Valentía Universitaria

1128 Words
Después de la emergencia que me impidió estar presente como jurado en el concurso de la universidad, siento que debo redimirme de alguna manera. Decido a ofrecer una ponencia en la misma institución, una oportunidad para compartir mi experiencia y conocimiento con los jóvenes talentos que están ansiosos por aprender. El día de la ponencia llega, y me encuentro listo y preparado para enfrentar a la audiencia. Coordino con mi asistencia para asegurarme de que todo esté en orden, y nos dirigimos hacia la universidad juntos. Al llegar, el bullicio característico de los estudiantes llena el aire, creando una atmosfera electrificante que resonaba en cada rincón del campus. Me sentía emocionado por la oportunidad de interactuar con ellos, de sumergirme en ese mundo efervescentes de ideas y energías juvenil. Mientras caminaba por el campus, absorto recordando mis tiempos de estudiantes, fui repentinamente sacado de mi ensimismamiento al chocar con una jovencita que se había acercado en dirección opuesta. -Oh, disculpa. No te vi venir, me apresuré a disculparme, apartándome para dejarle paso. La sorpresa del encuentro fugaz se reflejaba en su rostro por un instante, pero enseguida una sonrisa amable ilumino sus rasgos, disipando cualquier atisbo de malestar. Nuestros ojos se encuentran brevemente, y me quedo mirándola un momento más de lo necesario. El color de sus ojos me cautiva, un tono tan profundo y expresivo que me deja sin aliento por un instante. Fue entonces cuando decidí aplicar mi habitual estrategia de seducción, comenzando a contar mentalmente como suelo hacer cuando me encuentro ante una mujer atractiva: 5, 4, 3, 2… Sin embargo, antes de que pudiera llegar a uno, ella se alejó, sumergiendo en una animada conversación con sus amigos como si yo nunca hubiera estado allí. La sensación de haber sido ignorado me golpeó con una sorpresa y desconcierto momentáneos, dejándome sin palabras por un instante. Antes de pudiera recuperarme del desconcierto, mi asistente me habló, rompiendo el breve pero intenso trance en que me encontraba - ¿Todo bien, señor Adam? Pregunta mi asistente, sacándome de mi ensimismamiento. -Sí, sí. Solo me distraje un momento, respondo, forzando una sonrisa. Entramos en el auditorio y me preparo para comenzar mi ponencia, pero no puedo sacar de mi mente la imagen de esa jovencita y su actitud al ignorarme por completo. A medida que habló, mi mente divaga, preguntándome ¿Quién es ella? y por qué no había reaccionado antes mis encantos. Al final de la ponencia, mientras los estudiantes aplaudían, el maestro de ceremonia lanza sobre si hay preguntas, a lo que a lo lejos y poco visible se escucha una voz muy dulce decir: “Yo” **VICTORIA** Han pasado unos días de incertidumbre y lo único que he logrado escuchar es sobre la ponencia del joven CEO Adam Smith en la universidad me llena de enojo y resentimiento. ¿Cómo puede ser que alguien que ni siquiera se digno a presentarse al concurso ahora tenga la audacia de dirigirse a nosotros? Con ese sentimiento ardiente en mi pecho, les comento a mis amigos que deberíamos ir a la ponencia y escuchar lo que este individuo tiene que decir. En el camino hacia al auditorio, choco accidentalmente con alguien, pero sin siquiera tomarle importancia a la persona, sigo mi camino hacia la sala donde se llevará a cabo la ponencia. Con mis amigos a mi lado, escuchamos la ponencia de Adam Smith con creciente indignación. Él se presenta como si fuera la gran cosa, como si su ausencia en el concurso no fuera más que una cosa del pasado. Cuando el finaliza su ponencia y el maestro de ceremonia anuncia la rueda de preguntas, veo mi oportunidad. Levanto la mano y, con determinación en mi voz, me ofrezco como voluntaria para hacer una pregunta. -Yo digo, con firmeza. mi pregunta se centra en el compromiso y responsabilidad que deben asumir los empresarios antes de aceptar compromisos, como ser jurado en un concurso, sabiendo que quizás no puedan cumplir con ellos. Un silencio tenso se apodera del auditorio al formular mi interrogante, como si las palabras mismas estuvieran cargadas de significado y desafío. La respuesta de Adam resuena en el aire, justificando las posibles eventualidades imprevistas que podrían impedir a un empresario cumplir con sus compromisos. Sin embargo, mi persistencia no pasa desapercibida para él. Con un gesto que denota su incomodidad, Adam se dirige a mí con pregunta retórica, tratando de ubicar mi voz entre la multitud. ¿Acaso insinúa algo, señorita? Interroga, su tono desafiante revela su intento por desestimar mi cuestionamiento. ¿Puedo saber quién realizó la pregunta? Añade, evidenciando su necesidad de identificar a la persona que ha desafiado su posición A pesar de los intentos de mis amigos por detenerme, impulsada por un sentido de deber y orgullo, me pongo de pie y repito con determinación: Claro, yo he realizado la pregunta, Adam en su intento por localizarme entre el resplandor del reflector que me oculta, no logra encontrar mi rostro, pero mi voz resuena con fuerza en el auditorio, desafiando aún más su posición. -Creo que no eres un empresario de palabras, afirmo con convicción, sintiendo cómo la mirada de todos en el recinto se posa sobre mí como un haz de luz. Los murmullos comienzan a extenderse entre los estudiantes, signo de que mi comentario ha causado un revuelo inesperado. Los murmullos comienzan a extenderse entre los estudiantes, como un rumor que se propaga rápidamente por todo el auditorio. Creando una atmosfera cargada de expectación y sorpresa. Adam, en medio del revuelo que se ha generado, parece visiblemente desconcertado, su habitual seguridad ahora sacudida por el inesperado desafío que ha surgido en medio de su discurso. La tensión en el auditorio se hace palpable, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso, y el maestro de ceremonia interviene rápidamente para restaurar el orden. Con gestos decididos, llama al rector al escenario, buscando poner fin al evento de manera ordenada y evitar que la situación incómoda se prologue más. El silencio cae sobre el auditorio cuando el rector toma la palabra y da por finalizada el evento. En ese momento, él se dirige al rector para conversar, y retorna su mirada hacia donde yo estaba, pero en ese momento mis amigos me cubren rodeándome con abrazos reconfortantes, mostrando su apoyo incondicional. Juntos, abandonamos el auditorio, dejando atrás al famoso Adam Smith y sus pretensiones vacías. Ha sido una lección poderosa, no solo para él, sino también para mí. Queda grabada en mi mente la importancia de alzar la voz y defender firmemente lo que uno cree, incluso cuando eso implica desafiar a aquellos que ostentan posiciones de poder. En ese momento, comprendo la valentía y la integridad son más importante que cualquier reconocimiento superficial o status social.
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