4. Duke Loundland eres un infame.

1046 Words
4. Duke Loundland eres un infame. ¡Ay carajo! Es que no puedo hacerlo. Darlas por perdidas a mis últimas copias de llaves de El Mondo y de casa, es que no puedo perderlas. Me detengo y respiro hondo para mantenerme cuerda. Al menos traigo en mis manos el celular, al celular sí que no me lo dejo por ahí, ni muerta, es como dice mi mamá cuando se queja de lo distraída que soy, ella siempre anda diciéndome que puedo olvidarme de todo, pero de seguro del celular no, que parece que lo tengo pegado en la mano, y al parecer, es un don que tengo. Debo llamar a Minna para que me haga el favor y vaya por mi bolso, aunque antes tendré que comerme sus comentarios y asunto solucionado, al menos eso espero. Marco a su número. —Hola. Rayos, no es Minna, el que saluda tiene una voz grave, sensual y masculina. Así que este debe ser Duke, y así se le escucha su voz por celular. Me esfuerzo por sonar bien, que sepa que no me ha pasado nada. —Quiero hablar con Minna –le digo con un tono neutro, al igual que él. —Mi hermana está ocupada –contesta de lo más pancholín, como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Eso me perturba. —Llamaré luego –le digo queriendo colgar ya mismo. —Como quieras. —¡Quiero mi bolso…! —me apresuro a decirle—. Lo dejé olvidado en tu jardín. —Uhm. Vuelve por él. —Es que no puedo… —me muerdo los labios, sé que no debí sonar ansiosa y menos con él. Y ahora hace una larga pausa. Una pausa infernal. —¿Quieres que te lo lleve? —me propone de la misma forma impersonal y desinteresada que antes. —Sí —le digo, porque claro que sí que quiero, y no voy a desaprovechar la oportunidad de tener de vuelta mi querido bolso. Ahora, si él fuera otra persona ya le estaría suplicando y dándole besos en la cara para que me hiciera el favorcito, pero como es él, y luego de lo que ha pasado me abstengo. —¿Y por qué haría algo así? –suelta de repente. Mi respiración agitada es lo único que se escucha entre los dos. —Porque… —trato de explicarle todos mis millones de motivos pero si lo hago temo que sea capaz de colgarme—. De lo contrario me quedaré en la calle hasta que lleguen mis padres. Bien, ya se lo dije. Solo espero que ahora me traiga mí preciado bolsón y nunca más sabrá de mí y no tendré que volver a hablarle. Me sacaré este día de la cabeza. Me diré que jamás pasó nada con Luke Loundland y volveré en un dos por tres a la normalidad. —Okey… te lo llevaré —dice al fin. No esperaba que aceptara. Quiero dar brincos de alivio, pero debo sonar igual de desinteresada que él. —Estoy… —me fijo bien—. En la puerta de tu casa. Unos minutos después, los que me parecen una eternidad, ahí lo veo acercarse. Se ve tan sexy, tan papacito lindo sin remera, que me mojo de nuevo de solo verlo. —Toma tu bolso —me lo alcanza y quiero abrazar mi bolsón pero no deja que lo tome—. Pesa mucho. ¿Qué llevas adentro? No sé lo que intenta hacer pero me sonríe y ahora parece un ángel. No puedo dejar de verlo, es como si lo que ha pasado hace menos de una hora, hubiera quedado en el olvido. —Uf, toda mi vida… Gracias —le digo ahora tratando de no mirarle a los ojos, y con muchas ganas de darme la vuelta y marcharme para siempre de su casa y de su vida. Me vuelve a alcanzar mi bolso y yo trato de tomarlo. —Epa… —me dice con ese tono malicioso—. No es gratis. Yo dije que te lo traería y eso me costó tiempo y energía. ¿Cómo piensas pagarme? ¡Ja! Está demente si piensa cobrarme. —Los favores no se hacen por interés. Si querías un intercambio podrías habérmelo dicho antes. Dame mi bolso. Duke me mira con insistencia, y siento que igual no puede dejar de hacerlo. —Está bien, está bien… —mueve sus manos, con mi bolso en su mano derecha—, pero aun así no te lo daré. A menos que me lo agradezcas con un beso —me señala con su mano libre sus labios. Mira nada más, no se conforma con haberme casi desnudado en su jardín y ahora viene con esas pretensiones… ¿Beso? ¿Con lo que me ha hecho no le ha bastado? No sé si ponerme a llorar o reír como bipolar. Ahora me pide un beso. Solo míralo nada más… es ardiente… Okey, no soy fuerte, lo admito, y admito también que deseo besarle a pesar de lo de antes. —Está bien —respondo y tímidamente me acerco rápidamente y le doy un beso. Él se ríe de mí con la misma malicia de antes. Bien hecho, le has dado más de qué burlarse de ti. Me lo merezco. —Eres más tonta de lo que pensaba. Besas mal y a quien sea. Toma tu porquería —me alcanza mi bolso con torpeza y se va de regreso hacia el fondo de su casa. Yo me quedo con la cara desencajada. ¿Qué acaba de pasar? Me ha llamado tonta de nuevo, ha dicho que beso mal… y además, a modo de broche de oro me ha dicho que soy una puta. Quizás lo sea, pero él es un infame y lo odio. ¿Que se ha creído? Ni de cerca es el único hombre en el mundo. ¡Hay cientos de hombres atractivos en esta ciudad! Por ejemplo… ehmm, ejemmm… están los de las revistas de playboy o los de las películas que pasan en Netflix o en el cine. Y estoy segurísima de dos cosas: que nadie ni siquiera Brad Pitt le gana en pedante y ególatra y que nunca más confiaré en él. Duke Loundland es un infame.
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