Cinco: La clase de deportes.

1847 Words
La mañana se pasó más rápido de lo que esperé. El colegio para hombres no era tan distinto al mío por lo menos en las clases y la materia que pasaban los maestros, pero estar rodeada de chicos sí que era completamente diferente. No había cotilleos en los pasillos ni risas escandalosas. Todo era tan… aburrido. Cuando me di cuenta que la siguiente clase que tenía era deportes, gemí internamente. Los deportes no eran lo mío, sin mencionar que afuera hacía un calor infernal y yo estaba obligada a usar el buzo escolar completo. Intenté escabullirme detrás de las gradas, pero el fuerte grito del entrenador me sacó a rastras de ahí. Arrastré mis pies por el césped de la cancha. Todos los chicos estaban en short deportivo y la mayoría de ellos estaban sin camiseta. Me coloqué de pie junto a unos chicos que no conocía, encontrándome con la mirada de Aspen al otro lado del círculo. Él estaba con dos chicos más hablando y riendo como imbéciles. ¿Ellos estaban hablando de mí? Sé que sonaba bastante paranoica, pero ellos no eran tan disimulados. Rodé los ojos cuando Aspen me sonrió. Él había sido pesado y borde desde el minuto uno, ¿por qué debía ser simpática con él de todos modos? El entrenador nos obligó a correr alrededor de la cancha por quince minutos. Ni siquiera había terminado la segunda vuelta y yo ya estaba sin aire y sudando como un maldito puerco. Los rayos del sol parecían quemar mi cabeza y las gotas de sudor se deslizaban por mi frente. Tenía tanto calor y lo peor de todo es que no podía quitarme la chaqueta. —¡Más rápido, Laken! —el entrenador me gritó cuando pasé trotando por su lado, soplando el silbato y casi reventándome el tímpano. Unos cuantos minutos más transcurrieron y cuando el entrenador volvió a tocar el silbato, me detuve de inmediato. Mis rodillas cayeron flexionadas en el césped y mi cuerpo cayó hacia el lado como un costal de papas mientras intentaba recuperar el aire otra vez. Cerré los ojos, oyendo todo lo que pasaba a mí alrededor. El entrenador daba órdenes del próximo ejercicio que debíamos hacer y lo único que yo quería era que este calvario se terminara. —¿Esté es el chico del que nos hablaste? Abrí los ojos y me encontré a Aspen mirándome hacia abajo con las manos en la cintura. Él estaba acompañado de dos muchachos más, los tres iban sin playera y solo usaban su short deportivo. Dios, qué envidia me daban. —¿Verdad que usas tampones femeninos en la nariz? —Aspen me preguntó y yo enrojecí de la vergüenza. Él soltó una risita maliciosa— Oh, vamos, no vas a dejarme como mentiroso frente a mis amigos, ¿verdad? Me senté con rapidez y lo miré con el ceño fruncido, realmente molesta. —¿No tienes a alguien más para molestar? —escupí, limpiándome el sudor de la frente con la manga del polo. —Supongo que tendrán que considerar eso como un sí, chicos —Martin les dijo a los dos chicos y se sentó a mi lado bajo mi atenta mirada. Él no me caía mal, pero no era una de mis personas favoritas en el mundo. —¿Necesitas algo? Él curvó los labios hacia abajo y negó con la cabeza. No sabía por qué, pero su presencia y su atención en mí me hacía sentir un poco incómoda. Él era un poco intimidante y que estuviera ocupando de su propio tiempo para estar cerca de mí me hacía sentir expuesta. —Estás sudando como un cerdo —me señaló lo obvio y yo quise rodar los ojos—, ¿por qué no te quitas el casacón? Mis neuronas hicieron corto circuito por un breve segundo y dije lo primero que me cruzó por la cabeza. —Soy alérgico. —¿A qué? —¿Al sol? —dije, sonando más dudosa de lo que esperé. Aspen me miró como si estuviera pensando en mi declaración. La alergia al sol era algo real, pero mis palabras no habían sonado tan convincentes. Uno de sus amigos le tendió una botella de agua y él la tomó, abriéndola y antes de beber un sorbo, el chico apretó la botella haciendo que un corto chorro de agua saliera disparado en dirección a mi rostro. Me alejé, quitándome el agua de la cara con la mano mientras lo escuchaba reír. De repente y tomándome completamente desprevenida, un cuerpo ajeno a nosotros chocó contra mí haciéndome tambalear. En menos de lo que pude darme cuenta, yo estaba entre Mateo y Aspen. Hice el intento de apartarme, pero mi novio le lanzó un empujón a Aspen, su brazo rozando mi rostro. Lo miré asombrada, pero su mirada café estaba enfocada totalmente en Aspen. —¿Qué rayos haces aquí? —Aspen escupió. En un solo movimiento, él enredó sus dedos alrededor de mi brazo e intentó arrastrarme hacia atrás— Ni siquiera estás en esta clase. Yo estaba casi conmocionada sin poder apartar la mirada de Mateo. Él actuaba de una manera que no reconocía, la forma en que miraba a Aspen Martin nunca lo había visto. —Necesito hablar con el nuevo y tú lo único que estás haciendo es estorbar, como siempre —ladró Mateo. Aspen me tiró del brazo y para mi sorpresa, Mateo enredó sus dedos alrededor de mi muñeca y tiró en dirección opuesta. Quise desprenderme de ambos agarres, pero los dos chicos estaban lo suficientemente