Estamos casados
BELLA POV
Sabía que mi hermana tenía novio desde hace algunos meses, pero todavía no habíamos tenido el honor de conocerlo. Ella siempre me habla de él y yo siempre le digo que, por favor, organicemos una cena para poder conocer al chico que la tiene muy enamorada. Somos hermanas gemelas: Bella y Ella, siempre hemos sido muy unidas, nos contamos nuestros secretos y nuestros sueños. Ella siempre soñó con casarse con su príncipe azul, con alguien que la ame incondicionalmente y creo que lo ha encontrado. Estoy trabajando en mi taller de diseños, la mayor parte del tiempo estoy siempre aquí, dibujando nuevos estilos o con mi máquina de coser. Con esfuerzo compré este taller después de la universidad y ahora me dedico a esto, es mi hogar.
—Bella. —Ella aparece por la puerta, lleva un bolso y una sonrisa en su rostro. Sus rizos amarillos resaltan en el sol—. Te he estado buscando, necesito tu ayuda en algo.
—¿Qué pasa? ¿Por fin vamos a conocer a tu novio?
—Déjame decirte que sí, por fin lo vamos a conocer. —Sonrió—. Lo que quiero que hagas por mí es algo simple, quiero empezar un pequeño negocio de floristería en la ciudad y necesito una persona que me respalde. Pensé en ti.
—¿Quieres poner una floristería? —quise saber, eso era nuevo. No sabía que mi hermana quisiera vivir de flores.
—Sí, es solo algo que he venido pensando desde hace un tiempo. ¿Puedes? Solo tienes que dar tu nombre y la firma, no es nada importante —me dice. Siempre he confiado en mi hermana, pero también me gusta asesorarla. Mi padre casi no nos apoya, pero se entiende, después de la muerte de nuestra madre, él cambió mucho.
—A ver —le pedí los papeles; ella me entregó la carpeta.
—¡No puede ser! Es muy tarde, Bella, necesito que los firmes ya o, si no, van a darle el local a otra persona. ¡Por favor! —me suplicó, se veía desesperada y no quería ser yo quien le quitara esa ilusión.
—Está bien —tomé un bolígrafo y firmé donde me señaló sin siquiera leer el documento.
—¡Gracias, eres la mejor! —Me quitó la carpeta y se fue corriendo.
Negué con la cabeza y volví mi vista a la máquina.
*
A eso de las cinco de la tarde recibí un mensaje de Ella.
—Cena a las siete. No faltes.
Bien, tenía tiempo para terminar un vestido y luego irme.
*
Salí del taller, tomé mi auto y manejé a casa de mi padre. Tenía un buen presentimiento sobre la cena, veía a Ella muy emocionada y casi nunca cenábamos juntos, así que por fin conocería al chico. Cuando llegué a casa, Ella vino por mí.
—Por fin llegas. Te quiero presentar a Caleb Risling. —Ella me lleva de la mano hasta el comedor. Allí estaba papá con un sujeto alto, de traje y aura intimidante.
¿Este es el novio de mi hermana? El hombre es bastante guapo y atractivo. Sus ojos se posaron en mí y me quedé estática por un momento. Sentí algo extraño dentro de mí, algo que jamás había sentido.
—Caleb, ella es Bella —me presenta.
—Mucho gusto, Bella —Caleb me extiende la mano—. Son como dos gotas de agua.
Parpadeé varias veces y le di la mano también.
—Mucho gusto, Caleb —medio sonreí, quitando mi mano. Era extraño todo—. Al fin te conocemos.
—Habría querido venir antes, pero Ella quiso esperar un poco. No estaba segura de si la relación entre nosotros iba a funcionar —nos dice.
—Pero estamos aquí y funciona más que bien —añade papá, visiblemente contento.
—Vamos a sentarnos. —Papá me da una mirada rápida, esa mirada solo significaba algo: que me comporte.
Me senté frente a Bella y Caleb. Él la tomó de la mano y nos miró.
—En realidad, estamos aquí porque queremos su permiso, señor Stein.
—Pero si ustedes ya son novios, señor Risling —le dice mi padre.
