El mismo día Texas Damien Fue horrible. Fue como sentirme atrapado en la escena de un crimen cuando Sabrina irrumpió en la oficina, como si alguien hubiera encendido las luces demasiado pronto. Pero todo dependía de un segundo. Uno solo podía hundirme o salvarme. Y no se trataba únicamente de estar acompañado de otra mujer, sino de todo lo que se desataría si llegaba a verle el rostro. Me tensé al instante, pero no le di espacio. Ni un centímetro. Fui cortante, rudo, deliberadamente grosero. Cada palabra buscaba empujarla hacia la puerta, marcar territorio, dejarle claro que no era bienvenida. Su mirada, sin embargo, reflejaba frustración. Y algo más peligroso: orgullo herido. Aun así, parecía convencida de que yo terminaría cediendo. El silencio se volvió espeso, cargado de rabia con

