Estar en este país, en esta ciudad a miles de kilómetros de mi amada Rusia y no tener que preocuparme por mis asuntos de la organización se veía bastante bien. Se podía decir que esto era unas mínimas vacaciones, porque había dejado a Gauss a cargo de todo mientras me tomaba mi tiempo en enamorarla.
En estos largos siete años, pasaron muchas cosas, se que gran parte de este alejamiento fue por su seguridad, pero eso no significaba que no piense en ella y mi promesa. Me llevó tiempo volver, la cicatriz en el medio de mi pecho era uno de esos tantos motivos porque no regrese antes por ella, ahora estaba listo para conquistar a mi reina, mi futura esposa y la madre de mis futuros hijos.
¿Qué le gustan a las mujeres?
Se que a todas les gusta un buen hombre que las lleven a infierno y al cielo a la misma vez en el sexo, eso lo sabía hacer a la perfección, pero debía sumar más cosas, joyas, chocolates, flores y regalos excéntricos ayudaran mi plan de enamorar a Alexia Soul.
Vine por ella y no me iré sin mi reina.
— Gauss — saludo a mi hermano a través de la computadora.
— Gavriel, ¿Cómo va todo? — me pregunta. No estamos acostumbrados a estar mucho tiempo separados, pero él entendía el motivo de mi estadía en este país.
— La ví — suspiro sonriendo. — Está mucho más hermosa que lo que recordaba, ella me dijo que estaba loco por decirle que será mi esposa — agrego riendo.
— Lo estás, hermano. Trata de ser un buen hombre, no todo es sexo en la vida y si en verdad ella será tu reina, debes tratarla como tal — me aconseja. Todos nos dicen gemelos, pero en realidad somos mellizos, nací cinco minutos antes que él por eso soy el mayor. Con mi hermano somos como el agua y el aceite, mientras él es seriedad, piensa antes de actuar, lo mío es todo diferente, impaciente y sobre todo impulsivo, eso es lo que me llevó a estar al borde la muerte y si no hubiera sido por el sacrificio de mi papá, hoy estaría muerto.
— Ella es mi reina — afirmo con seguridad.
— ¡Tío Gav! — me saluda Ignati, mi sobrino de diez años. Este niño había llegado a nuestra vida hace cinco años atrás. Cuando mi hermano se enteró que le habían mentido y esa jodida diplomática con la que se metió dejó al niño en un orfanato, se volvió loco, después de meses buscándolo dimos con él y ahora ese Sokolov es el heredero en el caso que Sasha no quiera hacerlo.
— ¿No quemaste nada? — le pregunto divertido.
— Papá no me deja hacer mis experimentos — se queja bufando.
— Tus experimentos costaron varios dólares — contesta mi hermano. Ignati es un genio en la química, tiene diez años pero cuando le hablas sobre compuestos químicos y otras cosas más, nuestra su inteligencia, cosa que nos pone orgullosos.
— Tú sigue investigando, él tío paga los daños — acoto guiñándole uno de mis ojos con complicidad.
— Volviendo al tema — interrumpe Gauss. — Tenemos un problema — me informa haciendo que frunza el ceño.
— ¿Cuál? — pregunto.
— Galy y su padre empezaron una guerra con nosotros. Está enojado por la deshonra a su hija, exigen que te cases con ella o te matarán — dice con seriedad.
— Galy nunca tuvo honra, es una puta — espeto cabreado.
— Lo sabemos — chasquea la lengua. — No debiste haberte ido de boca, pusiste a Alexia en peligro — agrega haciendo que todo mi cuerpo se tense.
— No me fuí de boca, solo dije que mi reina era una dama no una puta barata que le abre las piernas a todos los miembros de la organización — mascullo. Sabía que debía matarla en ese preciso momento que me amenazó, por respeto a su padre no lo hice y ahora deberemos cargarnos a todos ellos para mantener a salvo no solo a Alexia sino que a toda la familia Sokolov. Debo hablar con Dmitri y ponerlo al tanto de todo esto, no pertenece a la mafia, pero es uno de los puntos débiles que pueden usar contra nosotros, sobre todo si matan a Sasha.
— Galy va rumbo a Chicago, mantén los ojos abiertos, puse en alerta a todos nuestros hackers para que muestren sus movimientos en cada camara que la tomé — declara mi hermano.
— Voy a matar a esa perra, ya jodió bastante mis pelotas — gruño apretando mis puños. — Cuando lo haga, deshazte de esos miembros de la organización que complotan con ella. No quiero traidores que complotan contra mí familia — le ordeno, mientras Gauss asiente. Yergo y Galy Kuznetsov rompieron una de las reglas fundamentales de la organización, soy el jodido rey de la Bratvá y todos me deben respeto, nadie puede pedir mi cabeza, me deben respetar y el que no lo hace cava su propia tumba.
— Ellos piensan que no sabemos lo que están tramando así que usaremos a eso a nuestro favor, un equipo resguardará a la familia y te mando a los mejores hombres. Nadie se mete con un Sokolov — sentencia mi hermano con una mirada dura.
Nadie se mete con nosotros y muchos menos conmigo, mataré a esa perra antes que ponga en peligro a Alexia.
***
Esa misma tarde me encontraba entrando a la casa de mi primo y su esposa, hace tiempo no los veía porque lo más lejos que nos podemos mantener de ellos lo hacemos, no debemos ponerlos en peligro y sobre todo hay que resguardar la seguridad del próximo rey de la Bratvá, todo estaba escrito para que Sasha Sokolov tome mi lugar en un par de años.
— ¡Tío Gav! — me saluda mi sobrino al verme.
— Rey — saludo divertido.
— Tú eres el rey — asegura cuando chocamos nuestras manos.
