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Hasta que me Olvides

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Blurb

Cinco años después de un accidente que borró su pasado, Elena Vaughn regresa a Dallas sin saber que el hombre que la observa desde las sombras fue una vez su gran amor.

Él la creía muerta. Ella no recuerda haber vivido.

Entre alianzas de poder, silencios y verdades ocultas, un amor olvidado vuelve arder…aunque recordar podría ser lo más peligroso de todo.

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Un eco del pasado
Actualidad Londres Elena Vaughn Todavía recuerdo aquel lluvioso día en que desperté en un hospital rodeada de rostros desconocidos que me hablaban en un idioma que ni siquiera entendía. Estaba desorientada, con el cuerpo cubierto de moretones y fracturas, y lo peor de todo era no saber quién era. Había perdido la memoria tras el accidente, y entre la angustia y el miedo, ni siquiera las palabras de consuelo del médico aplacaban el dolor de sentirme perdida: —Está viva por la gracia de Alá —dijo el médico, con un tono sereno—. Lo demás, puede esperar. Fue horrible por días permanecer internada en un hospital de Marruecos, esperando una señal de la policía, de alguien que me buscara, que recordara que existía. Pero nadie vino, solo la certeza absoluta de que abrazaba la oscura soledad. Hasta que una mañana apareció Graham Sterling. Recuerdo su voz antes que su rostro: firme, serena, como si el mundo entero se calmara solo al escucharlo. Después vinieron sus ojos azules, fríos pero atentos, de esos que observan más de lo que uno dice. El cabello castaño, siempre perfectamente peinado hacia atrás, y ese aire de control absoluto que lo rodea, mezcla de elegancia y poder contenido. Fue él quien me dio un nuevo comienzo, una identidad, un trabajo, una vida. Desde entonces, todo lo que soy pertenece de algún modo a él. A este punto de mi vida no sé si estoy con él por gratitud, porque es más fácil dejar atrás las preguntas que viven atormentándome. Porque no quiero sentirme vacía, menos estar sola. Pero de vez en cuando algo en mi interior grita en silencio: ¿Qué haces? ¿Por qué seguir la corriente? ¿por qué pretender que quieres estar a su lado? ¿Crees que él pueda hacerte feliz? A veces pienso que morí aquella noche y que la mujer que despertó en Marruecos solo aprendió a sobrevivir, a guardar las cenizas del eco del pasado, a sentirse a salvo en esa burbuja que él construyo, pero el frío en mi alma sigue cómo una constante que no sé adormece. Y aunque no recuerdo mi vida anterior, hay destellos que regresan sin aviso: un piano, un perfume que no reconozco, una voz que me llama por un nombre que no es el mío. Es un silencio cruel que está instalado en mi mente y eso cómo duele. Aun así, la vida continua, sigue su ritmo, donde intento encontrar mi lugar. Como ahora que estoy aquí, en la sala de juntas de Sterling Global, en plena reunión de trabajo, cerrando una negociación de millones de euros. Observo al señor Hanz Schmidt revisar las cláusulas de los documentos. Finalmente levanta la mirada, y su voz rasga el aire con un tono de desafío: —Elena, ajustaste los porcentajes, pero aún necesito al menos dos meses para no afectar mis inversiones. —En dos meses los certificados no valdrán ni la mitad de lo que pretende obtener ahora —respondo sin titubear—. Y sabe que cualquier maniobra conlleva riesgos. Pero si no le interesa, señor Schmidt, hasta aquí llegamos. Cierro la carpeta con un golpe seco. Y entonces, sin saber cómo, las palabras en alemán salen solas de mi boca: —Auch ein blindes Huhn findet mal ein Korn. El silencio dura un segundo, hasta que Hanz sonríe, divertido. —¿Y yo soy la gallina que encontró el grano de maíz? —pregunta con un tono divertido. Trago saliva e intento mantener la compostura. —Lo siento por eso… solo recordé esa frase —me disculpo, aún desconcertada. Él asiente, todavía sonriendo. —Tienes un nuevo cliente, Elena. No me falles. Firma los documentos, y la reunión termina, pero sigo inmóvil unos instantes, procesando lo ocurrido. Hablé en alemán… pero yo no sé hablar alemán. Tal vez en el pasado viví allí, o trabajé con alguna empresa alemana. Quizás mi mente, por alguna razón, aún intenta protegerme de lo que olvidé o empieza a desempolvar recuerdos. El golpe en la puerta de mi oficina me saca del trance. Ahí está Paul Miller, uno de los socios de la empresa, con su sonrisa fingida y su aire de superioridad que no se molesta en ocultar. —Elena, debo admitir que no esperaba que cerraras la negociación con Hanz, pero lo conseguiste —dice con esa voz empalagosa que tanto me fastidia. —Como todo lo que me propongo —respondo, cortante. —Diría que fue un golpe de suerte que supieras hablar alemán —insiste con desdén—. ¿Por qué no lo mencionaste antes? —Ni yo lo sabía —respondo en un hilo de voz. Él se encoge de hombros, como si nada importara. —Sea como sea, Hanz es un cliente importante y nos abrirá nuevas puertas— señala. —Eso ya lo sé, Paul. Así que ahórrate el discurso y dime qué quieres. Paul se apoya en el marco de la puerta, confiado. —Necesito que te encargues de algo más. Una inversión importante en Dallas. Pensé en ti. Dallas. La palabra me golpea como un eco lejano, una nota que resuena en lo más profundo sin saber por qué. Siento una opresión en el pecho, como si no pudiera respirar. Parpadeo. Todo vuelve a la normalidad: los papeles, el vaso de agua que casi se me cae de las manos. —Debo hablarlo con Graham —murmuro, intentando sonar segura. Paul sonríe sin notar la tensión que me atraviesa. —Graham entenderá —dice cortante—. Además, fue idea de Evelyn. Su forma de ayudarte a desestresarte con todo el asunto de la boda. Mis labios se curvan apenas, en una sonrisa que no llega a los ojos. Evelyn nunca ha aceptado mi boda con su hermano. Siempre encuentra la manera de entrometerse, de mover piezas desde las sombras, de recordarme que no pertenezco del todo a su mundo. —Qué conveniente —suelto sin pensar. —Tus planes pueden posponerse unas semanas —añade Paul, con tono práctico—. ¿o será que no estás lista para las grandes ligas? No respondo. No puedo articular ni una palabra. Porque algo, muy dentro de mí, ya empezó a temblar, a presentir que ese viaje cambiará mi vida.

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