La misma noche Dallas Elena Sentía que vivía dentro de un sueño con los ojos abiertos, con la confusión clavada en el pecho. Pero lo peor no era no recordar, sino esas voces, esos rostros masculinos aguardando respuestas que no tenía. Dolió despertar. Dolió enfrentar esa realidad absurda de ser una página en blanco donde otros parecían haber escrito mi vida a su antojo. No saber en quién confiar, ni siquiera en lo que gritaba mi propio corazón. Y fue humillante presenciar ese enfrentamiento de machos reclamándome como si fuera un trofeo, como si lo que yo sintiera no importara. En medio de esa escena detestable, la confusión terminó por ganarme. El cansancio, el dolor de cabeza, y esos saltos de imágenes que me erizaban la piel: un auto derrapando, una voz llamándome por mi nombre, un

