13. ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?
Ahora en la facultad me entero que todos están enterados de la fiesta de Minna, y todos están invitados, todos menos yo. Me siento una paria.
—¿Cómo que no estás enterada? —pregunta Raúl que dice que asistirá con su novia.
—Como dije… —le repito—. No tenía ni idea que había fiesta, igual Minna no me habla.
—Pero ella no habla con nadie.
Eso es tan falso como que existe Santa Claus.
—Siempre la veo acompañada con los chicos más atractivos de la facultad, eso no es verdad, Raúl.
—Ya, pero quise decir que no habla con quién no se acuesta… ¿ya me entiendes?
—Pero resulta que ella me dirigía la palabra… hasta que…
—¿Te metiste con sus hermanos? —me interrumpe.
—Con uno de sus hermanos —se lo aclaro.
—Todos lo saben, Bell —dice con un todo de sabelotodo—. Los Loundland son de cuidado.
—¿Por qué lo dices? —y ahora me escucho como una tonta ingenua.
—No me salgas con que no lo sabes… —responde con impaciencia—. Te lo dije yo hace días.
—¿Qué dices que me dijiste? —ya ando otra vez enredándome con las palabras, me odio cuando sueno tonta.
—Que no te conviene juntarte con sus hermanos… —replica Raúl con cara de hermano mayor—, suelen jugar con las chicas y luego las dejan mal paradas. No quiero que te pase eso, eres mi amiga y te tengo aprecio.
—De todas formas yo solo conozco a Duke —alzo los hombros haciéndome a la desentendida.
—¿Te acuerdas de Andy Mclean?
—¿La de último año?
—Sí —respondo sin saber por qué la menciona—. Por lo que sé renunció a días de graduarse.
—¿Por qué crees que hizo algo así?
—Ni idea.
—Eres la chica menos chismosa que conozco, ¿lo sabías? Bueno, como no lo sabes te lo digo yo que soy tu amigo. Andy Mclean era juguete de los Loundland. Dicen que la dejaron tan mal de la cabeza que trató de quitarse la vida, sus padres la internaron en un centro de ayuda y nadie más supo de ella. Si no me crees pregúntaselo a quien quieras, aquí en la facultad es un secreto a voces. Incluso Cadril sabe lo que pasó con ella.
Pero todo eso que me dice es tan ajeno para mí que siento que Raúl en su afán de protegerme se está haciendo una novela.
—Lo que le haya pasado a Andy no me pasará, tenlo por seguro —le digo tan segura de mí misma. Ahora, de haberlo intuído lo que me espera a partir de unas horas jamás pondría en duda sus palabras ni sus advertencias. Tonta yo por no ver más allá de mis narices.
—Si tú lo dices, Bell… —dice mirándome sin creérselo de todo—. ¿Irás a la fiesta o no?
—Sí iré —le digo sintiendo que debo demostrarle que no soy como Andy—, iré para demostrarte que no me pasará nada porque yo sí sé cuidarme.
—Ok.
—Pero tienes que llevarme —le digo mordiéndome los labios. Raúl ya se lo esperaba.
—Pasaré a eso de las doce —me dice.
—¿Doce?
—¿A qué hora crees que empiezan las fiestas en casa de los Loundland? —ahora me mira como si fuera tan obvio.
—Hablas como si lo supieras todo —le miro con los ojos entrecerrados, Raúl alza los hombros.
—He ido a algunas de las fiestas que dan, solo eso.
—Pues búscame a las doce.
—Como quieras, Bell, pero no olvides que somos amigos. Si te sientes incómoda o quieres que te devuelva a tu casa, solo dilo, ¿ok?
—No serás mi niñero, ¿ok?
—Ok. Ok. Eso me pasa por ser tan genial...
Eso me saca una sonrisa sacándome la tensión.
—No te conté pero alguien de Profriends me ayudó con las deudas.
—Me alegra saberlo —se ve en su cara que sí se pone contento por mí.
—Hasta ahora no termino de creérmelo —pongo cara pensativa y miro hacia el largo pasillo que nos espera hasta la salida.
—No es la primera vez que pasa. En esa página hay gente que tiene poder e influencias y que alguien aparezca con un problema es como un placer torcido para ellos…
Quiero preguntarle cómo dio con la página y si ha pedido alguna ayuda, ni siquiera he dado con su cuenta en Profriends. Como sea, es hora de volver a casa, Minna pasa por mi lado y ni me ha mirado. Pero los comentarios sobre la fiesta no se dejan de escuchar:
Dicen que será más alocada que la del año pasado…
No lo dudo… dicen que estarán el Rey de Bastos…
Yo iré solo por ver al Rey de Copas.
Dicen que ya tienen a su nueva Andy…
Pobre ingenua, a esta altura nadie debería caer en sus redes.
No quisiera estar en sus calzados.
Las de segundo año me miran como si me conocieran. Yo me quedo paralizada en el mismo sitio, sin saber qué decir o qué hacer.
Okey. ¿En qué estaba metida el año pasado para no estar al tanto de todo?
Ciertamente solo recuerdo mis encuentros con mi galán motoquero y mis largas prácticas de dibujo, las vacaciones en Miami y ya… nada sorprendente la verdad. Jamás escuché que Minna tuviera hermanos hasta que ella misma me los mencionara.
—¿Te llevo Bell?
—¿Y qué pasa con Dany?
—No nos veremos, se fue a almorzar con su papá —me dice él animándome a llevarme como antes de que se pusiera de novio.
—Prefiero caminar —le digo yo, asumiendo que si me subo a su coche sentiré añoranzas de esas épocas con él.
—Como quieras. Nos estamos viendo —Raúl se sube a su auto y lo veo marcharse.
Quince minutos después, estoy en la parada de bus pensando que debí aceptar que Raúl me diera un aventón a casa. No ha pasado un solo bus desde que llegué y para el colmo mi celular tiene un dos por ciento de batería. No me sirve ni para pedir un Uber. Me apoyo en el poste del letrero. El calor está insoportable.
Un auto todo terreno se detiene justo a unos pasos de mí. Esto huele mal. La ventanilla se abre y yo, trato de no mirar adentro.
—Sube.
De repente mis ojos van a fijarse en el conductor. Lo conozco, claro que sí. Pelo oscuro mirada penetrante, bien vestido, solo que no recuerdo de dónde.
—Sube —vuelve a decir con un tono bajo.
—No subo a coches de desconocidos —respondo con toda la seguridad que nadie va a moverme de este lugar.
—Profriends.
—¿Perdón?
—Me juraste qué harías todo lo que pidiera si pagaba la deuda de tu familia.
Ay, carajo, este tipo es el misterioso D.
Pero…
¿Por qué aquí? y sobre todo… ¿Por qué ahora?
Pero el tipo sigue ahí, sentado en su cuatro por cuatro, esperando a que haga lo que me pide.
—Sube Bell.