Preludio
—Dime que ya llegaste.
—Dame un momento, Marion. Voy saliendo de mi presentación.
—Sarah, mi abuelo me llamó. Ese tipo está en el restaurante hace una hora ¡Date prisa!
Salí de la escuela de leyes, corría como loca en medio de los estudiantes que también salían.
—Hago lo mejor que puedo, te dije que tenía que presentar mi proyecto final antes, ¡no me estreses más!
—Lo siento, lo siento. Vamos a calmarnos, le diré al abuelo que estoy en camino. ¿de acuerdo? Tú corre más rápido.
—Sí, ya detuve el bus.
—¡¿Bus?! Sarah, ¿Cómo llegarás en bus?
—Lo importante es llegar, tu preocúpate por tu viaje, dale un abrazo de mi parte a Luna y dile que feliz cumpleaños. ¡Adiós!
—No, Sarah. Espera no me vayas a colg…
Corté la llamada y aproveché el camino para retocar mi maquillaje, un poco de polvo compacto para quitar el brillo de mi cara, corrí tanto que sudé demasiado.
Esto que hago por Marion es el limite de lo más grande que puedo hacer por una amiga, me perdí de celebrar con mis compañeros, de celebrar que por fin terminamos tantos años de estudio y sacrificio. ¡Ay! Espero que valores esto, que disfrutes ese viaje como nadie, porque de lo contrario sentiré que no valió la pena.
Me asomé por la ventana del bus para ver qué tan cerca estaba del restaurante, para mi sorpresa lo estábamos pasando.
—¡Pare! Señor, por favor deténgase.
Me puse de pie y el bus se detuvo de golpe, tuve que sostenerme de las barras para no caerme.
Estoy un poco retrasada, no es mucho, solo una hora y media. Lo bueno siempre se hace esperar.
Acomodé mi camisa y pasé mis manos por mi cabello.
—Buenas noches, tengo una reserva.
—Buenas noches, bienvenida ¿Cómo es su nombre?
—Soy Sa… Marion, Marion Foster.
—Oh, aquí está. Venga, su mesa está en la zona VIP.
La chica fue amable en llevarme hasta el lugar.
—Es la mesa que está frente a la ventana —dice señalando—. Tendrá la mejor vista, disfruten.
—Gracias.
Tomé aire y me preparé, allí estaba. El hombre de mi cita ya estaba allí, lo vi sentado de espaldas a mí.
—Hola, lamento la demora, es que quedé atrapada en un trancón terrible; casi que no logro sacar mi auto de allí.
Tomé el espaldar de mi silla y lo rodé hacia atrás, observo al caballero y no tenía ninguna expresión en su rostro, solo meneaba su vino con elegancia y le daba sorbos pequeños.
—¿Llegó hace mucho?
Quise generar conversa, me senté frente a él, dejé mi bolso en un costado y esperé a que respondiera.
—Llegué hace dos horas.
—Oh, que vergüenza, de verdad.
Le di un vistazo al lugar y no estaba muy lleno, miré su traje y parecía costoso. El móvil que tenía en su mesa era de última tecnología.
¿Qué hago? ¿Qué se supone que debo hacer?
“Que sea un desastre” “haz un caos, espanta a ese hombre a como dé lugar”
Tengo las palabras de Marion en la cabeza, pero eso se escuchó más fácil de lo que parece.
—Entonces, ¿Qué es lo que haces? Creo que mi padre me dijo algo, pero no recuerdo con exactitud.
—No trabajo, mi abuelo me mantiene. Es que no me gusta, prefiero…
—Oh, pero creo que me habían dicho que eras fotógrafa.
Carajo, Marion no me habló con exactitud de lo que debía decirle a este tipo.
—Si —respondí con una sonrisa—. No lo veo como trabajo, es mi… mi pasión. Lo que me apasiona no le llamo trabajo, ya sabes.
—Entonces no eres una mantenida.
—No exactamente.
Agarré la botella de vino y me serví una copa.
—Buenas noches, veo que ya llegó su cita —dice el mesero—. Creo que están listos para ver la carta.
—Sí, estoy muriendo de hambre —solté tocando mi estómago.
El chico nos entrega el menú, lo empezamos a revisar y busqué lo más costoso.
—Para mí; sopa de marisco, que esté muy caliente, una hamburguesa con mucha cebolla y mucha salsa de ajo, papas a la francesa y quiero sesos de vaca.
