Su mente estaba en blanco desde hacía años. Ella no recordaba su nombre, tampoco su procedencia, solo recordaba sus habilidades y que las cicatrices que llevaba fueron hechas en la Guerra.
Ryan la miró sorprendido a lo que ella le devolvió la mirada mientras preguntaba:
- ¿Acaso dije algo malo?
- No, para nada, creo- le contestó Ryan sintiéndose un poco nervioso delante de aquella misteriosa mujer, moviendo sus manos abiertas en señal de que se tranquilizara un poco le aclaró- es que, me sorprende que no recuerdes tu propio nombre
- Suele pasar ¿Que no existe la llamada amnesia?- le contestó la Mujer Sin Nombre cargando sus revólveres con las balas que estaban en las cartucheras de su cinturón
- ¡Sí! ¡Claro que sé de la amnesia! Pero me sorprende que aun así no hayas decidido darte un nombre siquiera- le explicó Ryan tratando de salir de su asombro inicial
- Tampoco es que necesite de uno ¿Verdad?- se quejó la Mujer Sin Nombre molestándose con Ryan mientras continuaba cargando sus revólveres
- ¿Y cómo te llaman tus amigos?- le preguntó Ryan con una gran ingenuidad que hizo reír a la Pistolera
- ¿Amigos?- rió ella- ¿Acaso ves a algún amigo por esta zona? Soy una Loba Solitaria señor Ryan
- ¿Y a donde se dirige señorita?- le preguntó Ryan con una inocente curiosidad que se desvaneció al notar como ella lo miró con dureza, diciéndole
- A California, debo ir allí … por algo que tampoco recuerdo; pero es como una necesidad ¿Acaso desea continuar con este interrogatorio o llevar las vacas a su destino jovencito?- le habló con molestia la Mujer Sin Nombre
- Cierto… lo siento, tiene razón señorita…- asintió Ryan rascándose la nuca en señal de pena, su sonrisa nerviosa solo incomodó aun mas a la Mujer Sin Nombre quien le contestó
- Mira, si tanto te incomoda el que no tenga un nombre, entonces me puedes llamar La Pistolera o, si te es más cómodo, Colt
- ¿Colt?- preguntó sorprendido Ryan
- Por mis armas- le respondió ella sonriente mostrándole sus revólveres de la marca Colt 45
- De acuerdo, pero antes debo ir por mi hijo y después iremos a nuestro destino, Colt- le pidió Ryan remontando su noble corcel
- Esta cerca, se encuentra cuidando de un novillo escurridizo- le aseguró Colt esbozando una sonrisa divertida
- Pues allí vamos- suspiró, incómodamente, Ryan yendo por su hijo
. . .
Ryan cabalgó a donde se encontraba Jerry, quien al verlo exclamó:
- ¡Papá!- corriendo con todas sus fuerzas, lo abrazó exclamando- ¡Gracias a Dios que estas bien!
- Tranquilo hijo- lo calmó Ryan sonriéndole con cariño y recibiendo el abrazo de su hijo- todo está bien, Colt me salvó la vida
- ¿Quién?- preguntó Jerry sorprendido
- Nuestra amiga de cabello rojo y aspecto intimidante hijo, al parecer se llama Colt- le contestó Ryan con un tono de sorpresa y alegría combinada- ahora vamos, tenemos trabajo que hacer
- Si- asintió Jerry soltando a su padre y subiendo al caballo que Ryan cabalgaba, ambos llevaron al ternero con las demás vacas
Durante la cabalgata, los tres se mantuvieron muy callados. Ryan y Jerry miraban a Colt quien simplemente cabalgaba a su lado sin decir una sola palabra o dar indicios de querer hacer algo que no fuese acompañarles en silencio. Jerry no soportó más la curiosidad y unos metros antes de llegar a destino le preguntó a Colt:
- Colt, discúlpame el atrevimiento, pero ¿Dónde te hiciste esa cicatriz?
