Mientras que Aspen Martin tomaba una ducha, yo me quedé recostada en mi cama pensando en lo que él me había dicho con respecto a Mateo. Una parte de mí se negaba a creer en todo lo que Aspen me decía, pero otra parte de mí le creía. Aspen no me conocía, entonces él no tenía un real propósito para mentirme. ¿Eso significaba que Mateo tenía como una especie de doble vida? Sonaba ridículo, pero era la definición más acertada hasta este momento.
Tomé mi teléfono que descansaba sobre mi pecho y lo desbloqueé, mirando en la galería las pocas fotos que tenía con Mateo. Siempre era una batalla campal para conseguir que él se tomara una foto conmigo y las pocas que yo atesoraba en mi teléfono fueron tomadas luego de unas casi discusiones donde él aceptaba a regañadientes solo para que yo no siguiera molestándolo.
Todavía lo amaba, por supuesto, pero me desilusionaba darme cuenta que él estaba lejos de ser el chico perfecto del cual yo me había enamorado. Quería darle el beneficio de la duda, aunque la voz en mi cabeza me gritara que dejara de ser una estúpida.
—¿Sigues aquí?
Bloqueé mi teléfono con rapidez y lo dejé boca abajo sobre la cama antes de mirar hacia el lado, percatándome que Aspen veía saliendo del baño solo con una toalla alrededor de sus caderas.
—Pensé que podríamos ir a desayunar juntos…
Él tarareó una respuesta mientras rebuscaba un cambio de ropa en el ropero que se encontraba frente a mi cama. En contra de mi voluntad, mis ojos siguieron cada uno de sus movimientos como si estuviera bajo un hechizo, viendo cómo sus músculos se contraían levemente ante el más mínimo movimiento.
—Claro, déjame vestirme —murmuró.
Me alarmé cuando vi que él tenía la intención de quitarse la toalla.
—¡Espera! —lo detuve, sentándome en la cama con brusquedad— ¿Por qué mejor no te espero en la cafetería?
—Solo tardaré dos minutos, Laken —me dijo, deshaciendo el nudo de la toalla.
Juro por dios que mis ojos estuvieron a punto de salir disparados de mis cuencas cuando él se dejó caer la toalla al piso. Todo parecía sacado de una barata película para adultos y yo me apresuré a cubrirme los ojos mientras lo escuchaba reír.
—¡¿Puedes cubrirte?! —le pregunté, al borde del colapso.
—Oh, vamos —él dijo, riendo—, no actúes como si tú y yo no tuviéramos lo mismo.
—Ese no es el punto —me defendí, caminando a ciegas hasta la puerta—. Aunque tenga lo mismo, no me siento cómodo viendo a hombres desnudos, ¿bien?
Como no iba prestando atención dónde caminaba, terminé chocando contra la puerta. Apreté los ojos y giré la manilla, saliendo de la habitación y escuchando el eco de la risa de mi compañero de cuarto.
Todavía avergonzada, decidí adelantarme y esperar a Aspen en la cafetería. Bajé los escalones mientras tarareaba una vieja canción de Britney Spears y cuando estaba doblando la esquina para salir del edificio, retrocedí un paso al ver a Mateo junto a su amigo de espaldas a mí. Intenté agudizar mis oídos para escuchar lo que ellos estaban hablando, pero el bullicio de los demás estudiantes que entraban y salían del edificio me lo impedía.
—… el fin de semana? —Louis preguntó y por lo poco que pude oír, supuse que le estaba preguntando qué iba a hacer los dos días libres.
Cuando ellos empezaron a caminar, yo empecé a seguirlos a una distancia prudente, escondiéndome detrás de los otros estudiantes que iban en la misma dirección.
—No lo sé —Mateo respondió y después se alborotó el pelo, algo que siempre hacía cuando estaba frustrado—. Supongo que pasaré el fin de semana con Rávena.
—Demonios, detesto a tu novia —Louis se quejó. Mateo se rio y cuando el sonido de su risa llegó a mis oídos, sentí que se apretaba el corazón—. Es una estúpida. ¿Cuánto vas a decírselo?
Miré a Mateo. Una pequeña parte de mí esperaba que él le pusiera un alto a Louis y le dijera que yo no era estúpida, pero la sonrisa que curvaba sus labios me confirmó que él no lo haría.
—No lo sé, Louis. —Mateo respondió y aunque no alcancé a escuchar lo que Louis le decía, supuse que era lo suficientemente divertido como para hacerlo reír.
Estuve tentada a enviarle un mensaje a Mateo para ver cuál sería su reacción, pero fui abruptamente interrumpida por Aspen. El chico apareció por mi lado y dejó caer su brazo sobre mis hombros antes de empujarme a caminar más rápido.