entretenidos lanzándose maldiciones entre dientes. —¿Es que no ves que está ocupado? —Aspen inquirió— ¿O eres tan imbécil que no logras darte cuenta? —Chicos… —dije, siendo ignorada olímpicamente por ambos. —¿Ocupado? —Mateo repitió con sorna— ¡Pero si lo estás obligando a estar contigo! —No hables si no sabes, Novačić —advirtió mi compañero de cuarto, sus dedos enterrándose en mi brazo casi dolorosamente. —Yo sé más cosas de las que te imaginas, Martin. —Ah, ¿sí? —aunque no estaba mirándolo, supe que Aspen estaba sonriendo porque su voz sonó llena de burla— Me pregunto cuántas cosas sabes y cuántas de ellas le has contado a todos. Estaba segura de que si ellos seguían tirándose ese tipo de comentarios yo podría salir con varios secretos bajo la manga, no obstante, el miedo a recibir un puñetazo por parte de uno de ellos no sonaba lo suficientemente atractivo. Ambos se hablaban como si ellos supieran los más sucios y desagradables secretos del otro, sus palabras llenas de malicia, de burla y de un resentimiento que me hacía sentir ajena por completo. Era obvio que algo había ocurrido entre ellos. La pregunta era qué. Reaccioné cuando Aspen le lanzó un empujón tan fuerte a Mateo que él retrocedió dos pasos. —¡Ya basta! —grité, deteniendo a mi novio de lanzarse sobre mi compañero de cuarto— No sé qué está pasando entre ustedes, pero sea lo que sea, los quiero lejos de mí. A ambos. Me alejé de ellos golpeando mis pies con fuerza sobre el césped. Escuché los gritos del entrenador seguido del molesto sonido del silbato. —¡Necesito ir al baño! —le grité sin detenerme y me fui de la cancha, sin volver a la clase de deporte. Aprovechando de que todos mis compañeros estaban en clase, me metí en el camarín y rebusqué una toalla en mi casillero y largué el agua de la regadera. Me quité la ropa con rapidez y una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando desabroché la venda que mantenía sujeto mis pechos. La sensación era tan agradable y liberadora. Me metí a bañar y disfruté de mi tiempo a solas, tarareando melodías inventadas por mí mientras me lavaba el cabello y me lo enjuagaba. Cuando escuché la puerta del camarín siendo abierta, corté el agua de inmediato, tratando de agudizar el oído. —¿Estás aquí, tapones nasales? Rodé los ojos al darme cuenta de que era Aspen. Por inercia, saqué la toalla que estaba colgando en la puerta y envolví mi cuerpo antes de apoyar mi cuerpo en la puerta húmeda en caso de que él intentara abrir la puerta. Ya me había dado cuenta que los chicos no sabían el significado de la privacidad. —Tú no vas a dejarme con la palabra en la boca, Martin. Sentí como la sangre abandonaba mi rostro cuando escuché la voz de Mateo. Su voz estaba lejos de parecerse a la que yo estaba acostumbrada a escuchar. Él siempre hablaba de manera educada, siempre amable y en tono dulce. Ahora… si yo no hubiera sabido que él estaba discutiendo con Aspen, jamás me habría dado cuenta que ese Mateo era el mismo que se hacía llamar mi novio. —Te hice una pregunta y te exijo una respuesta. ¿Qué hacías con ella? ¿Con ella? ¿A quién se refería? ¿Él estaba hablando de mí?, ¿ya me había descubierto? Apoyé mi espalda contra la puerta mientras escuchaba. Mi corazón latía con fuerza y sentí un aire frío helándome la nuca. —¿Y eso qué demonios te importa? Que yo sepa, tú y ella no son nada. Mateo soltó una carcajada que me heló la sangre. —Estás muy equivocado, Aspen… Escuché un fuerte golpe contra los casilleros. Apreté la toalla en mi puño con fuerza y de manera lenta abrí un poco la puerta, agachándome para asomar la cabeza y lograr ver algo. Aspen había empujado a Mateo contra los casilleros y sostenía su cuerpo agarrando su camiseta entre los puños. Desde mi posición solo lograba ver la espalda tensa de Aspen. Mateo sonreía de manera sardónica, mirando al otro chico con condescendía. —Si haces algo te juro que… —¿Qué? —Mateo lo interrumpió— ¿Vas a golpearme de nuevo? No alcancé a escuchar la respuesta de Aspen. Intenté asomarme un poco más para lograr escuchar, pero mis pies resbalaron en el suelo mojado de la ducha haciéndome perder el equilibrio y caí de rodillas hacia adelante. Antes de que ellos se dieran cuenta de mi presencia, retrocedí y cerré la puerta, escondiéndome. Me quedé en silencio por un rato y cuando escuché que ellos salieron del camarín, recién ahí salí de mi escondite. Me vestí con rapidez y sin molestarme en secarme el cabello, me lo amarré y me acomodé la peluca, escondiendo los mechones rubios bajo la malla con ayuda de mis manos. —Escuchaste todo, ¿no? Salté hacia atrás cuando escuché la voz de Aspen al salir del camarín. Lo miré asustada y al darse cuenta de la culpabilidad reflejada en mi rostro, él esbozó una sonrisa, causándome extrañeza. —Yo no… solo me resbalé… —intenté explicar, haciéndolo reír. Lo miré en silencio. Él era guapo, cuando él sonreía se veía totalmente precioso. —Eres raro —Aspen mencionó, alborotándome el cabello—, por eso me gustas.
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