(POV Liam)
Me sirvo un whisky doble.
Son las tres de la tarde.
Jamás bebo antes de las ocho, pero hoy mis manos necesitan algo que sostener que no sea la piel de Sofía Campbell.
Miro el líquido ámbar en el vaso de cristal y veo mi reflejo distorsionado.
«¿Qué demonios fue eso, Liam?»
Llevo diez años dirigiendo Blackwood Corp como una máquina. Sin emociones. Sin apegos.
Las mujeres han sido pasatiempos, distracciones elegantes para eventos de gala o noches solitarias. Nunca he permitido que ninguna cruce la barrera de mi escritorio, mucho menos la de mi control.
Pero hace veinte minutos, cuando vi a Sofía temblando en esa silla, hiperventilando porque mi imbécil tío la atacó... algo se rompió dentro de mí.
No fue lástima. No.
Conozco la lástima y la desprecio.
Fue furia.
Una ira primitiva, volcánica, que me dio ganas de saltar sobre la mesa y arrancarle la lengua a Aston por atreverse a insultarla.
Y luego, el abrazo.
Todavía puedo sentir su cuerpo contra el mío.
No era frágil; era sólida, real.
Olía a vainilla y a esa determinación feroz que me vuelve loco.
Cuando le toqué la cara, cuando limpié esa lágrima... sentí una descarga eléctrica que no había sentido ni con mujeres que doblan su belleza.
"Es un niño para ti", dijo Aston.
Me río con amargura y le doy un trago al whisky.
Si supieran. Sofía Campbell tiene más fuego y más agallas que cualquier hombre en este edificio. Su edad no me importa. Su pasado no me importa.
Lo que me aterra es que, por primera vez en mi vida, me importa ella.
Y eso es peligroso. La admiración es un afrodisíaco traicionero, y yo me estoy embriagando con él.
Un golpe seco en la puerta interrumpe mis pensamientos.
Dejo el vaso sobre el escritorio y me ajusto el saco. La máscara de hielo vuelve a su lugar.
—Adelante.
La puerta se abre y entra Aston.
Ya no parece el hombre furioso de hace un rato. Se ha acomodado la corbata, se ha peinado y trae puesta su mejor cara de "hombre de negocios razonable". Es un actor consumado.
—Liam —dice, cerrando la puerta con suavidad—. Gracias por recibirme. Creo que las cosas se salieron de control y...
—Siéntate —ordeno. No le ofrezco nada. Ni agua, ni asiento cómodo. Solo la silla rígida frente a mi escritorio.
Aston obedece, cruzando las piernas con una elegancia ensayada.
—Mira, muchacho, sé que fui duro. Quizás el calor del momento...
—El proyecto de los camiones está muerto, Aston —lo corto, mirándolo fijamente—. Y con él, se mueren tus iniciativas "milagrosas".
Aston aprieta la mandíbula, pero mantiene la sonrisa tensa.
—Solo intentaba ahorrarle dinero a la empresa.
—Intentabas llenar tus bolsillos con comisiones por debajo de la mesa —respondo con frialdad—. No soy mi padre, Aston. No voy a hacer la vista gorda. Esta es la última advertencia: Si vuelves a traerme un negocio sucio, inflado o dudoso, te saco del Consejo, te quito las acciones. Te dejo en la calle.
El brillo en los ojos de Aston cambia. El "tío amable" desaparece un segundo, revelando al tiburón acorralado. Pero parpadea y la máscara vuelve.
—Entendido, CEO. Seré más... meticuloso.
—Y una cosa más. —Me inclino sobre el escritorio, invadiendo su espacio vital—. Sofía Campbell.
Aston hace una mueca de disgusto casi imperceptible.
—Liam, por favor. Es una empleada. No vamos a pelear por...
—Es mi Directora de Estrategia —lo corrijo con voz letal—. Y es intocable.
Aston me mira, evaluando la situación.
Buscando mi debilidad.
—Vaya... te pegó fuerte, ¿eh? —dice con un tono burlón, pero ve mi expresión y se calla al instante.
—Escúchame bien, tío. Si vuelves a insultarla, si vuelves a mirarla mal, si vuelves a cuestionar su capacidad frente a mi equipo... no solo te despido. Te dejare sin el cheque tan sustancioso que te llega cada mes por amabilidad mia por ser mi tío ¿Fui claro?
El silencio se estira entre nosotros, tenso y venenoso.
Veo los engranajes girando en la cabeza de Aston. Veo el odio puro, destilado y n***o, burbujeando detrás de sus ojos grises. Veo los celos de un hombre que odia tener que obedecer a su sobrino.
Pero Aston es un superviviente y claro que conozco esa parte de él. Sabe cuándo ha perdido la batalla.
Se pone de pie despacio, se alisa el saco y me ofrece una reverencia exagerada, casi teatral.
—Como tú digas, Liam —dice con voz suave, demasiado suave—. Tú eres el Rey. Sofía es intocable. Entendido.
— Vete tío, tengo cosas que hacer.
— Claro mi CEO.
Aston camina hacia la puerta. Antes de salir, se detiene y me mira por encima del hombro.
—Solo ten cuidado, sobrino. Las mujeres "brillantes" a veces queman cuando te acercas demasiado. No digas que no te lo advertí.
Sale y cierra la puerta.
Me quedo mirando la madera oscura, sintiendo un escalofrío que no tiene nada que ver con el aire acondicionado.
Aston ha aceptado mis órdenes, sí. Pero esa mirada final...
Esa no era la mirada de un hombre derrotado.
Era la mirada de un depredador que acaba de descubrir dónde está la yugular de su presa.
Sabe que Sofía es mi punto débil.
Acabo de ponerle un blanco en la espalda al intentar protegerla.
Tomo el vaso de whisky y lo vacio de un trago. El líquido quema, pero no tanto como la certeza de que la guerra dentro de Blackwood Corp apenas acaba de comenzar.
Y Aston Blackwood sin duda alguna tratará de jugar sucio.