Solo Liam.

852 Words
[POV Sofía] El silencio en la sala de juntas ya no es asfixiante. Es denso, sí, pero de una manera diferente. Cargado. Eléctrico. ​Poco a poco, mis temblores cesan. El calor del cuerpo de Liam ha funcionado como un ancla, evitando que mi ansiedad me arrastre mar adentro. Él se separa milimétricamente. Lo suficiente para romper el abrazo, pero no lo suficiente para dejarme ir. Sus manos grandes siguen sujetando mis brazos con firmeza, como si temiera que si me suelta, me voy a romper. ​Levanto la vista. Mis ojos se encuentran con los suyos, que siguen oscuros por la furia reciente, pero que ahora me miran con una intensidad que me quema la piel. ​—Perdón... —susurro, intentando apartarme, avergonzada por mi debilidad—. No debí... no es profesional. ​Liam no me suelta. Al contrario, aprieta suavemente su agarre. —No te disculpes por tener sangre en las venas, Sofía. ​Su voz es grave, rasposa. Suelta mi brazo derecho y, con una lentitud deliberada, levanta la mano hacia mi rostro. Me tenso, esperando que se detenga, pero no lo hace. Con el pulgar, limpia una lágrima traicionera que se había escapado por mi mejilla. El contacto de su piel contra la mía es fuego puro. ​—Escúchame bien, porque no lo voy a repetir —dice, clavando su mirada en la mía—. Aston es un imbécil que vive en el siglo pasado. Lo que dijo... esa basura sobre tu edad... ​Me estremezco. Quiero bajar la mirada, pero él me toma del mentón y me obliga a verlo. ​—Mírame. Obedezco. ​—Él te llamó vieja como si fuera un insulto. —Liam niega con la cabeza, una sonrisa triste y amarga curvando sus labios—. Pobre diablo. Está tan ciego que no distingue la decadencia de la excelencia. ​—Tengo catorce años más que tú, Liam —la frase sale de mis labios antes de que pueda detenerla. Es mi inseguridad hablando, la voz de David, la sombra de Zoe—. Podría... ​—Podrías enseñarme todo lo que me falta por aprender —me corta tajante—. Esos catorce años no son un peso, Sofía. Son tu armadura. Son la razón por la que viste lo que nadie más vio en esos balances. Son la razón por la que tienes esa fuerza que me intimida hasta a mí. ​Se acerca un paso más. Ahora estamos peligrosamente cerca. Puedo ver las motas doradas en sus ojos miel. ​—Cuando Aston te mira, ve un número. Cuando yo te miro... —Su voz baja a un susurro íntimo, ronco—. Yo veo a la mujer más brillante que ha pisado este edificio en décadas. Veo inteligencia. Veo una belleza que esas niñas de veinte años que contrata Recursos Humanos ni siquiera pueden soñar con tener, porque la tuya viene de haber sobrevivido al infierno y salir caminando en tacones. ​El aire se me atora en la garganta. Mi corazón late tan fuerte que duele Nadie, nunca, me había hablado así. David me decía que era "linda" o "buena madre". Liam me dice que soy brillante y sobreviviente. ​—No eres una "arribista", Sofía —continúa, su pulgar acariciando mi pómulo distraídamente—. Tú no necesitas mi dinero. Tú generas tu propio oro. Y sobre lo otro... ​Se detiene un segundo. Su mirada baja a mis labios y luego sube de nuevo a mis ojos, cargada de una honestidad brutal. ​—Aston dijo que eres "demasiado grande" para mí. Que eres mucha mujer para un "niño". —Suelta una risa corta, sin humor—. Quizás en eso tenga razón. Quizás yo sea el que no está a tu altura. ​—Liam... —mi voz es un hilo. ​—Gracias —dice, soltándome el mentón pero sin alejarse—. Gracias por dejarme conocerte. Gracias por ser valiente. Gracias por quedarte a pelear a mi lado cuando podrías haber salido corriendo. ​Me quedo paralizada, absorbiendo sus palabras como la tierra seca absorbe la lluvia. Es un bálsamo. Cada sílaba cura un poquito de la herida que dejaron David y Zoe. Me siento vista. Me siento valorada. Me siento... mujer de nuevo. ​Liam respira hondo, rompiendo el hechizo, y da un paso atrás. Se pasa la mano por el cabello, recuperando su compostura de CEO, aunque sus orejas están ligeramente rojas. ​—Ahora —dice, aclarándose la garganta y ajustándose el saco—, lávate la cara, Sofía. Tenemos una empresa que dirigir. ​Sonrío. Una sonrisa real, temblorosa pero genuina. Me siento más alta. Más fuerte. —Sí, señor Blackwood. ​Liam se detiene en la puerta antes de salir. Me mira por encima del hombro, y por primera vez en tres meses, me guiña un ojo. —Solo "Liam" cuando no haya nadie, Campbell. Sale de la sala. Me quedo sola, tocándome la mejilla donde su dedo dejó un rastro de fuego. Aston quería destruirme. Pero sin saberlo, acaba de hacerme invencible.
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