El chico frunce su ceño y anota en su agenda con algo de duda, miraba a mi cita y este prefería ver la vista, luce incómodo.
—¿Y para el caballero?
—No quiero nada, estoy bien. Solo traiga otra botella de vino, por favor.
El mesero se lleva la orden.
—¿Cómo es su nombre? Creo que mi abuelo no mencionó mucho sobre usted, solo que conoce a su padre.
—Me llamo Christian, y si no me equivoco usted es Marion, ¿verdad?
—Si, me llamo Marion.
—Dígame usted…
Saqué mi móvil para interrumpir su charla, le alcé todo el volumen y empecé a jugar Free Fire.
—¡Carajo! Casi me matan.
Las personas empezaban a mirar, Christian se servía otra copa de vino y tapaba su rostro con disimulo.
—Aquí está su orden.
El camarero llega con dos carritos, en ellos toda la comida que pedí.
—¡Si! Las tripas ya me sonaban, muero de hambre.
Puse mi móvil en un lado de la mesa y recibía los platos que invadían la mesa.
Puse en frente de mi la sopa, el humo que salía evaporaba toda mi cara. Empezaba a hacer calor. Me ventilé el rostro con las manos, empecé a recogerme el cabello en un chongo para prepararme.
—Es mucha comida, tiene usted un… buen apetito.
—En las noches no como tanto.
Sostuve la cuchara y la llené del líquido, metí la cara en el plato y empecé a sorber la sopa haciendo tanto ruido que me escuchaban del otro lado del restaurante.
—¡Mierd*! Me quemé la boca.
Rodé el plato a un lado y pasé la hamburguesa al frente de mí, le di un mordisco grande, muy grande, los pequeños espacios que quedaron libres los llené con papas fritas.
—¡Oh! Está rico —digo con la boca llena—. ¿Quieres? ¡Oh! Tiene tanta cebolla que mi aliento puede matar a un puto dragón. Mire.
Abrí la boca y le mostré todo lo que masticaba, él hizo un gesto y miró a otro lado.
Si esto no lo espanta, nada lo hará.
Estuve esperando que se fuera, que se pusiera de pie y se marchara del restaurante, pero seguía ahí.
Me embutí todo lo que podía, me llené las manos y las mejillas de salsa. De reojo lo miraba y estaba como un tonto mirándome. ¿Qué esperas? ¡Vete!
—¡Oh! Los sesos, amo los sesos. ¿está seguro de que no quiere?
Esta vez no responde, solo niega con su cabeza.
—Esto parece vomito de gato —dije antes de meter una cuchara grande en mi boca.
—Como despacio.
Lo ignoré y seguí comiendo como animal.
—Marion.
Masticaba todo llenando mis mejillas.
—Marion, la llaman.
Dios, no me cabe más en el estómago.
—¡Marion!
—¿Qué? ¿habla conmigo?
—Si, Marion es su nombre ¿verdad?
—Oh si, ¿Qué?
—La llaman —dice señalando mi celular.
Miré a un lado y era mi madre, mierd* ¿Qué hora es? Debe estar preocupada.
—Es de mala educación responder el teléfono en una cita —respondí limpiando mi boca con el mantel de la mesa.
—¿Dónde le gustaría ir la próxima vez? —pregunta él cruzado de piernas.
¡¿Qué?! ¿Cómo que próxima cita?
No, eso no puede pasar. Debo sacar mi ultima carta.
—¡Voy a vomitar! —digo en voz alta—. Creo que voy a vomitar.
Me puse de pie con brusquedad dejando caer la silla, tomé mi copa de vino e intenté darle un sorbo.
—¡Mierd*! Ya viene, ya viene.
Caminé cerca de él y amagué como si realmente fuera a soltar todo lo que comí, él hizo un gesto de desagrado, pero seguía en su silla ¿Por qué no se va?
—¿Está bien? —pregunta frunciendo toda su cara.
—No, voy a…
Me apoyé en su silla y volteé toda la copa de vino sobre su traje, esta vez si se puso de pie y se alejó sacudiendo su traje.
—¡Por fin! Casi no se va.
Tomé una servilleta y limpié mi boca, mis manos y mis mejillas. Agarré mi celular y le envié un mensaje a Marion.
—Listo, me deshice de tu cita a ciegas.