Cuando pasamos por el lado de Louis y Mateo, el cuerpo de Aspen Martin golpeó con intención el costado de Mateo, haciéndolo tambalear. Aspen, yo y todos los chicos que iban por el corredor en ese momento escucharon los improperios que Mateo lanzó contra mi compañero de cuarto, pero él ni siquiera se inmutó. Aspen sonrió con orgullo y me lanzó una mirada hacia el lado.
—Haznos un favor a todos y cuando salgas de aquí, dile a la amiga de tu hermana que termine con ese idiota. Le estarías siendo de mucha ayuda.
Asentí, siendo consciente que detrás de esa petición se escondía un problema mucho más profundo entre Aspen y Mateo. Mucho más profundo que él mismo quería hacer parecer.
***
Salir de la escuela y ver la sonrisa de mi mejor amiga se sintió como un bálsamo tranquilizador para todos los pensamientos intrusivos que corrían sin descanso en mi cabeza. Ella me abrazó con fuerza y yo le correspondí el abrazo, sintiéndome segura después de cinco largos días.
—Te extrañé tanto, Vena… —ella murmuró contra mi oído, meciendo mi cuerpo de izquierda a derecha.
Me reí.
—Yo también te eché mucho de menos —le dije, separándome de ella—. Tengo tantas cosas que contarte…
—Lo sé —ella sonrió. Estaba segura que ella se moría por bombardearme de preguntas justo ahora—. Estuve contando las horas para vernos finalmente.
Ella me ayudó a lanzar mi bolso dentro del maletero y cuando estábamos a punto de subirnos a su coche, mi cuerpo se quedó estático al escuchar la voz de Aspen llamándome a lo lejos. Cerré los ojos con fuerza mientras maldecía en mi interior. ¿Es que este chico no se cansaba?
—Aspen… —me giré justo en el momento en que él llegó al lado de nosotras y sonreí de manera tensa.
—Te estaba buscando, hombre —él dijo, dándome un golpe en la espalda.
Fue como si el alma hubiera salido de mi cuerpo y hubiera vuelto a su lugar cuando sentí el golpe en mi espalda. Quizás él no lo había hecho con mala intención, pero Aspen era un poco demasiado brusco y sus golpes estaban lejos de sentirse amigables. O probablemente yo no estaba acostumbrada a eso.
—¿Para qué me buscabas? —pregunté, un poco sin aire.
—Olvidé pedirte tu número para que estemos en contacto el fin de semana —me dijo y sus ojos viajaron hasta mi mejor amiga—. ¿Esta es tu chica?
Le lancé una mirada a Grace y ella entendió el mensaje de inmediato. Sus labios se curvaron en una sonrisa encantadora y en un segundo, su brazo se enredó con el mío.
—Hola, soy Grace. —ella dijo, estirando su mano en dirección a él.
—Aspen —el chico respondió, apretando suavemente la mano de mi mejor amiga.
—Oh, así que tú eres el famoso Aspen —Grace murmuró y yo enterré mis dedos en su brazo haciendo que la sonrisa en sus labios flaqueara—. Rude me ha hablado mucho sobre ti.
—Espero que solo cosas buenas… —él murmuró, masajeándose el cuello.
—No tienes idea.
Moví mi mano libre frente al rostro de mi compañero de cuarto para que él saliera de esa especie de estado de trance en el que se encontraba. Aspen murmuró entre dientes y sacó el teléfono de su bolsillo. Él lo desbloqueó antes de entregármelo. Tecleé mi número y me marqué una vez, teniendo una llamada perdida de su número.
—Aquí tienes —murmuré, entregándoselo—. Ahora, si nos disculpas, tenemos que irnos.
Grace agitó su mano en el aire en forma de despedida.
Cuando estaba a punto de subirme al coche, escuché la voz de Aspen llamarme otra vez. Maldije en voz baja antes de girarme para encararlo de nuevo.
—¿Sí?
—Habrá una fiesta… mañana… en casa de Antonio —él dijo—. Podrías venir. Ustedes dos, quiero decir.
Grace y yo compartimos una mirada y ambas asentimos al mismo tiempo. Aspen sonrió.
—Genial. Te enviaré la dirección por mensaje. Nos vemos.
Esperé a que él se alejara unos pasos para girarme. Me encontré a mi mejor amiga de pie al lado de la puerta del conductor y cuando nuestros ojos se encontraron, ella sonrió.
—Él es súper, híper, mega, demasiado caliente
Me reí de su juego de palabras y ambas subimos en el coche. Yo estaba lista para volver a mi realidad.