—No es para ser novios, señor, sino para casarme con ella —Caleb sonrió y Ella medio sonrió. Me sorprende que estén pensando en casarse si apenas están conociéndose. Es decir, apenas llevan siendo novios algunos meses y hasta ahora conozco a Caleb. No me parece mal tipo, pero me hubiera gustado conocerlo más antes de aceptar que mi hermana vaya a casarse.
—¿Casarse? ¿Tan rápido? —quise saber. Caleb dejó de sonreír en ese momento. No le gustó para nada que me opusiera a eso—. Es decir, me parece muy pronto —reí, tomando un vaso de agua.
—Estamos enamorados, Bella —me dice mi hermana—. Además, para nosotros han sido los mejores meses. Estamos muy seguros.
Caleb me miró, sus ojos negros y profundos me hacían sentir un poco nerviosa. Estoy nerviosa.
—Bella, es mejor que no opines. El señor Risling vino a pedirme la mano de mi hija Ella y, claro, que se la voy a dar. A ti solo te están avisando —intervino mi padre, siempre lanzándome pedradas.
Me quedé callada, me puse de pie y salí al patio para tomar aire. No estoy enojada de que mi hermana se case, sino de que lo haga tan rápido. No quiero que se equivoque, quiero que conozca a Caleb, que se conozcan estando enojados e incluso que su amor supere la distancia. Hay mucho más que solo la emoción del momento.
—Bella... —Ella llegó donde mí y se sentó a mi lado—... Entiendo que tengas dudas, pero quiero que sepas que me quiero casar con Caleb.
—¿Tan enamorada estás?
—Claro que sí. Además de eso, ayudaría a papá a pagar una deuda. Caleb es el único que puede ayudarnos.
—¿Deuda? ¿Acaso por eso lo estás haciendo? Me niego, Ella.
—No, claro que no. Como te decía, si de paso ayudaré a papá, entonces por mí está bien. Caleb es bastante bueno conmigo. Por favor, no te niegues a esto y acéptalo.
Suspiré.
—Eres mayor de edad, Ella, tú sabes qué hacer.
—Pero no me sentiré bien si no estás de acuerdo conmigo.
Suspiré de nuevo. No estaba de acuerdo, pero tampoco iba a arruinar su felicidad.
—Está bien. Cásate si es lo que quieres. Y no, no estoy enojada.
—¿Estarás en mi boda? —me pregunta. Había algo especial en su mirada. Es como si me ocultara algo. La verdad, no veo la felicidad de una futura esposa.
—Claro que sí.
—No vayas a faltar, por favor. Eres la invitada principal —me da un medio abrazo y regresa adentro. Ya no quise volver, sería demasiado hipócrita de mi parte.
Ahora solo la dejaría que hiciera su vida.
*
UN MES DESPUÉS
Había sido una mañana bastante ajetreada en el negocio. Algunas chicas habían comprado sus vestidos para la boda de Ella en mi tienda, y eso me había tomado bastante tiempo de lo normal. Ella estará muy enojada porque me he perdido su boda, apenas llegaré a tiempo para la ceremonia. Mi celular se descargó hace como tres horas y, con tanto trabajo, me había olvidado de cargarlo. ¿Ahora cómo voy a compensarle esto a Ella? La dejé sola en su gran día.
Tomé mis cosas y entré al auto, manejé lo más rápido que pude a casa de mi padre, donde se realizaría la ceremonia y luego el cóctel. Cuando llegué, me sorprendió no ver coches de invitados. ¿Acaso ya terminó todo? Corrí a la entrada y me detuve en seco al ver a Caleb y a papá discutiendo.
—¡¿Dónde estabas, Bella?! —me grita papá, tomándome de los brazos.
—¿Qué pasa?
—¿Dónde está tu hermana? ¿Qué hiciste para conseguirlo?
—¿De qué están hablando? —no entendía nada. Miré a Caleb, quien vino hacia mí. Se miraba furioso, traía una carpeta en sus manos y me la entregó.
—Lee —me dice.
Abrí la carpeta y caí en cuenta de que era el certificado de matrimonio.
—¿Qué hay con esto? —le pregunté a Caleb.
—Lee abajo —me dice—. No sé cómo lo has logrado, pero no vas a salirte con la tuya.
Leí hasta abajo y me quedé estática al ver mi firma allí como si la esposa fuera yo.
—¿Qué?
—Así es, Bell, estamos casados.