— La única reina en esta casa tiene nombre — aparece Helena con el pequeño Stefano en sus brazos.
— Señora Sokolova, ardiente como siempre — bromeo escuchando el gruñido de mi primo detrás de su esposa.
— Gavriel — masculla con una fulminante mirada.
— ¡Dima! — exclamo divertido.
— ¿Qué haces aquí? — me pregunta dejando que entre a su casa.
— Vine a cumplir mi promesa — contesto, tomando al pequeño Stefano de dos años en mis brazos. Este niño es una mini copia de Dmitri.
— Vete a estudiar para tu examen — le ordena Lena a Sasha.
— Tía — se queja. Típico de adolescentes.
— A estudiar — repite dándole una mirada que hasta a mí que no le tengo miedo a nada me hace dudar.
— ¿Cómo estás? — pregunta Dmitri.
— Mejor imposible, esto — marco el centro de mi pecho dónde está el corazón. — no ha jodido hace tiempo, por eso me permitió volver a tomar un avión — le cuento. El médico me había dado la autorización para poder tener una vida normal, solo me quito los cigarrillos, después podía hacer una vida dentro de todo normal.
— Debes cuidarte Gavriel, la cirugía que tuviste en verdad fue complicada y no olvidemos que estuviste muerto quince minutos — comenta Helena.
— Me estoy cuidando, doctores — le sonrío. — Me quedaré una temporada en Chicago ... — agrego.
— ¿Por qué? — cuestiona mi primo.
— Vine a buscar a mi reina — declaro sin poder borrar mi sonrisa.
— ¿Qué reina? — pregunta su esposa frunciendo su ceño.
— Alexia Soul, será mi esposa y mi reina — sentencio con seguridad. Helena empieza a reírse y su bebé hace lo mismo, no entendía que era tan gracioso en lo que dije.
— Estás loco, Gavriel — se burla mi primo.
— Estamos hablando de la reina de la noche, la jodida Alexia Soul. Ella no le gusta las relaciones y mucho menos se casaría con alguien como tú — comenta Helena divertida.
— ¿Por qué? —
— Fácil, eres un mujeriego — asegura.
— Le fuí fiel todos estos años — me defiende.
— Ni tú te crees eso — acota Dmitri.
— ¿Le fuiste fiel? — inquiere ella achinando sus ojos.
— La última mujer a la que besé fue ella, con las demás solo follaba, no dejaba que me besen. Mis besos son solo para mi reina — digo con seguridad.
Ellos empiezan a reírse y los miro mal, estoy siendo sincero con lo que digo y lo toman como si fuera un chiste.
— Eso no es fidelidad, tonto — se burla la esposa de mi primo.
— Para mí si lo es — gruño.
— Debes limar el término fidelidad, Gav — me pide él divertido.
Para mí lo que había hecho todos estos años era fidelidad, mi último beso fue con ella y anoche mi boca nuevamente reclamó sobre sus labios dejando claro que seguía esa conexión que habíamos tenido hace siete años atrás. Recordar ese momento en dónde la conocí, su cabello azul en ese tiempo y sus ojos me hicieron caer como un tonto en sus encantos, no pasó nada solo un beso que marco mi vida, por eso solo Alexia Soul es la indicada para ser mi reina y mi futura esposa, ella debía entender eso.
Me quedó con ellos un tiempo más, cuando estamos a solas con Dmitri le cuento el problema que tengo con la perra de Galy y que pondría seguridad para resguardar sobre todo a Sasha. Después hablamos con mi sobrino, porque ahora que estoy aquí usaríamos mi tiempo libre y el suyo para aprender sobre lo que conlleva ser el próximo heredero de la mafia roja.
Cuando salí de su casa le pedí a mi jefe de seguridad que desvíe nuestros caminos, quería verla y necesitaba hacerlo. Entré al Soul gracias a qué Iván, el que se encarga de cuidar a Alexia sin que ella lo sepa nos dejó el paso libre. Este club nocturno tenía muchas cámaras de seguridad, cada una apuntaba a un punto estratégico, por eso fuí caminando pasando delante de ellas con la clara intención que ella pudiera verme y venir a dónde estaba, en busca de respuestas, pido vodka apoyado en la barra cuando mis ojos la ven bajando por esa escalera dejándola como ama absoluta del lugar.
— ¿Qué demonios? — masculla alto mientras me fulmina con la mirada.
— ¿Acaso no puedo visitar mi futuro esposa? — inquiero con tranquilidad.
— Sígueme — me pide haciendo que la siga. Camino detrás suyo observando como su apetitoso trasero llama más de la cuenta mi atención, ella es exquisita, todo una demonio, digna para el diablo que me consideraba.
Tomo su antebrazo haciendo que me mire mal, la empujó contra la pared y junto nuestros labios, está vez no se resiste, sus manos se apoyan en mi nuca, gruño al sentir como su lengua se une en la mía.
Jodida boca suya, no me quiero imaginar lo que seremos juntos en una cama, debía averiguar pronto eso o moriría con un síndrome de bolas azules.
— Idiota — murmura cuando lo boca se separa de la suya.
— Bien que te gusta besar a este idiota — la desafío sonriendo.
— Vete de aquí, Gavriel — me pide tratando de salirse de mi agarre. La tenía presionada contra la pared y mi cuerpo.
— No me iré sin hablar contigo, mi reina — declaro.
— No me digas de esa forma — gruñe empujando para que la deje libre.
— Eres y serás mi reina — sentencio mirando esos intensos ojos que tiene.
— Suéltame — repite cabreada.
Con una sonrisa divertida, la dejo salir y mirándome con odio me empuja toda molesta.
Mi reina es toda brava, sin dudas Alexia no tiene idea de lo cabeza dura que soy y se tendrá que acostumbrar a lidiar con esto.