Capítulo 2.

1629 Words
Esa maldita perra, había volado en miles de pedazos una de los coches blindados de mis guardaespaldas. Se creía poderosa por haberme atacado, pero cuando la encuentre voy a matar a esa hija de puta que está jodiendo mis pelotas, sin dudas no tiene idea de que lo que soy capaz, más ahora que está desafiando mi poder como lo está haciendo. Ella quería guerra y se la daría a toda su familia, Galy peleaba por su supuesto honor, solo se detendría en el momento que le pida casamiento para limpiar su honra, nunca la tuvo, ahora se quiere hacer una mujer decente cuándo no lo era, quería ese poder que tendría si es mi reina, lástima que ese puesto está ocupado hace años, por mi bella Alexia. Ni reina será solo Alexia Soul, nadie le llega a los talones. — Gavriel — mi primo Dmitri entra a mi despacho con su ceño fruncido. — ¿Qué sucede, Dima? — consulto al ver su cara de preocupación. — Sasha, está preguntando de nuevo lo de su padre — me informa suspirando. — No diré nada de eso, quédate tranquilo — le aseguro. Nunca traicionaria la confianza de mi prima Natasha, se que es su historia, su identidad pero no dejaríamos que Sasha se entere que era hijo de Vladimir y producto que él violaba a su madre. — Natasha debe decírselo, no es momento todavía y siento culpa por ello — murmura mi primo suspirando. — Dudo que eso suceda, para mí es mejor que crea que su madre no sabe quién es — acoto pensativo. — Tarde o temprano lo sabrá, ella deberá contarle antes que la siga odiando como lo hace — comenta Dmitri preocupado. — ¡Tío Gav! — entre el adolescente sonríendo. — ¿Listo para entrenar? — consulto. — Sí, vine preparado para molerte a palos — sentencia confiado. — Suelte con eso, siempre fue el mejor en combate — declara Dmitri divertido. — Por eso soy el rey — afirmo egocéntrico. — Después de entrenar, llévalo a casa — me pide saliendo del despacho para dejarnos solo. — ¿Qué dices, entrenamos? - le pregunto a mi sobrino. No quería que se ponga a preguntar, conozco la mente retorcida de Sasha, sin darte cuenta puede sacarte información y eso es lo que no quiero. Nunca romperé la promesa que le hice a Natasha y si fuera posible me gustaría que no sepa nunca como fue producto su nacimiento, se que suena egoísta pero solo queremos protegerlo. — Mantén la guardia alta — digo riendo porque está enojado porque no puede golpearme. — ¡Tío! — se queja al ver cómo esquivo su puño y tomo su mano para hacerlo girar por el aire dejando su cuerpo tendido en el piso acolchado de nuestra sala de entrenamiento. — En ese estado no podrás ser mi sucesor — El adolescente se levanta cabreado y vuelve a ponerse en plan de combate — Seré el jodido Rey de la Bratvá — espeta empezamos a propinar golpes que voy esquivando debido a mi experiencia. — De esa forma no lo serás — pincho su ego para hacer que brote la bestia que tiene en su interior. — ¡Si, lo seré! — sentencia y al no darme cuenta su pucho impacta en mi pecho haciendo que caiga al piso sintiendo un dolor en la cicatriz de mi cirugía. — Señor — aparecen dos de mis guardaespaldas a levantarme, ese golpe me había dejado sin aire. — Lo siento, tío — se disculpa apenado. — Estoy bien — digo levantando mis manos. — Llamaré al señor Dmitri — habla Antonily, mi jefe de seguridad y mejor amigo. — No hace falta — aseguro restandole importancia. Todas las personas tenemos una debilidad, podemos ser fuertes pero esa parte nuestra siempre nos acompaña. La mía es la jodida cicatriz que tengo en mi pecho, de la cual me estaba recuperando hace años y solo me recordaba que no podía darme por vencido sin antes luchar, mi papá hizo su sacrificio por dejar que siga viendo. — Gavriel — me detiene Antonily. — Necesito un baño y dile a las chicas de cocina que nos preparen una buena merienda — pido mostrando que estoy bien. — Lo siento, tío — se disculpa Sasha. — Nunca debes disculparte por dar un golpe certero. Serás el rey de la mafia en un par de años y nosotros nunca nos disculpamos, hacemos lo que queremos, debes aprender eso — le hablo palmeando su hombro. Subo a mi habitación, me quito mi remera y observo en el espejo está cicatriz que se encuentra en el medio de mi pecho, la que me recuerda que debo ser fuerte porque alguien inocente dió su vida para hacerme vivir. No soy