Vínculo
En la penumbra del pasillo que conducía a sus habitaciones, Drage trató de calmar su pulso. El recuerdo del primer contacto con Leoni aún ardía en su pecho, invadiendo cada rincón de su ser con una mezcla de emociones intensas y contradictorias. Cuando finalmente llegó a la puerta, ya había recuperado una expresión de control calculado, pero apenas cruzó el umbral, la mirada de Kavan lo atravesó como una flecha.
- Hermano… tus ojos. Están... brillando.
Drage se detuvo, exhalando lentamente, tratando de recuperar la calma. Sabía que el vínculo con su compañera había dejado una marca visible en él, una que sus hermanos de sangre no tardarían en notar. Su mirada ardiente y su porte tenso dejaban claro que algo importante había cambiado.
- ¿Le has visto? - preguntó Thalias en voz baja, con el rostro teñido de preocupación y curiosidad.
Drage asintió, sin entrar en detalles. Aún no estaba listo para compartir lo que había sucedido, lo que ambos habían experimentado con ese primer beso. Su cuerpo estaba consciente de cada parte de ese vínculo, cada pulso que parecía sincronizarse con el de ella. No obstante, ahora no era el momento para detenerse en esos pensamientos; debía prepararse para la cena con el rey y mantener la fachada, aunque cada fibra de su ser se rebelara ante la idea de seguir fingiendo.
- ¿Está bien? - preguntó Kavan.
- La golpearon. Esos humanos la azotaron... - su voz sonó ronca y peligrosa.
- Mantente enfocado, hermano...Necesitamos más tiempo - pidió el dragón azul.
- No es fácil... - siseó - Quería sacarles la cabeza.
- Lo sabemos... - coincidió Kavan al pensar que si alguien tocara a su compañera él tampoco se quedaría quieto. Admiró la fuerza de su hermano mayor - Debes cambiarte, nos vendrán a buscar pronto...
Con ayuda de Thalias, Drage cambió sus ropas, ajustando la corbata oscura y el abrigo que le conferían el porte de un comerciante extranjero. Su mente continuaba dividida entre el deber y el deseo de regresar junto a Leoni, pero apenas se giró para mirar a sus compañeros, la seriedad en sus miradas le recordó del peligro en el que todos se encontraban. Por la seguridad de ella y de todos, tenía que dominarse.
Los guardias llegaron para escoltarlos hasta el comedor y el grupo caminó por los largos pasillos con paso firme y cauteloso. Al llegar, notaron a varios sirvientes y al consejero del rey, quien observaba sus movimientos con suspicacia. Las grandes puertas se abrieron para ellos, revelando una extensa mesa rodeada de sillas de respaldo alto, decorada con una opulencia que rozaba lo ridículo. Los candelabros de bronce colgaban sobre la mesa, proyectando sombras danzantes en las paredes.
Drage y sus acompañantes fueron dirigidos a sus asientos cerca de la cabecera y, mientras él se acomodaba, algo en el ambiente hizo que su pecho se tensara.
Justo cuando estaba por levantarse para observar mejor la distribución del salón, las puertas se abrieron una vez más. Esta vez, una figura delgada y tensa entró acompañada de un hombre con un uniforme lleno de emblemas, el general Colton, cuya expresión arrogante irradiaba un aire de autoridad y desdén.
Drage apenas pudo contener el escalofrío de ira y angustia al ver a Leoni. La joven caminaba erguida, con la barbilla levantada y la mirada firme, pero sus pasos eran cautelosos y su cuerpo emanaba un aura de agotamiento y dolor. Llevaba un vestido ajustado, evidentemente al estilo del reino de Sax, pero su rostro revelaba la incomodidad que sentía en aquellas ropas.
- Milord... - llamó Thalias a Drage para que volviera a sentarse y el dragón pestañeó varias veces para lograr enfocarse en ellos y obedecer.
El general Colton condujo a la princesa hacia la mesa, colocándola justo frente a Drage. Por un instante, sus miradas se cruzaron y Drage pudo percibir en sus ojos un rastro de reconocimiento, una conexión que ambos compartían, aunque ahora disimulada por la tensión de la situación.
Antes de que pudiera reaccionar, el rey entró al salón. El hombre corpulento, vestido con una túnica de color carmesí y dorado, adornada con pesadas joyas que tintineaban con cada paso que daba caminó hacia su silla. Su sonrisa burlona se ensanchó al ver a Leoni sentada y, sin reparo alguno, le palmeó la espalda con brusquedad. Ella intentó mantenerse estoica, pero el dolor fue evidente en su rostro y un leve siseo escapó de sus labios.
Drage sintió cómo la rabia hervía en su interior. Las manos le temblaban ligeramente debajo de la mesa y sus ojos oscuros comenzaron a brillar con una intensidad peligrosa por lo que tuvo que desviar la mirada hacia su hermano tratando de controlarse. Antes de que pudiera moverse, Thalias y Kavan, quienes lo observaban con cautela, actuaron rápidamente. Sus manos se posaron sobre sus brazos por debajo de la mesa, ejerciendo la suficiente presión para mantenerlo en su lugar.
- Control, hermano - susurró Kavan, apretando su brazo discretamente.
Drage asintió con dificultad, pero su mirada permaneció fija en el rey con los músculos tensos como si estuviera a punto de lanzarse sobre él. Apretó los dientes, conteniendo el rugido que amenazaba con escapar de su pecho. Su instinto le gritaba que debía proteger a Leoni, alejarla de aquel hombre y de todos los que la habían herido. Sin embargo, comprendía que ceder a ese impulso podría comprometer no solo su misión, sino también la seguridad de todos los que lo acompañaban.
El rey pareció ignorar la incomodidad de Leoni y se dirigió a Drage y sus compañeros con una sonrisa que pretendía ser afable, aunque claramente llena de desdén.
- Me alegra ver que aceptaron mi invitación a esta humilde cena. Estoy seguro de que tendremos una noche… interesante.
Drage asintió con una leve inclinación de cabeza, manteniendo la apariencia de calma y cortesía, aunque sus ojos apenas se apartaban de Leoni. Ella evitaba su mirada, aparentemente concentrada en un punto vacío en la mesa, aunque él podía sentir la tensión en sus hombros, el ligero temblor de sus manos que revelaba el dolor que intentaba ocultar.
Mientras los sirvientes comenzaban a traer los primeros platos, el rey continuó hablando, relatando con despreocupación los logros de su reino y alabando la fuerza de su ejército. Su tono estaba lleno de orgullo, pero Drage percibía en sus palabras la clara intención de impresionar a sus invitados, especialmente a él y a Kavan.
- Dicen que los dragones son criaturas legendarias, seres de gran poder - comentó el rey con una sonrisa astuta, observando a Kavan y Drage con ojos evaluadores - Sin embargo, he visto con mis propios ojos que incluso las leyendas pueden ser domadas, ¿Verdad? El mismo emperador de Alcea mató a un dragón...
Drage mantuvo la calma, respondiendo con un leve asentimiento y una mirada fría. Kavan, por su parte, sonrió levemente, como si las palabras del rey no fueran más que el murmullo de un insecto.
- El poder reside en quién sabe cómo usarlo, Majestad. - respondió Drage finalmente, con una voz firme pero carente de emoción, dejando claro que no se dejaría intimidar tan fácilmente.
El rey soltó una risa seca, sin comprender del todo la sutileza en las palabras de Drage. Se limitó a asentir, aparentemente satisfecho y continuó hablando con sus consejeros, despreocupado. Drage aprovechó para lanzar una mirada rápida hacia Leoni, tratando de transmitirle una promesa silenciosa. Sabía que debía actuar con prudencia, pero también estaba decidido a encontrar una forma de liberarla de aquella situación.
Thalias, sentado a su lado, lo observó en silencio, como si pudiera leer cada pensamiento en su mente. Le dio un leve apretón en el brazo, recordándole que no estaban solos y que debían ser pacientes.
- Resiste, maestro. - murmuró Thalias en voz baja - Pronto habrá una oportunidad.
Drage asintió, conteniendo el impulso de hacer algo drástico. Sabía que la paciencia era su única opción en ese momento, aunque cada segundo en aquel salón se sentía como una prueba de fuego y los dragones tenían problemas con la paciencia y las pruebas.