6. Secretos develados o como me entero de la deuda de mis padres.

1051 Words
6. Secretos develados o como me entero de la deuda de mis padres. Al ver mi boceto, Cadril se queda con la boca abierta, tal parece que no esperaba que cumpliera con el proyecto y quería ponerme en grandes y rojas letras un: “ausente” e “incumplido” y ahora está que no pestañea mirando la desnudes de Luke. Que es así como la he titulado. Me siento orgullosa por mi obra. Al verla en ese estado, Raúl, mi amigo y su favorito se acerca y mira el motivo de su estado. Alza las cejas, y afirma con la cabeza. —¡Wou! ¡Wou! —Suelta al ver el detallado boceto del desnudo que hice— ¿Viste que tenía razón? Lo hiciste de maravilla. Al escuchar al número uno, al más habilidoso del grupo, al favorito de Cadril, al que tiene el futuro arreglado gracias a ella, todos los demás dejan sus asientos y vienen a husmear mi proyecto. Cientos de ojos… okey, okey, no, pero al menos quince pares de ojos miran y buscan algún defecto que puedan resaltar de mi obra, pero no encuentran nada, porque es perfecto, al igual que Luke, al menos por fuera. Y entre los quince pares de ojos, está Minna. Oh, no… eso no me lo esperaba. Ella se acerca y se queda mirándolo detenidamente de pies a cabeza. —Este es Duke —suelta con seguridad y me mira a los ojos como si supiera lo que ha pasado en su casa y con su hermano. Me muerdo los labios. —Supongo que ya caíste a sus pies —deduce sin importarle que todos la escuchen—. Así que se lo diré. Le va a entrar curiosidad. Oh, no, no, no lo hagas, no se lo cuentes, intenta salir por mi boca pero me mantengo callada. Raúl y todos, incluidos Cadril me miran. Yo sonrío tontamente. Pero eso no va a menguar mi felicidad. Cadril se pone a escribir algo en su blog de nota que es donde deja constancia de los aciertos y fallos de sus estudiantes. —Buen trabajo Flowers. Espero que desde ahora pueda verla a menudo en clases y sin falta. Se retira de una de mi espacio y pasa al trabajo de otra, pero Minna no se ha movido un solo centímetro de su lugar. —Por tu bien, apártate de Luke —me dice con un aire apático y vuelve a su lugar. Se siente como si acabase de perder su repentina amistad, pero eso tampoco va a menguar mi alegría… Aunque me siento como si fuera la peor persona del mundo en este momento. Abatida por sus palabras y ese repentino sentimiento guardo mi proyecto rápidamente y tomo mis cosas con la sola idea de largarme. Pero ya estando en medio del pasillo me retracto. —Maldita sea… no debí salir de esta forma como si fuera culpable de algo… Pero no tengo ganas de volver. No cuando todos me vieron marcharme, incluida Cadril. Con los hombros caídos me dirijo hacia la puerta de la facultad. Llego a casa dos horas antes, los lunes El Mondo permanece cerrado, porque en algún momento mis padres deben descansas, ¿o no? En la sala hay murmullos. Como no esperan que regrese sino hasta después de la una, ellos hablan libremente, y lo que voy escuchando no es una conversación amable, como ellos son, sino todo lo contrario. Ellos discuten. No recuerdo la última vez que los escuché en una discusión… Aquí hay gato encerrado. Voy a husmear. Mi mamá está de espalda, lleva el mandil para cocinar, tiene un cuchillo en la mano y en la otra un pimentón rojo. —Tenemos tres de meses de atraso. No nos perdonarán otro mes. Y papá está sentado en la mesa, con un vaso de agua en la mesa y el periódico en las manos. —Ya tenemos hipotecada la casa. No sé qué más hacer. —Lo perderemos todo —replica mi mamá con un tono desesperado. —No podemos pagar un mes más de la universidad. Tendrá que abandonar. —No eso no. —Solloza mi mamá dejando a un lado el cuchillo—. Antes prefiero morir de hambre que dejarla sin un futuro. —Estamos a un paso de eso… No puede ser cierto todo lo que acaban de decir. Mi padre se ha dado cuenta que estoy aquí y que los escuchado. —Vamos hija. No te quedes en la puerta —me dice él. Mi mamá se gira secándose los ojos. —¿No hubo clases? Estoy preparando pizza… —ella trata de sonar que está bien pero tiene la cara enrojecida, señal de que ha estado llorando. —Los escuché. ¿Por qué no estaba enterada? —les digo como si al saberlo cambiaría todo. —Son asuntos de adultos. Vete a tu cuarto, por favor —me responde mi papá. —Ya tengo veinticinco años… —le digo y tomo los papeles que hay sobre la mesada—. No soy una adolescente. —Son documentos de bancos, y al menos diez avisos de bancos. Que El Mondo y mi casa estén hipotecados es algo que jamás esperé. Pero esos papeles del banco solicitando el pago correspondiente son la prueba de que es real. —¿Por qué no lo sabía? —siempre tuve tiempo libre, podía ponerme a trabajar y ayudar de esa forma. Ninguno de los dos me dice nada. —¿Es que soy invisible para los dos? —No hija, solo que no queríamos meterte en estos asuntos… en este último año las ventas han bajado, con la remodelación y la suba de impuestos no cubrimos todos los gastos… tuvimos que hipotecar la casa… para no fallar, pero las cosas no están saliendo como esperábamos. —¿Perderemos El Mondo? —les pregunto de una. Siento que me salgo del cuerpo. —No solo El Mondo —contesta mi padre. Me voy a mi cuarto para no desmayarme frente a ellos, siento que he vivido dentro de una gran mentira. Ya ni la alegría de mi boceto supera lo que estoy sintiendo ahora mismo. Perderemos El Mondo y mi casa y no sé a dónde vamos a parar, ni qué será de nosotros.
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