- ¡Jerry!- exclamó con enojo Ryan
- En la Guerra- le respondió Colt con calma, como si no le molestase
- Por favor perdónelo señorita, es que es algo curioso en algunas oportunidades y no suele medir el impacto de sus palabras- lo excusó Ryan sintiéndose un poco avergonzado, pero igual de curioso que su hijo
- En realidad me gusta ese espíritu curioso de aventura- le contestó Colt con una sonrisa, en su mirada se veía algo similar a una chispa de emoción- si el ser Humano no fuese curioso ¿Dónde estaría ahora? Casi seguro que en esas mugrosas cavernas siendo todavía animales salvajes
- ¡Vaya! ¿Colt, acaso peleaste en la Guerra Civil?- preguntó Jerry sorprendido
- No- le respondió ella
- ¿La Guerra contra Texas?- volvió a preguntar Jerry, asombrado
- Tampoco- añadió ella
- ¿Las Guerras Napoleónicas?- continuó Jerry con su interrogatorio- ¿O las de la independencia?
- ¡No soy tan vieja!- rió ella cerrando sus ojos y colocando su mano enguantada sobre su boca en señal de gracia
- ¿Entonces en que Guerra combatiste?- le terminó de preguntar Jerry sorprendido
- Ya sabes, la Guerra ¿Acaso ya la olvidaron todos?- preguntó Colt con una expresión de confusión y sorpresa- fue la más grande que pudo ocurrir en el mundo
- ¿Hablas de una guerra a nivel mundial?- le preguntó Ryan sorprendido
Colt les miró con cierta incredulidad y tras hacer una exclamación de sorpresa, les dijo con una sonrisa:
- Olvídenlo, posiblemente el muchacho tenga razón y fue en la Guerra Civil. Mi cabeza ya no funciona como antes
- ¿Qué es lo máximo que recuerdas Colt?- le preguntó Ryan sorprendido ante las actitudes de su reciente amiga
- Yo recuerdo… recuerdo- les contaba Colt mientras sus ojos azules se perdían en el horizonte
. . .
Veía los campos verdes y los largos prados que formaban parte de su hogar. Recordaba cosas que le eran vagas: grandes fiestas, un castillo medieval, caballeros de brillante armadura, un Rey junto a su Reina y una Cruzada, la ultima de todas, la que definiría el destino de la tierra… la Gran Guerra que hubo tantos años atrás. Recordaba los bailes al compás del trovador y la fiesta, la fiesta en que lo conoció… después nada más.
Movió la cabeza con rapidez para añadir:
- Solo campos y prados pero nada más, ni siquiera recuerdo mi nombre ¿Cómo podría recordar mi procedencia?
- Tienes razón, lo siento- se disculpó Ryan bajando la cabeza en señal de pena
Ella se mantuvo nuevamente en silencio sin decir una sola palabra más y continuó con su cabalgata; pero Jerry creía que Colt sabía algo más, solo era cuestión de tiempo para que lo descubriese. Sonriendo continuó su cabalgata en silencio.
. . .
Cuando llegaron a donde estaba el rancho de MC Cullister, él ya los estaba esperando. Era un hombre de unos sesenta años, vestía una camisa blanca con un chaleco marrón, tenía unos pantalones con chaparreras de cuero marrón. Cuando salió a recibirlos lo primero que hizo fue notar la imponente presencia de Colt y exclamó:
- ¡Cielos! ¡¿Acaso eso es una dama?!
- Nunca dije serlo- le contestó Colt molesta, tomando de su bolsillo una harmónica y comenzar a tocarla logrando calmarse en poco tiempo
- Es una amiga nueva MC Cullister- le respondió Ryan guardando la calma y contándole lo ocurrido- y es gracias a ella que tus vacas llegaron a tiempo
Luego de que MC Cullister recibiese las vacas y terneros, le dio el dinero de la entrega a Ryan y se despidieron, Colt se subió a su caballo diciéndoles:
- Cumplí con mi parte del trato, ahora ustedes cumplan con la suya: llévenme al pueblo más cercano
- Y eso haremos- le respondió Ryan iniciando la marcha, preguntándole- cuando llegues allí ¿Qué es lo que harás Colt?
- Buscar donde comer y dormir un poco, quizás me lleve a la cama a algún sujeto que me caiga bien- le contó ella largando un gemido de enojo, comenzando a cabalgar
- ¡Oye, Colt espera!- le pidió Ryan, asombrado ante lo que ella decía- tenemos una casa cerca del pueblo y también un poco de Whisky del bueno. Lo último no lo poseemos pero si esas dos cosas
- ¿Acaso te preocupas por mi?- le preguntó Colt secamente
- No- le respondió Ryan, añadiendo- en realidad me preocupo por los pobladores, veras Colt… Miracle Town no es como los demás pueblos del Oeste
. . .
Fundado en 1864 por varios refugiados de la Guerra Civil que se habían convertido al catolicismo, después de ver como las ciudades del estado de Carolina Del Sur sucumbían ante el fuego del ataque de los Yanquis del Norte. Ellos habían huido al oeste siendo liderados por un ser misterioso llamado El Profeta. Este ser era un hombre alto, vestido con una sotana roja que cubría todo su cuerpo y portaba una máscara de yeso que ocultaba su rostro. Aquella pálida cara tenía las facciones de un posible filósofo griego, con unas expresiones que por momentos parecían mostrar que se encontraba reflexionando o bajo una ira asesina. La boca se encontraba abierta aunque no había rastros de los labios del que portaba dicha mascara, solo oscuridad en la misma y también en sus ojos, los más negros como si fuesen de la noche. El cabello tallado era corto y apenas se notaba tras esa capucha larga de color rojo como la sangre. El Profeta era alguien muy poderoso para todos los que iban a oír su sermón los domingos. Su voz era potente, como si de un trueno se tratase y sus palabras evocaban poder, admiración y temor. Todos veían a aquel extraño hombre como si fuese la encarnación física de Dios. Todos menos Ryan, él nunca estuvo a favor del Profeta debido a que su hogar había sido construido en 1861, unos años antes de que el pueblo fuese fundado, por lo que se encontraba muy en el límite, en el límite del pueblo, en el límite de la tolerancia con los pobladores y en el límite de la paciencia del Profeta. Para Ryan, aquel hombre era un loco que les había lavado el cerebro a los pobladores aprovechando su miedo y sus heridas emocionales sufridas durante la guerra. Aquel monstruo era un tirano que sometía al pequeño pueblo de Miracle a su gusto y placer. Hasta ese momento Ryan había mantenido la raya con los pobladores del lugar, pero haría unos días atrás…
Miró a Colt y le dijo:
- En Miracle Town no hay tabernas, no hay bebidas alcohólicas y mucho menos hombres que te sean de tu agrado Colt- con una sonrisa que emanaba pesar antes que alegría, le ofreció su mano mientras le rogaba- por favor, ven con nosotros
Ella lo miró en silencio y con severidad por unos minutos, tras cerrar los ojos largando un suspiro de cansancio, le contestó:
- Solo porque no quiero pasar la noche en otro desierto, pero mañana a la mañana me iré
- Entendido- asintió Ryan sonriendo- y… gracias
- No tienes que darlas- se quejó Colt cruzándose de brazos mirando hacia otro lado
- ¡Yupiii!- exclamó de alegría Jerry alzando sus manos en señal de alegría
Colt los miró y se quejó nuevamente, esto no estaba saliendo como lo había pensado la noche anterior.
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Cabalgaron, toda la tarde hasta el anochecer, hacia la casa de Ryan. Se mantuvieron en silencio durante todo el trayecto. Cuando llegaron la expresión de Jerry fue de asombro y la de Ryan fue de dolor. Colt se bajó de su caballo para acercarse a donde estaba la entrada de aquella casa que se veía muy bella, hecha de troncos dándole el aspecto de una cabaña antes que de un hogar del oeste. Las ventanas eran de un estilo más victoriano y se podía ver que esta gozaba de un amoblado demasiado esquicito. Sin embargo Colt notaria todo eso después, en ese momento ella observaba un letrero escrito con cenizas en la puerta de la entrada que decía:
RYAN BILLSWOURD, TIENES DIEZ DIAS PARA ARREPENTIRTE O MORIRAS POR LA MANO DE DIOS Y DE SUS ÁNGELES VENGADORES