—¿Has hablado con Mateo?
Solté un gruñido cuando Grace hizo girar el coche y mi cuerpo cayó hacia el lado. Íbamos de regreso a mi casa y como yo no podía llegar luciendo como un chico, me había pasado al asiento trasero y estaba tratando de cambiarme de ropa, sin embargo, la tarea me estaba resultando más difícil de lo que había esperado.
Le lancé una mala mirada y por el espejo retrovisor pude ver sus ojos entrecerrados, demostrándome así que ella estaba sonriendo porque el hecho de que yo cayera de un lado a otro era súper divertido.
—No, pero mañana nos veremos —respondí y solté un grito ahogado cuando ella dio un frenazo y mi cuerpo se estrelló contra el respaldo del asiento del copiloto— Demonios, Grace, ¿puedes conducir con más cuidado? Quiero llegar a casa en una sola pieza.
Ella se rio —Lo siento.
Estaba demás decir que ella no lo sentía en absoluto.
Cuando el semáforo cambió a verde, ella siguió conduciendo y yo reanudé mi tarea de subirme el pantalón, batallando con el poco espacio que tenía. Solté un suspiro de alivio cuando pude quitarme la venda que mantenía ocultos mis senos y pasé por mi cabeza una camiseta holgada.
—¿Has podido descubrir por qué tu estúpido novio actúa tan extraño?
—Para nada —bufé, peinando los mechones de mi cabello suelto por los dedos. Se sentía bien no estar utilizando molestas horquillas—, pero estos cinco días me han ayudado para darme cuenta de que mi novio está lejos de ser tan perfecto como yo pensaba.
—¿Qué? —Grace me lanzó una mirada rápida por el espejo retrovisor— ¿Qué quieres decir?
—La mitad de los chicos de esa escuela lo odia —le conté— y Aspen se refiere a él como si Mateo hubiera sido el causante de todas las desgracias en su vida.
Ella soltó un silbido de asombro.
—¿Es por eso que tu bonito compañero de cuarto me preguntó si yo era tu novia?
Me reí al recordar la corta interacción entre ellos. Sabía que Grace me lo preguntaría tarde o temprano.
—Aspen ya piensa que soy un chico raro…
—Eres un chico raro —Grace afirmó y ambas reímos.
—Lo sé. Lo que pasa es que esta mañana él encontró una de mis bragas en el suelo —admití y ella soltó una carcajada que retumbó dentro del coche— y para que él no pensara que yo era más rato todavía, admití que esas bragas eran de mi novia ficticia y aquí es donde entras tú.
—Oh, ya veo… —murmuró y me lanzó una mirada por el espejo retrovisor—. Bueno, no me molesta que me hagas pasar por tu novia siempre y cuando yo pueda pasar tiempo con ese bonito compañero de cuarto que tienes.
Me reí, pero no dije nada en respuesta.
Tomé mi teléfono que estaba sobre el asiento y lo desbloqueé, mirando el número que correspondía a Aspen en mi registro de llamadas perdidas. Lo agendé simplemente con sus iniciales para no meter la pata en caso de que él me llamara, pero sin dar muchas pistas de quién era realmente porque Mateo solía hurguetear en mi teléfono y no quería tener que explicarle por qué y cómo conseguí el número de uno de sus compañeros de escuela al que yo no debería conocer.
Eventualmente, ella detuvo su coche a las afuera de mi casa. Metí la ropa que me había quitado sin cuidado dentro del bolso y cuando estuve segura de que llevaba todo, bajé del coche, inclinándome en la ventana del copiloto para mirar a Grace.
—¿Me veo decente?
Ella sonrió y asintió —Te ves como una chica.
—Nos vemos mañana. Gracias por traerme, Grace.
—Nos vemos. Y avísame si vas a ir a la fiesta de la que habló tu compañero. Estaré más que encantada de acompañarte, taponcito.
***
Desperté sobresaltada cuando mi teléfono vibró bajo mi almohada. Mi habitación estaba sumida en la oscuridad y la poca luminosidad era gracias a los faroles en la calle. Metí la mano bajo la almohada al mismo tiempo que giraba hasta quedar de espaldas en la cama y desbloqueé el teléfono, encontrándome con varios mensajes de mi mejor amiga.
Grace:
¿Qué te dijo tu mamá?
Grace:
¿Le dijiste lo que acordamos?
Grace:
¿O es que ella ya está siendo interrogada por intento de homicidio en la policía?
Grace:
¿Debo llamar a la policía?
Me reí al leer los mensajes. Cada uno era más dramático que el anterior y eso era algo que me gustaba de mi mejor amiga. Ella solía ser tan dramática y aunque eso no ayudaba a mis problemas de ansiedad, al final terminábamos riéndonos de todo lo que nuestras mentes locas habían pensado.
Yo:
Estoy bien, no tienes que llamar a nadie
Yo:
Solo me quedé dormida
Grace:
Maldita sea, Rávena. Podrías haberme avisado que dormirías una siesta de cuatro horas, ¿no?
Grace:
Estaba realmente preocupada y pensaba que tu mamá había descubierto nuestra mentira
La culpabilidad cayó sobre mi rostro como un balde de agua fría. Nunca había sido una chica que solía ir con mentiras por la vida, pero estas últimas semanas le había mentido a mi madre más veces de las que había hecho durante toda mi vida. Me sentía culpable porque ella confiaba en mí y decirle que estaba quedándome en casa de Grace porque estaba cansada de viajar tanto tiempo hasta la escuela todos los días me hacía sentir como la peor hija. Y lo era. Yo me había convertido en una vil mentirosa.
Yo:
No, todo está bien
Yo:
¿Qué estás haciendo de todos modos? ¿Por qué tanta insistencia para que te respondiera?
Grace:
¿Puedes salir?
Grace:
Se me acaba de ocurrir una gran idea
Grace:
Y tenemos que hacerlo hoy