Capítulo 3

1066 Words
Supuse que hablé demasiado alto porque en mi huida escuché las puertas del gimnasio abrirse y algunas voces, nada que requiriera de mi atención y tiempo. Seguí mi camino sin voltear atrás, sólo quería salir de allí lo antes posible. Pero para mí mala suerte justo a mitad del estacionamiento una fuerte voz me gritó. —¡Espera! —Lo ignoré y seguí caminando. Seguro era el patán de Declan que se venía a disculpar después de su actitud tras el regaño de alguno de sus compañeros, pero a mí no me interesaba. Me había dejado claro la clase de persona que era y no valía la pena seguir admirándolo, era muy guapo y un gran jugador pero eso no lo hacía una blanca palomita. ¿Dónde estaba el chico amable y buena onda que la gente decía que era?—¡Espera! —insistió la persona. —¿¡Qué!? —contesté tajante. Mientras me daba la vuelta para enfrentarlo una vez más, pero la sangre se me fue al piso y la cara se me quería caer de vergüenza al ver que era Cédric. Me había comportado como su compañero, una tremenda grosera. El portugués se detuvo a mi lado, en medio del estacionamiento y no tras el ajetreo del partido y la afición me daba un aspecto más relajado. Era alto, y su piel bronceada por los efectos de jugar y entrenar bajo el sol hacían que sus músculos resaltaran. Vestía el uniforme de entrenamiento característico del equipo, short azul claro y camiseta blanca sin mangas que dejaba ver sus brazos envueltos por aquellas venas que le saltaban junto aquellos hombros bien trabajados. El sudor que le corría por la frente me dejó claro que en efecto estaba entrenando y no en quién sabe dónde, como dijo Declan. —Siento lo de Declan, tiende a ser un poco grosero con la gente que no conoce... —Comenzó a defenderlo, pero sus palabras quedaron en el olvido cuando tomó el borde de su camiseta para limpiarse el sudor de la frente dejándome ver su bien trabajado abdomen, con eso comprobé que era de los que les gustaba pasar más tiempo en el gimnasio de lo normal. Y ¡Dios! Lo estaba haciendo muy bien porque ahora mis ojos querían verlo sin camiseta. Sacudí la cabeza para borrar esos pensamientos y volver al problema. —Sólo quería devolverte tus malditas llaves —me defendí, sabía que no estaba actuando de la mejor manera pero seguía molesta y que Cédric lo hubiera justificado no ayudaba—. Era lo menos que podía hacer después de lo que hiciste por mí, y ¿¡qué consigo por tratar de hacer lo correcto!? ¡Que me traten como basura y me llamen cazafortunas!. —Lo sé, y lo siento —Se movió nervioso. Estaba más avergonzado él que Declan por su actitud—. Sólo quería darte las gracias, creí que no la recuperaría y la agencia me la repondría dentro de una semana. Su nerviosismo me intrigaba, que no dejará de jugar con sus manos me parecía extraño ¿qué lo tenía tan nervioso? si vivía bajo el ojo público con miles de personas observándolo como animalito en zoológico. No creía que fuera mi presencia, si no había logrado intimidar a Declan dudaba mucho que tuviera algún efecto en Cédric, no era esa chica guapa e intimidante con la que todo el mundo sueña o con la que recibes un flechazo cuando vas por la calle. —No es nada —Se hizo un pequeño silencio y bajo su mirada curiosa dije—: Bueno... fue un placer conocerte, y no te lo dije pero gracias, me salvaste de congelarme y tal vez de una neumonía —soltó una pequeña risa. —Lo volvería a hacer —habló seguro, fue el único momento en el que no lo vi nervioso. Sentí mis mejillas arder tras sus palabras, ¿es que acaso quería provocarme un paro cardiaco? porque si era así, sólo esperaba que me resucitara con respiración boca a boca. Solo atiné a darle una media sonrisa y despedirme con la mano antes de darme la vuelta y seguir con mi camino. Aunque sus palabras no habían sido un cumplido, no estaba acostumbrada a ese tipo de respuesta, directa. Nunca sabía cómo reaccionar o responder a ellas. No era experta en hombres y mucho menos en halagos pero ¿era esa una manera de coquetear? Esperaba que no, porque no podría contenerme a sus encantos. Tenía novio y no quería serle infiel. Tal vez no tenía ni la mitad de lo que el futbolista tenía, pero Daniel era un buen chico con buenos sentimientos, o al menos me quería por quien era y no por mi físico. En cambio Cédric era ese chico vanidoso que se preocupaba por su apariencia de otra manera no tendría el cuerpo que tiene. Sabía que parte de eso era poder mejorar su calidad de juego y disminuir las lesiones, pero no era tonta y era claro que buscaba atraer las miradas de las personas y de las chicas. Porqué ¿quién no se resistirá a un cuerpo así? Era una tentación que cualquiera estaría dispuesta a pecar. No era el pan de todos los días, era una persona que solo podías apreciar en televisión. Por lo que él buscaba a una chica delgada con piernas largas que se preocupara por su apariencia tanto como él, que hicieran la pareja del año. Mientras que yo no encajaba en todas esas características. Apenas di unos pasos cuando escuché: —¡Espera! Necesito tu ayuda —Me giré confundida. ¿Para qué iba a necesitar Cédric Ferreira mi ayuda? Esperaba que no fuera para algún servicio s****l, ni nada parecido, aunque después de lo que vi bajo esa camiseta, seguro que no me negaría. Me mordí la lengua como castigo a esos pensamientos, el chico con su simple apariencia estaba jugando con mi mente y yo me estaba dejando llevar como niña en tobogán. Tenía que comportarme como la chica madura que era y dejar de sexualizarlo, era guapo pero no lo conocía, tal vez muy en el fondo era aún más cretino que Declan. Y quería que esta experiencia, si le podía llamar así, me dejara un buen sabor de boca, quería irme con una buena impresión del número 6 del Manchester City.
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