hacer lo que quería. Después de que transcurrieran otras semanas, en un abrir y cerrar de ojos ya había pasado otro mes, un mes lleno de felicidad. Aunque siempre había un pero, Eliza era esa espina en el trasero que no había podido quitarse. Había días donde Oliver llegaba a altas horas de la noche por culpa del trabajo, eso solo la ponía intranquila y más al saber qu