la misma persona desde que después de estar en coma por unos meses, desperté con un nuevo corazón y que había perdido a mi padre al salvarme. Ser el jefe de la mafia roja es mi legado, el de la familia, honrando la memoria de mi padre y mi tío, esa era mi misión, eso le haré entender a Sasha, podemos ser unidos como la gran familia que somos, pero el sacrificio por uno de los tuyos es lo que más valor tiene. — Señor — me cruzo con Iván, es el encargado de vigilar a Alexia. — ¿Le sucedió, algo? — pregunto preocupado. — No, la señorita Soul se encuentra bien solo que está en el salón de su casa esperándolo — informa rascando su nuca. — ¿Te vió? — — No, Antonily nos avisó cuando ella dijo su nombre — cuenta suspirando. — Que no te vea — pido con una mirada fulminante. Hace años que era su sombra, no debía enterarse que él trabajaba para mí. Sonriendo bajo por las escaleras, viéndola sentada en el sillón con sus brazos cruzados y algo dentro mío, en realidad mi pene reacciona al verla en mi casa. Por su culpa mi síndrome de bolas azules se complica día a día, sobre todo esas mañanas dónde me despierto duro, debido a esos sueños dónde ella me mamaba mi pene como una diosa. Necesito que esa mujer sea mía. — Bienvenida a tu casa, mi reina — digo captando su atención. — Deja de llamarme de esa forma — masculla, se levanta de su lugar y se acerca enfrentándome. Ella es tan sexy. — ¿A qué debo tu visita? — inquiero enarcando una de mis cejas. Sabía que no iba a resistirse mucho tiempo, tengo un encanto natural y soy imposible de olvidar, solo quiero darle el motivo exacto para que esté atada a mí, de por vida. — Deja de mandarme flores, soy alérgica, esos peluches son horribles, joyas no uso y basta de chocolates, los odios — exclama irritada. — ¿No te gusta? — pregunto frunciendo el ceño. — No, deja de gastar dinero en cosas absurdas. No iré a la cama contigo — sentencia desafiante. Cómo era de esperarse mi reina es diferente a todas las mujeres y eso la hace única, y solo mía. — ¿Estás segura de eso? — consulto divertido. — Eres el último hombre de este mundo con el que me acostaría — contesta desafiante. — Déjame dudar de eso, reina — corto la poca distancia que nos separaba, tomo de su cintura y la atraigo a mi cuerpo, dejando sus labios rozarse sobre los míos. — Quiero verte suplicar, tú me pedirás que te folle tan duro que no podrás caminar al otro día — sentencio mirando sus preciosos ojos claros, ese jadeo que sale de sus labios solo me sonreír. — Mucha palabras — dice frunciendo el ceño. — Prepárate Alexia Soul, ese día que mi pene entre en tu v****a, te volverás adicta a él — afirmo sonriendo. — Eres un asco de hombre — declara tratando de safarse de mi agarre pero se lo impido dejándola más cerca mío. Estoy a minutos de estar bien duro y todo por el simple contacto de esta mujer sobre mi cuerpo. — ¿Tío? — escucho la voz de Sasha. Niño inoportuno. — Ven y saluda a tu tía — le ordeno al soltar a Alexia. — Hola Alexia — la saluda algo confundido. — Dile tía, ella será mi esposa — declaro mirando a la mujer que pone sus ojos en blanco al escucharme. — No sabía que tenían algo — comenta sorprendido. — No tengo nada con este neardental — se defiende chasquendo la lengua. — Eso no va durar mucho — me justifico. — Vete al carajo idiota — sisea y la veo girarse para salir de la sala. — ¿Ella será la reina? — cuestiona divertido mi sobrino. — Ella es mi reina — aseguro, para luego salir corriendo detrás de mi futura esposa. Iba siguiendo a esa mujer hasta que la alcanzo llegando a su auto y tomo de su brazo para impedir que ingrese. — Suéltame — sisea al verme a los ojos. — ¿Te irás sin despedirte de tu futuro esposo? — pregunto presionando su cuerpo contra el auto y el mío. — Juro que me haré lesbiana antes de ser tu esposa — masculla molesta. — Si quieres experimentar, me gustaría guiar la situación. Es muy exitante ver a dos mujeres ... — — Eres un asco — dice frunciendo su nariz. Suelto una carcajada, amo verla enojada. — Ve con cuidado, futura esposa — digo al soltarla. — Vete al carajo — me grita cuando sube a su deportivo rojo. Cueste lo que cueste, ella caerá a mis encantos y le daré el motivo justo para que nunca pueda deshacerse de mi, será mi esposa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD