7. Soy Conejita Mojadah69.

1378 Words
7. Soy Conejita Mojadah69. Tendré que reventar mi pequeña cerdita, que es mi alcancía. La fui llenando semana a semana, desde los quince. Debe alcanzar para algo. Claro que sí. Mi vieja alcancía de estuco que sobrevivió a muchos accidentes ahora debe ser sacrificada por el bien familiar. Le doy un beso en la cabeza a mi cerdita rosada y la dejo caer al suelo. Cae pesada rompiéndose en mil pedazos, revelando su contenido. Muchos billetes, y muchas más monedadas. —¿Estás bien, hija? —pregunta mi mamá al otro lado de la puerta. —Sí, no te preocupes, solo se me ha caído un libro… pesado… —me excuso. —Te llamaré cuando esté la cena —parece que se lo ha creído. Pero hoy menos que nunca no tengo apetito. —Gracias mami —le digo. Cuando ya no se la escucha más, me dispongo a juntar todo el dinero del suelo. Parece mucho, la verdad. Ya en mi cama, con paciencia y dedicación me pongo a juntar los billetes de a cien y de cincuenta. Hago montoncitos con las monedas. Ay, carajo… Con lo que tengo ahorrado no llego a cubrir ni la cuota del mes de la facultad, menos la hipoteca. He liquidado a mi pequeña cerdita en vano. Me pondré a llorar. Una llamada entra a mi celular. La cara graciosa de Raúl en toda la pantalla me dice que es él. Contesto. —Todos están hablando de tu proyecto… —me dice contento. —Me lo imaginaba… —digo algo pesimista, pero en realidad ya ni me acordaba del Duke al desnudo. —¿Qué te pasa? —pregunta él, me conoce a la perfección y se da cuenta que me sucede algo—. Suenas deprimida. Contengo el llanto y le digo. —No sabes… —gimoteo—, pero acabo de romper a mi pequeña cerdita… y me quiero morir. —¿Se volvió a caer de nuevo? —No, esta vez fui yo la que la dejó caer… —¿Por qué? —Necesito hablar contigo… estoy deprimida. Maté a la pequeña cerdita y fue en vano… —Espera… no te estoy entendiendo. Salgo para allá. —Ok. Mis lágrimas caen a mares. Raúl ha colgado, y yo me suelto a llorar como una nena, pero debo contenerme, y me tapo la boca, no quiero que mi mamá me escuche y me encuentre en este estado. Maté a mi pequeña cerdita en vano. No me perdonaré nunca. Raúl, cabellos oscuros y lisos, anteojos al estilo Harry Potter, oh, sí. Nada más que Raúl es menos tímido y más gracioso. Mi amigo llega en menos de media hora. Ha dejado su carro a la vuelta para no llamar la atención de mis papás. Es lo que hace siempre que viene por la noche, aunque ahora mismo son un poco más de la una de la tarde. De manera que toca la puerta y entra de forma oficial. Escoltado por mi padre toca la puerta. —Tienes visitas —me dice papá. —Hola Raúl —lo saludo yo, toda enrojecida. Mi papá ha visto a mi pequeña cerdita en el suelo y el dinero sobre mi cama, y rápidamente entiende todo lo que ha pasado. No dice nada, nunca lo hace, de forma que se va dejando la puerta de mi habitación abierta para que no nos creamos que podemos hacer cosas prohibidas. Hola papá, ya somos adultos… Al vernos a solas, Raúl va hacia el cadáver de mi pequeña cerdita y trata de rescatar las piezas pero resulta imposible. —Diablos… —dice él, mirándome a la cara— ¿Qué está pasándote, Bell? Le cuento de pe a pa todo el asunto de las deudas al banco, él me escucha en silencio y sin interrumpirme. —Mierda… —suelta al final. —Mierda… mucha mierda… —agrego yo algo abatida y depresiva. —Y yo pensando que estabas mal por lo que se dice de ti en la… Le miro y se da cuenta que era mejor que se mantuviera callado. —Termina de decirlo… —insisto. No tiene salida, sabe que no le dejaré en paz hasta que lo haga. —Que te has convertido en el juguete de los Loundland… —suelta una risilla nerviosa. —No sé de dónde sacan eso pero está lejos de ser verdad. ¿Qué? ¿Te lo has creído tú? Raúl me mira algo culposo. —No, no… sé que no caerías tan bajo… con la fama que se gastan… —dice él manteniéndose tranquilo—. Aunque un poco sí, lo admito, pero ahora sé lo que te está pasando… —Lo único que me faltaba era que anden inventándose tonterías… —Lo sé, sé que no eres como las otras chicas que pisan el palito… y caen rendidas por los hermanos de Minna. —Yo solo conozco a uno, a Duke y me parece un ególatra infame… y lo odio… —pero no es un buen momento para que ande recordando eso. Sé que necesito distraerme, ya que no puedo ayudar con mis ahorros, debería pensar en buscar un trabajo. —¿Sabes de un negocio que busque personal? —Eres artista, no empleada… —De artista me muero de hambre… además ya no creo que deba asistir a clases, no tiene sentido si no puedo pagar el mensual… —Si pudiera ayudarte con algo pero sabes que no puedo… —dice meditativo. —No es necesario que lo digas… Ahora sus ojos se ven vivos, como si acabara de recordar algo importante. —¿Y si intentas en el Profriends? ¿Lo conoces? —Ni idea. Raúl abre mi notebook y lo escribe en el buscador. —Ahí lo tienes. Cuéntales lo que pasa y puede que alguien te ayude… Ve mi cara de incredulidad. —Sé de casos de personas que han solicitado ayuda y han tenido resultados. No te cuesta nada probar —me dice para convencerme. Sé que trata de ayudarme y solo por eso me abstengo de emitir mis pensamientos en voz alta. —Me lo voy a pensar —le digo aunque no creo que funcione. —No pierdes nada. —Bell, la pizza ya está… —grita mi mamá desde abajo— ¿Raúl, te quedas a comer? —Tengo que verme con Dany. Raúl se despide de mis papás y se marcha, yo no tengo apetito y habría preferido ir a dar una vuelta por ahí. Una media hora luego, subo a mi cuarto. A un rincón de mi cuarto ha quedado Duke al desnudo, y yo me pongo a juntar las piezas de mi pequeña cerdita y las guardo en una caja de calzados. Los billetes y monedas van con ella, o con lo que queda de ella. La pantalla de mi notebook me ilumina lastimándome los ojos. El foro ProFriends tiene más de quinientas personas conectadas, le doy una rápida mirada. Hablan desde política, religión, y temas irrelevantes. No pierdo nada en intentar. Me creo una cuenta y en donde pide Nickname escribo. Conejita Mojadah. Y luego de aceptar todos los permisos que pide el foro, al fin puedo acceder a mi primer post. Me presento y luego voy al grano: “¡Ayuda! Pronto mi casa y el negocio de mi familia pasará a manos de los bancos. Necesito de alguien de buen corazón que pueda ayudarme con esto. A cambio juro que haré lo que me pida. Soy Conejita Mojadah69.” Releo lo que acabo de escribir. He sido algo directa y espero que alguien pueda ayudarme, la esperanza es lo último que muere, ¿o no? Me quedo mirando absorta a la pantalla. Segundos pasan y nada. Díez minutos. Nada. Una hora. NADA Bien, debo asumir que Raúl se equivocó. Nadie puede ayudarme. Me tumbo en la cama sintiendo un gran vacío en el alma. Debería comenzar a despedirme de estas paredes. De mi cama. Mi celular vibra. Es señal de que es una llamada entrante. Abro los ojos y caigo en cuenta que me quedé dormida. Tomo mi celular y me fijo. Es un número desconocido. —Hola —digo con la voz ronca. —¿Por qué sigues despierta, tonta? Es Duke.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD