Clara Luz habló por más de tres horas con científicos, astronautas, ingenieros aeroespaciales. Todos siempre parecían incrédulos al escuchar, pero, después se quedaban perplejos, luego negaban sus palabras, para contradecirla con demasiada pasión, por último, se ponían a negociar creyendo algunas cosas y desdeñando otras, pero terminaban creyéndolo. Aquel círculo vicioso se había vuelto divertido para ella. «La naturaleza humana siempre vivirá en duelo» pensó cuando el último grupo de eruditos la apoyó. —Entonces no hay forma de atacar esas naves —preguntó el jefe militar —No hay forma en que alguno de sus hombres sea capaz de enfrentarles, solo un niño podrá luchar contra ellos. —Nos está pidiendo un gran sacrificio, lanzar a nuestros niños a una guerra sin piedad, puede ser devasta

