18. No te irás, Bell. —No necesitas ir a ninguna parte —dice lleno de una seguridad que me ofende. ¿Y eso? Tú qué sabes, quiero decirle pero no voy a ser grosera con él, no puedo, ya voy dándome cuenta de que esta situación es como tener las manos atadas, el miedo a que se enfade y que decida anular los pagos de las hipotecas me tiene con los nervios de punta. De repente Drake se aparta abruptamente de mí, como controlándose a sí mismo de sus impulsos más bajos, que le dicen que no me escuche, que me haga lo que le nace hacer conmigo. Debo aprovechar su momento de debilidad. —Sé amable y llévame a casa —insisto de la mejor manera que tengo. Una sonrisa amistosa y un sutil coqueteo que puede hacerle ablandar el corazón, si es que tiene uno. Drake me ha puesto toda su atención. Ahora me

